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| 11/20/1989 12:00:00 AM

LAS CALLES DE SAN FRANCISCO

Despues del terremoto de 6.9 grados en San Francisco, los clentíficos afirman que lo peor está por llegar.

LAS CALLES DE SAN FRANCISCO LAS CALLES DE SAN FRANCISCO
Todo el mundo estaba preparado. Faltaban 26 minutos para que el umpire cantara el playball y comenzara el tercer juego de la Serie Mundial de béisbol, entre los atléticos de Oakland y los Gigantes de San Francisco. La confrontación deportiva entre estas dos ciudades, separadas por un puente que atraviesa la bahía de San Francisco, llevo a 60 mil personas a tomar asiento en el Candlestick Park--sede de los Gigantes. Pero a las 5:04 de la tarde del pasado martes 17, cuando la emoción iba in crescendo, pareció que el mundo se acababa.

Un violento temblor de tierra de 6.9 en la escala de Richter (escala de 9) dejó en silencio a los asistentes al juego de béisbol y a millones de televidentes dentro y fuera de los Estados Unidos que, por primera vez en la historia, pudieron ver en vivo y en directo un terremoto. Fueron 15 segundos de una fuerte sacudida. De inmediato, una parte de la ciudad quedó sin luz. En el estadio, tal vez porque están acostumbrados a los temblores y porque en un comienzo que se notaron daños graves, buena parte de los asistentes se quedaron en su sitio. Todavia no salían de la impresión y no conocían los verdaderos alcances de la tragedia.

Lo que hasta ese momento era una transmisión deportiva se convirtió en el cubrimiento de una de las tragedias más grandes en la historia del estado de California. Por televisión se comenzaron a ver columnas de humo que se levantaban desde el centro de la ciudad. Una cámara, situada en un zepelín sobre el estadio, mostró autopistas destruidas, puentes rotos y edificios resquebrajados. En ese momento el mundo entero se dio cuenta de que el asunto había sido de verdad grave y muchos pensaron que se trataba de "el grande", el terremoto que los científicos han predicho que borrará del mapa a las principales ciudades del estado. Veinte minutos después del primer movimiento telúrico y cuando los cuerpos de socorro estaban adelantando sus primeras tareas, un segundo sismo de menor intensidad volvio a sacudir el área.

Desde el primer momento se pudo apreciar que los daños más graves estaban en las autopistas. En efecto, las tomas de la television mostraron de cenas de carros atrapados en la autopista 1-880, cuando uno de los carriles --el elevado--se desplomo en varios sectores y cayó sobre los automóviles que transitaban por la calzada inferior. De otro lado, las ciudades de Oakland y San Francisco, hasta este momento divididas por su rivalidad deportiva, quedaron incomunicadas al caerse una sección del Bay Bridge, la única vía que las unía. Las labores de emergencia se hicieron dramáticas poco tiempo después del terremoto, cuando la falta de energia y la llegada de la noche dificultaron la remoción de toneladas de concreto bajo las que se encontraban decenas de personas.

Los cortocircuitos y los daños en los ductos de gas produjeron varios incendios en el área de Marina--al norte de la ciudad--y una conflagración de grandes proporciones estuvo a punto de acabar con la biblioteca de la Universidad de Berkeley. En cuanto a las edificaciones, desde un comienzo se pudo establecer que no fueron muchas las que se derrumbaron, pero ahora se trata de establecer cuáles presentan fallas en sus estructuras para evacuarlas y luego derribarlas, pues los científicos no descartan más temblores. El comisionado del béisbol, Fay Vincent, canceló el juego ante la magnitud de la tragedia y al comprobar que el estadio presentaba grietas en varias de sus estructuras.

