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| 6/27/2004 12:00:00 AM

Los papeles de la tortura

Los documentos en que altos funcionarios de la Casa Blanca discuten sobre nuevas técnicas de interrogación pudieron propiciar las torturas a iraquíes.

Los papeles de la tortura Los papeles de la tortura
Por primera vez la delegación de Estados Unidos en la Organización de Naciones Unidas decidió retirar su propuesta de renovar la inmunidad que protege a las tropas estadounidenses en la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra. El hecho hace ver hasta qué punto el escándalo de las torturas en la prisión iraquí de Abu Ghraib ha afectado la imagen de Estados Unidos en el mundo. La administración del presidente George W. Bush actuó de forma inédita en la ONU porque perdió buena parte de su autoridad moral en el tema de las violaciones de los derechos humanos.

La semana pasada la revista Time reveló que en las partes censuradas del informe militar sobre las torturas se describía la posible violación de dos reclusas menores de edad y que se le había electrocutado el pene a otro prisionero. Para completar, ha tomado vuelo la tesis de que las torturas en Irak fueron producto de políticas antiterrorismo de los más altos mandos del Pentágono, y en especial del secretario de Defensa,

Donald Rumsfeld. Por todo eso el mismo día en que Washington cedió en el Consejo de Seguridad de la ONU, otro hecho sin precedentes sorprendió al mundo.

En un intento por frenar especulaciones periódicas, la Casa Blanca ordenó la desclasificación de cientos de polémicos memorandos internos que se habían filtrado parcialmente a la prensa. Los documentos revelan las discusiones internas sobre el tipo de prácticas de interrogación permitidas y la definición de tortura. La Casa Blanca dice que los memorandos prueban que el gobierno nunca ordenó que se torturara a los detenidos de Cuba o Irak, pero los críticos ven en ellos evidencias de que la tragedia de Abu Ghraib fue responsabilidad de Rumsfeld y sus colegas.

Uno de los documentos define la tortura como "maltrato que tiene que infligir daño equivalente en intensidad al dolor de graves heridas físicas, tales como fallo de órganos, colapso de una función vital o incluso muerte". La definición ha sido fuertemente criticada, pues parece excluir la humillación sexual, el encapuchamiento y otras de las tácticas utilizadas en Abu Ghraib y que son condenadas por el derecho humanitario. Otros memos de los asesores legales de Rumsfeld aseguran que en el caso de los detenidos en Guantánamo, el Presidente tiene derecho de aprobar la tortura para obtener información, ya que éstos no pueden ser considerados prisioneros de guerra y en esa medida no están amparados por la convención de Ginebra. No obstante, hay otros memorandos oficiales que ordenan a las autoridades de Guantánamo un trato "humanitario" de los detenidos.

La discusión sobre la tortura comenzó después de la guerra de Afganistán.

Geoffrey Miller, entonces director de la cárcel de la base de Guantánamo, quería una autorización para endurecer los métodos de interrogación a los prisioneros de Al Qaeda, en especial porque tenía en su poder a Mohamed al Katami, el presunto vigésimo pasajero del 11 de septiembre, y no había podido hacerlo hablar. Fue entonces cuando en diciembre de 2002 Rumsfeld firmó un memorando en el que aprobó 17 nuevas tácticas de intimidación. Figuraban el encapuchamiento, el uso de perros, semidesnudar a los detenidos y el uso de contacto físico moderado. Este memorando causó escándalo cuando se filtró a la prensa, pero la Casa Blanca ha asegurado que se trata de una discusión abstracta que nunca se puso en práctica. "No aprobamos la tortura. Nunca he ordenado la tortura. Y nunca ordenaré la tortura", dijo Bush tras desclasificar los documentos.

En efecto, otros memorandos desclasificados muestran que después de oír las reservas de varios asesores legales, Rumsfeld recapacitó y en abril de 2003 redujo la lista. La segunda sólo incluye técnicas de intimidación como cambios del horario de sueño y dieta de los reclusos, el uso de posiciones incómodas por varias horas, privación de luz, afeitarles la barba a la fuerza y aislamiento de hasta 30 días.

Sin embargo, los críticos consideran que estos memorandos fueron sentando las condiciones para que se produjeran los abusos de Abu Ghraib. Un impactante artículo publicado por la revista The New Yorker cita a una fuente del Pentágono según la cual los maltratos de Irak fueron el resultado de una estrategia secreta de interrogaciones ordenada por Rumsfeld. Esta se ensayó primero en Guantánamo y luego se llevó a Abu

Ghraib. La revista confirmó que el general Miller, el mismo que pidió un endurecimiento de las tácticas permitidas en las interrogaciones, estuvo en Abu Ghraib antes de que empezaran a darse las torturas. Según The New

Yorker, Miller instaló un programa de interrogaciones más eficiente, en el cual los propios guardias se encargaban de ablandar a los detenidos antes de ser interrogados por el personal de inteligencia.

La Casa Blanca negó la veracidad de la acusación de The New Yorker contra Rumsfeld. No obstante, no deja de ser preocupante que los documentos secretos del Pentágono hablen de la posibilidad de intimidar a reclusos con perros o con la desnudez, como en efecto sucedió en Abu Ghraib. Aún más, es escalofriante que cuando el escándalo salió a la luz pública, Rumsfeld decidiera entregarle a Miller la dirección de Abu Ghraib, con lo que demostró su absoluta despreocupación por las posibles consecuencias que ello podría acarrear y que se vieron la semana pasada en el Consejo de Seguridad de la ONU.

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