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| 4/18/1994 12:00:00 AM

LE ECHARON EL GUANTE

La captura de Luis Garcìa Meza marca el fin de una era y desata ola de pánico en la élite boliviana.

LE ECHARON EL GUANTE LE ECHARON EL GUANTE
CINCO AÑOS LLEVABAN los organismos internacionales contra las drogas persiguiendo al ex dictador boliviano Luis García Meza, y la opinión pública del país andino había perdido la esperanza de verlo tras las rejas. Por eso la noticia de su captura fue recibida con alborozo no sólo por el gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada, sino por la mayoría de sus conciudadanos.
García Meza, de 65 años, residía desde hacía un año con su amante, una joven brasileña de 22, en un elegante apartamento de Sao Paulo, bajo el nombre de Jorge Terrazas Pino. Allí gozaba de los dineros obtenidos a partir del 17 de julio de 1980, cuando encabezó el más cruento golpe militar de la historia del país.
En esa fecha derrocó a la presidenta Lidia Gueiler, e inició el gobierno más nefasto que se recuerde en este siglo. Sus métodos para aplacar a la opinión pública implicaron el establecimiento de un régimen del terror, en el que la violencia y la intolerancia se convirtieron en norma. Censura de prensa, toque de queda, supresión de las libertades ciudadanas y amedrentamiento mediante grupos paramilitares (asesorados por argentinos de la dictadura), se convirtieron en el pan de cada día de los bolivianos. Uno de sus ministros, el tristemente célebre Luis Arce Gómez, es recordado por su frase en que invitaba a los opositores a "andar con el testamento debajo del brazo". Una de sus víctimas fue el líder sindical Marcelo Quiroga Santacruz, asesinado el mismo día del golpe. En otro episodio, la 'masacre de la calle Harrington', fueron asesinados a sangre fría los ocho dirigentes principales del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, que encabezaba la resistencia.
Su poder terminó sólo 13 meses más tarde, pero alcanzó a hacer mucho daño. Su gobierno se asoció con el narcotráfico, del que fue cómplice y protector, hasta tal punto que Arce Gómez (hoy preso por 30 años en Estados Unidos) era conocido como 'el ministro de la cocaína'.
Tras entregar el poder, García Meza vivió en Argentina entre 1982 y 1986, año en el que se inició un juicio que culminó con su condena a 30 años de prisión, proferida en abril de 1989 por delitos que van del genocidio al robo simple (el del diario del 'Che' Guevara, considerado por el ejército boliviano como "trofeo de guerra"), pasando por asesinato, sedición, fraude y alzamiento armado, entre otros.
Desde entonces entró en la clandestinidad, sin que a través de varios años de búsqueda las autoridades bolivianas pudieran echarle el guante. García Meza parecía invisible para las autoridades, a pesar de múltiples testimonios que aseguraban haberle visto en tal o cual lugar. Eso ha llevado a la deducción de que el ex general gozaba de una protección muy especial en las altas esferas castrenses y políticas.
El gobierno boliviano aspira a que García Meza sea extraditado pronto de Brasil, y ello tiene en ascuas a mucha gente en La Paz. El ex dictador ha asegurado que revelará todo lo que sabe y que en ello podrían caer muchos nombres de políticos que colaboraron con él antes o después de su régimen militar. En me dios periodísticos se menciona al presidente del Senado, Juan Carlos Durán, Mario Rolón, Fernando Kieffer y Guillermo Fortún, del partido Acción Democrática Nacionalista, al ex dictador Hugo Bánzer y al propio ministro actual del Interior, Germán Quiroga, quien trabajó con Arce Gómez y ha admitido que lo hizo por razones personales, aunque, según dice, "fue un error personal".
No hay mucho optimismo en el gobierno de Sánchez de Losada sobre la rápida entrega de García a las autoridades bolivianas, que le preparan una celda especial en el penal de Chonchocoro, un rcinto frío e inhóspito para que pase los 30 próximos años ese hombre que en 1981, como anuncio de las atrocidades de su permanencia en el poder, aseguró que "las aventuras electorales han terminado, y no garantizamos la existencia de quienes han destruìdo las estructuras de la Nación ".

EDICIÓN 1879

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