¿POR QUE?
Lo cierto es que California, y en especial la ciudad de San Francisco, vive en un permanente estado de emergencia por temor a los temblores. Y la causa no es otra que la tristemente célebre falla de San Andrés, una especie de grieta de unos mil kilómetros de longitud que recorre, a lo largo, seis séptimas partes del estado de California. La falla de San Andrés es el punto de encuentro entre dos grandes placas tectónicas, la del Pacífico y la continental americana, que viven en constante roce. La presión que se desprende del choque de las dos placas hace que, después de que se acumula una determinada cantidad de energía esta se libere en forma de movimientos sísmicos que afectan toda la región aledaña. Eso fue lo que ocurrió con el terremoto de 1906, que destruyo a San Francisco y dejo un saldo de cerca de 500 personas muertas. La presión acumulada hizo que las dos placas se desplazaran en sentidos opuestos. El mismo fenómeno se repitió el martes pasado con un saldo cercano a los 300 muertos en el área de San Francisco y daños de consideración en poblaciones cercanas.

Lo cierto del caso es que, si se tiene en cuenta la magnitud del terremoto--entre 6.9 y 7.1 grados en la escala de Richter--y que el epicentro se localizó precisamente sobre la falla de San Andrés, a unos 80 kilómetros al sur de San Francisco, el saldo tanto en víctimas fatales como en daños materiales no es demasiado grande.
Todavía se recuerda que el año pasado en Armenia, Unión Soviética, un sismo de la misma intensidad cobró la vida de 25 mil personas y destruyó poblados enteros.

El caso es que, a lo largo y ancho del estado de California, en las décadas recientes se ha tomado todo tipo de medidas para afrontar terremotos.
Ante la imposibilidad de predecir con exactitud el momento en que habrá un temblor, la única medida válida es la de desarrollar sistemas de construcción que resistan los embates de la naturaleza. Es así como las edificaciones que se levanten en ese estado deben cumplir con una serie de características que las hacen resistentes a movimientos de tierra de gran intensidad. La eficacia de estas construcciones se pudo comprobar el pasado martes, cuando en realidad fueron pocos los edificios que se fueron a tierra. De los 271 muertos que se habían encontrado al cierre de esta edición, sólo unos 30 perecieron en edificios y casas. El resto de los muertos y la gran parte de los 900 heridos son culpa de los daños en las carreteras y puentes. Unas 40 casas de familia quedaron inservibles y aún no se sabe cuántos edificios deben ser demolidos por daños en sus estructuras.

Pero si lo de las casas y edificios puede contarse dentro del presupuesto, lo de la autopista I-880 y lo del Bay Bridge merece investigación aparte. No deja de ser preocupante que más de 250 personas hayan muerto atrapadas en la autopista de dos niveles y en el puente que une a Oakland y San Francisco. Un tramo de un kilómetro de la calzada superior de la I-880 se desplomó sobre el carril inferior, precisamente en uno de los momentos de mayor tráfico y cuando gran cantidad de autos se dirigía al estadio de béisbol. El asunto va a ser estudiado a fondo, ya que en la década de los 70 esa autopista fue remodelada por orden gubernamental, para que cumpliera con las normas antisísmicas requeridas por el estado de California. Algo similar ocurre con el Bay Bridge, que se partió en dos durante el terremoto.

Al finalizar la semana pasada, sin que aún se hubieran podido cuantificar exactamente las pérdidas ni se hubieran rescatado todas las víctimas, las autoridades hablaban de daños por un valor cercano a los 2 mil millones de dólares. Esto obligó al presidente George Bush a tomar medidas de emergencia que incluyen el envio de dinero a través de la Agencia Federal de Administración de Emergencia, asi como la movilización de personal militar, barcos, helicópteros y tiendas de campaña. Por lo pronto, los mil millones de dólares que el estado de California tenía destinados para cubrir situaciones de emergencia no serán suficientes para reparar los daños causados por el terremoto.
Hace sólo cuatro años, refiriéndose a California y específicamente a San Francisco, el geólogo británico Tony Waltham afirmó: "Si volviera a repetirse hoy día el terremoto que devastó a San Francisco en 1906, se produciría la muerte de un mínimo de 2. 000 personas y de un máximo superior a las 100.000 (...) Lo que sí está fuera de toda duda es que San Francisco volverá a sufrir otro terremoto. La ciudad se encuentra en una de las fallas más activas del mundo, que volverá a desplazarse en un futuro no muy distante". Aunque los científicos afirman que el sismo de 1906 fue más intenso--se supone que alcanzó los 8.5 grados en la escala de Richter--, los daños sufridos por el reciente terremoto fueron menores a los esperados.

