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| 8/4/1997 12:00:00 AM

LOS MITOS SOBRE HONG KONG

El politólogo David Roll, enviadoespecial de SEMANA, analiza desde Hong Kong el futuro de la ex colonia y del país más poblado del mundo.

LOS MITOS SOBRE HONG  KONG LOS MITOS SOBRE HONG KONG
Las respuestas eran parcas y evasivas. El handover, que es como se llamó a la devolución de Hong Kong a la China, significaba para sus habitantes un simple movimiento de hombros o "cinco días de vacaciones", pero nada más. En medio de unas festividades históricas los habitantesde la ex colonia se veían invadidos por multitud de corresponsales que los abordaban en las calles con la frustrada intención de descubrir en ellos una actitud apasionada en favor de la unidad china, o un violento rechazo al hecho de quedar sujetos a un régimen comunista y totalitario.
SEMANA también estuvo allí y obtuvo las mismas respuestas indiferentes de los 'nuevos' ciudadanos chinos. Y no era para más. Al fin y al cabo a ellos nunca se les consultó si querían o no dejar de ser colonia de Gran Bretaña y lo que ellos pensaran o no ante un hecho cumplido carecía de mayor importancia. Ese fatalismo ante lo inevitable hace parte del alma del pueblo chino, sometido por milenios a calamidades naturales y políticas, y por eso era de esperarse que los hongkoneses aceptaran este nuevo acontecimiento con la misma 'inquieta serenidad' con la que siempre han visto el futuro. Pero además, a pesar del amor de los chinos de la ex colonia por su raza y su nación, parece claro que para los hongkoneses prima su mentalidad de emigrantes. Es por ello que parecen ver en la acumulación compulsiva de dinero el único alivio sicológico al profundo temor por el futuro. Y esta puede ser una de las claves del éxito económico de Hong Kong, donde se trabaja con una ansiedad casi patológica, como si al día siguiente hubiese que marchar hacia un nuevo e incierto lugar para comenzar de nuevo.No es de extrañar que los empresarios de Hong Kong hayan comenzado desde antes de la transición a adaptarse a los nuevos amos del poder de Pekín, aceptando su etiqueta, aprendiendo el mandarín y hasta adoptando una retórica patriótica. Intentarán prosperar bajo la dominación china como lo hicieron bajo la inglesa. Lo demás son mitos y no entran en la lógica de los seis y medio millones de hongkoneses, que tienen un ingreso per cápita muy superior al de los británicos.
Los mitos
El primer mito señala que en un momento en el que la democracia avanza en el mundo, Hong Kong pasará a ser gobernada por un sistema autoritario. Lo que muchos olvidan es que Hong Kong siempre fue una colonia y nunca una democracia, y que estuvo regida hasta hace pocos años por unas leyes tan autoritarias como las que instalarán en breve los comunistas. Aunque había libertad de expresión en los últimos años, es evidente que el debate sin un sistema político siempre ha sido más una válvula de escape que una institución.Por otra parte, el Consejo Legislativo que los comunistas disolvieron al nombrar una legislatura provisional hasta las elecciones de mayo, no era ni de lejos el producto de una tradición democrática sino más bien un reciente invento de los británicos para dar una atmósfera de democracia a la colonia antes de entregarla. Si en algo no estuvieron de acuerdo los ciudadanos entrevistados por SEMANA es en que Hong Kong deba ser una democracia independiente. Y los grupos prodemocracia, a pesar de sus manifestaciones y de su mensaje de inminente tragedia, son demasiado pequeños.El segundo mito se refiere a la economía. La propaganda de la guerra fría sembró la idea de que el capitalismo y la democracia son conceptos correspondientes, así como centralización económica y socialismo. Por eso muchos piensan que la economía de Hong Kong, la segunda más competitiva del mundo, va a ser absorbida y neutralizada por un país que es enemigo acérrimo del capitalismo.Nada más lejos de la realidad. Durante la revolución cultural, en efecto, China vivió paralizada, con un modelo de desarrollo de autosuficiencia y un fundamentalismo de izquierda que duró hasta la muerte de Mao. Pero desde 1978, bajo el liderazgo de Deng Xiao Ping, China decidió aplicar la apertura hacia el exterior y recuperarse de lo que ellos mismos llaman los excesos de la izquierda, y fue así como en menos de 20 años China llegó a ser clasificada por el Fondo Monetario Internacional como la tercera potencia económica del mundo.Es más, desde los años 80 el gobierno chino ha venido creando zonas económicas especiales para atraer la inversión y la tecnología extranjeras, que no se inspiran en la autarquía maoísta sino en las experiencias ultracapitalistas de los modelos coreano y taiwanés, con el propósito de reducir las diferencias entre los sistemas mediante la liberalización de zonas. Es el caso de Shenzhen, cerca de Hong Kong, donde han logrado incrementar 20 veces el ingreso per cápita en pocos años. Con esta política los hábiles chinos buscan facilitar la reunificación de la nación, que ha comenzado con Hong Kong, continuará con la colonia portuguesa de Macao en diciembre de 1999 y seguramente concluirá en los primeros años del próximo siglo con la inclusión de Taiwan.Para los chinos es más inquietante el efecto que pueda causar en la economía la célebre corrupción del engranaje burocrático comunista. Pero es de esperarse que el gobierno central no permita un exceso tal de corrupción que arruine su imagen ante el mundo o afecte la economía de Hong Kong. Incluso el 90 por ciento de los miembros de la Cámara de Comercio piensa que la economía no sólo no se afectará sino que seguramente mejorará. En efecto, el precio de los inmuebles se ha disparado en los últimos años y la economía no ha decrecido por la perspectiva del cambio.El temor a que los comunistas ataquen la economía de Hong Kong es absurdo si se tiene en cuenta que el Estado chino era ya el principal inversionista extranjero en tiempos de la colonia y que todos sus planes de crecimiento y reunificación dependerán en gran medida del éxito de Hong Kong.

China dominante
El plan propuesto por Deng Xiao Ping, "Un país, dos sistemas", que ahora deberán ejecutar los nuevos líderes, es pues algo más que una fórmula para tranquilizar a Occidente. En China ya coexisten, y con éxito, ambos sistemas. Todo parece indicar que con la reunificación con Hong Kong el modelo se va a potenciar a tal punto que, de seguir así las cosas, China se convertirá sin duda en la potencia económica del siglo XXI y Oriente será, nuevamente, tras siglos de protagonismo de Occidente, el centro del mundo y la civilización dominante.Lo que parece más claro es que si China logra insertarse en la comunidad internacional, apoyada en su tradición de país no expansionista, podría convertirse en líder de un bloque asiático cuya importancia tendrá un peso decisivo en el mundo. Por ello el handover, más que el símbolo del fin del imperialismo occidental, parece ser el comienzo de una nueva etapa en la historia de la humanidad. La unificación con Hong Kong es el paso definitivo hacia esa nueva era de las civilizaciones en la cual no importarán las ideologías políticas sino la unión estratégica y económica de los países culturalmente homogéneos.Muy probablemente sea China, una civilización con 5.000 años de continuidad y que ahora cuenta con el 20 por ciento de la población mundial y con un crecimiento económico de magnitudes insospechadas, la que se constituya en el centro del mundo durante el próximo milenio. La reunificación con Hong Kong es el símbolo de esa nueva era.

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