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| 1/12/1998 12:00:00 AM

A LO MERO MACHO

El futuro político de México depende en buena parte del desempeño del recién posesionado alcalde capitalino, Cuauhtémoc Cárdenas.

A LO MERO MACHO, Sección Mundo, edición 815, Jan 12 1998 A LO MERO MACHO
En casi todo el resto del mundo el acto parecería casi rutinario: el Presidente de la República, en una sobria ceremonia, posesionaba de su cargo a un alcalde del partido opositor y, luego de una sonrisa, de un buena suerte y de un abrazo, el nuevo funcionario se dirigía a los asistentes en un corto discurso programático. Pero en México muchas generaciones ni siquiera imaginaron que podrían presenciar un espectáculo como ese. Porque la ceremonia con la que Cuauhtémoc Cárdenas recibió la regencia (alcaldía) de Ciudad de México de la mano del presidente Ernesto Zedillo marcó la primera ocasión en más de 70 años en que un presidente del sempiterno y hasta ahora todopoderoso Partido Revolucionario Institucional _PRI_ entregaba el poder de la mayor ciudad del país a un crítico del gobierno. El acto tuvo, en efecto, verdadera importancia histórica. La razón es que el sistema político mexicano, a pesar de su apariencia democrática, desde hace muchos años ha venido funcionando (con excepción de algunos reductos locales) como un partido único. En efecto, desde 1929 el PRI se ha mantenido en el poder apoyado en su reclamo de ser el único portaestandarte de la revolución mexicana así como en una sólida estructura y, no pocas veces, en una hábil manipulación de las normas electorales, por no decir en el fraude. El nuevo regente es un político proveniente de la más rancia estirpe del PRI, pues es hijo del legendario general Lázaro Cárdenas, reputado como el mejor presidente del siglo. De ahí que cuando Cuauhtémoc decidió, en 1978, hastiado del poder absoluto y la corrupción del PRI, retirarse para fundar el Partido de la Revolución Democrática, se produjo un verdadero terremoto político cuyos efectos siguen sintiéndose.
Cuestión de tiempo
Cárdenas se lanzó a la presidencia en 1988 y para muchos mexicanos fue el verdadero ganador de las elecciones que llevaron al poder a Carlos Salinas de Gortari. Era la primera oportunidad en la que un candidato independiente lograba aguarle la fiesta a los priístas y muchos entendieron que la apertura del sistema político era cuestión de tiempo. Durante el gobierno de Salinas de Gortari, el centroizquierdista Cárdenas siguió denunciando la corrupción y se convirtió en un terco opositor de las políticas neoliberales a pesar de que sus resultados eran aplaudidos en todas partes. Esa actitud, que le ocasionó más de una crítica, le proporcionó dividendos que nadie esperaba cuando, poco tiempo después de entregar el poder, Salinas de Gortari se convirtió en el hombre más odiado por los mexicanos frente al descalabro económico que siguió a su gobierno y ante la evidencia de la exagerada corrupción que rodeó al entorno presidencial. Pero esos dividendos no se hicieron efectivos de inmediato, pues Cárdenas se lanzó de nuevo a la presidencia y de nuevo la perdió, esta vez sin mayores controversias, a manos del actual mandatario Ernesto Zedillo. En ese momento muchos pensaban que el ya eterno candidato había perdido su capital político pero, ante la nueva perspectiva de que la regencia de Ciudad de México se escogería por primera vez en las urnas, el veterano dirigente entendió que ésta podría ser un atajo en el camino de convertirse en la verdadera alternativa de poder en México. Por todo ello su triunfo en las elecciones de julio pasado opacó un hito igualmente importante que se presentó en la Cámara de Diputados, en la cual el PRI perdió por primera vez la mayoría absoluta. La razón es que el reto de Cárdenas es singular, pues él más que nadie personifica la lucha contra la dictadura del PRI.
Reto problemático
De ahí que, más que sobre los nuevos debates parlamentarios, las mayores expectativas estén centradas en el desempeño de Cárdenas al frente de una ciudad de 18,5 millones de habitantes cuyo inventario de problemas parece una galería del horror. Su deuda fiscal asciende a 1.500 millones de dólares, la corrupción hace que, según algunos, el 10 por ciento de los empleos oficiales correspondan a funcionarios que ni siquiera se presentan a trabajar, dos millones de habitantes carecen de medios de subsistencia, cada día se cometen un promedio de 628 delitos mayores, la policía es una de las más corruptas del mundo y la contaminación atmosférica es tan alta que muchos habitantes, sobre todo los niños, sufren afecciones respiratorias. Y para agravar los problemas de Cárdenas su poder se limita al Distrito Federal, que alcanza solo el 40 por ciento de la ciudad, y sus fondos provienen en gran medida del Presidente de la República.Para Cárdenas ha llegado el momento de la verdad. Su reto es, como dice el columnista Rigoberto Zúñiga Flores, "demostrar práctica y científicamente la inoperancia del modelo neoliberal y, en contrapartida, presentar un modelo alternativo que convenza y demuestre su eficiencia a todo el pueblo de México". Sólo si logra hacerlo Cárdenas será un candidato triunfador en las presidenciales de 2000. De ello depende el destino político de su país.

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