Al finalizar la semana pasada, las actividades de la ciudad se habían restablecido casi en su totalidad. La corriente eléctrica funcionó nuevamente en la madrugada del jueves, en el preciso momento en que se presentó un nuevo sacudón que alcanzó los 5 grados. El aeropuerto internacional de San Francisco, cerrado al público minutos después del terremoto por averías en sus estructuras, reinició labores el miércoles en la tarde y el comercio abrió sus puertas el pasado viernes.

Pero una duda quedó en los habitantes de San Francisco y sus alrededores después de la tragedia del martes y es la que tiene que ver con un nuevo terremoto a corto plazo. En un comienzo se pensó que el de la semana pasada había sido "el grande", el devastador terremoto que desde hace años se espera en la zona, pero varios científicos han afirmado que se trató apenas de un movimiento de regular intensidad y que la sacudida grande está por venir.

Según el alcalde de San Francisco, Art Agnos, "la recuperación total de la ciudad tardará varios años" mientras que los equipos de salvamento el pasado viernes no habían logrado rescatar todos los cuerpos de la autopista I-880. Ese mismo día el presidente Bush sobrevoló en helicóptero el área del desastre y afirmó estar dispuesto a enviar toda la ayuda requerida por las autoridades locales, a tiempo que los condados de San Mateo, Santa Cruz, Santa Clara, San Benito, Monterrey y Marín fueron declarados en emergencia, ya que la onda sísmica afectó edificaciones en un radio de 250 kilómetros alrededor de San Francisco.

Lo único cierto por el momento es que la ciudad resistió el terremoto mucho mejor de lo esperado. El famoso Golden Gate, el puente colgante sobre la bahía, no sufrió ningún daño y luego de un corto cierre preventivo fue abierto al tránsito de vehículos. Y, para los amantes del béisbol, lo mejor de todo es que los arreglos en el estadio Candlestick no fueron muchos y este martes se reanudó la Serie Mundial de 1989,que enfrenta a los equipos de las dos ciudades más afectadas por el terremoto y que, paradójicamente, se promocionó como la "Batalla de la Bahía".-


LISTA NEGRA
De las diversas tragedias que anualmente enfrenta la humanidad, los terremotos, al contrario de lo que generalmente se cree, no son los más devastadores. Según los cálculos adelantados por dependencias de la ONU, en la década de los 70 perecieron 1.2 millones de personas por culpa de temblores de tierra y terremotos, cifra bastante discreta si se le compara con los 24.4 millones de muertos que produjeron las sequías en ese período, sin hablar de inundaciones, huracanes y guerras civiles e internacionales.

En cuanto a terremotos, a continuación se publica una lista de los más fuertes que se han registrado hasta hoy.

1556, China: 830.000 muertos en la provincia de Shensi.
1717. Argelia: 20.000 muertos 1906, San Francisco (8.5 en la escala de Richter): 500 muertos
1960, Chile (9.5 grados en la escala Richter): más de 25.000 muertos.
1964, Alaska (9.2 grados en la escala Richter): 100 muertos
1967, Venezuela (6.5 grados en la escala Richter): 200 muertos
1971, Los Angeles (6.5 grados en la escala Richter): 64 muertos.
1972, Nicaragua (6.2 grados en la escala Richter): 5.000 muertos.
1976, China (7.6 grados en la escala Richter): 242.000 muertos según cálculos oficiales, aunque fuentes de fuera de la China hablan de 665.000.
1977, Rumania: 1.400 muertos
1980, Argelia: 10.000 muertos
1976, Guatemala (7.5 grados en la escala Richter): 22.000 muertos 1978, Irán: 25.000 muertos
1983, Popayán: 300 muertos
1985, México (8.0 grados en la escala Richter).
1988, Armenia, URSS (6.9 grados en la escala Richter): 25.000 muertos
1989, San Francisco (6.9 grados en la escala Richter): cerca de 300 muertos .-

EDICIÓN 1888

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