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| 7/14/1986 12:00:00 AM

LOS PECADOS DEL GENERAL

Narcotraficante, contrabandista de armas y doble espía, algunas de las acusaciones contra el hombre fuerte de Panamá.

LOS PECADOS DEL GENERAL LOS PECADOS DEL GENERAL

Un Mercedes 450 SLC, escoltado por varias camionetas Toyota y un par de motos de gran cilindrada, se abre paso al son de una sirena por una importante avenida de Ciudad de Panamá. El color azul plateado del automóvil, sus vidrios polarizados y la alta velocidad a la que se desplaza el convoy, dejan en claro que ahí va el general Manuel Antonio Noriega, el hombre fuerte de Panamá, comandante en jefe de las Fuerzas de Defensa de ese país, quien acaba de ser acusado por el prestigioso diario norteamericano The New York Times de estar vinculado a actividades de narcotráfico, al comercio ilícito de armas para el M-19 y al lavado de dólares, y de haber servido como doble espía a las agencias de inteligencia de los Estados Unidos y de Cuba.

La publicación del Times, aparecida en su edición del jueves 12, causó un inmediato revuelo en Panamá y en varios países latinoamericanos, aparte obviamente de los Estados Unidos, donde se encontraba en esos momentos Noriega asistiendo a una reunión de la Junta Interamericana de Defensa en Washington. El gobierno panameño, presidido por Eric Arturo del Valle, miembro de la coalición de partidos de centroizquierda nacionalista y -como todos los presidentes panameños en los últimos años- ficha directamente dependiente de Noriega se apresuró a desmentir las acusaciones y respaldar al general, al tiempo que voceros de éste anunciaban una demanda contra el periódico neoyorquino y contra la cadena de televisión NBC, que también presentó denuncias en el mismo sentido.

Mientras tanto, la poderosa prensa de oposición panameña, encabezada por el diario derechista La Prensa, pidió en un editorial de primera página de su edición del viernes que Noriega se retirara de su cargo mientras se llevaba a cabo una investigación para aclarar las graves acusaciones.

Premio a la lealtad
La vida de Noriega al igual que su personalidad, está marcada por fuertes contradicciones. Nació hace 47 años en un humilde barrio periférico de Ciudad de Panamá y realizó sus estudios secundarios en el Instituto Nacional, centro académico popular del que han salido algunas de las principales figuras de la nueva clase dirigente panameña que formara el fallecido general Omar Torrijos. Durante esos años, Noriega se destacó como dirigente estudiantil de izquierda, pero luego optó por seguir la carrera militar y consiguió una beca para la Academia de Chorrillos en el Perú. De allí regresó a Panamá a mediados de los años 60 con el grado de subteniente.

Fue nombrado entonces en la guarnición militar de Chiriquí, donde conoció al entonces mayor Torrijos, quien poco tiempo después encabezaría un exitoso golpe de Estado. En 1969, cuando Torrijos se encontraba en México, sus lugartenientes en Ciudad de Panamá intentaron derrocarlo. Como comandante en Chiriqui, Noriega fue el único alto mando que se negó a respaldar la sublevación y, desobedeciendo órdenes de sus superiores, abrió el aeropuerto de Chiriquí para que aterrizara la avioneta en que volaba Torrijos, lo que permitió que éste reorganizara a su gente y que el golpe fracasara.

El general Torrijos le pagó con creces su lealtad, nombrándolo en 1969, cuando Noriega apenas tenía 30 años, como jefe de la inteligencia militar panameña, cargo que desempeñó con mano de hierro y gran habilidad hasta 1981. Durante ese período, ganó cada vez más confianza con Torrijos y se convirtió en su mano derecha y en un hombre que dirigió de cerca la colaboración militar panameña en el derrocamiento de Somoza y el ascenso sandinista en Nicaragua. Tras la muerte de Torrijos y en su calidad de heredero natural, Noriega asumió el mando y pasó a ser el nuevo hombre fuerte. Prueba de su indiscutible poder es que ha participado de cerca -instigándolos y decidiéndolos- en los últimos procesos de sucesión presidencial que se han dado en Panamá. Por otra parte es el único general con que cuentan las Fuerzas Militares de ese país. Tiene cuatro soles y los que le siguen en importancia apenas han alcanzado el grado de coroneles.

El artículo
De las supuestas actividades ilegales de Noriega se venía hablando desde hace mucho tiempo. Pero lo que logró el Times fue una completa recopilación de información, basada principalmente en declaraciones y documentos suministrados por funcionarios de la actual y de anteriores administraciones norteamericanas. La seriedad del artículo está garantizada además por el periodista que lo firma, Seymour M. Hersh, quien se hizo famoso hace más de una década por un duro enfrentamiento con Henry Kissinger y por sus denuncias sobre una matanza cometida por el Ejército americano en Vietnam, que le valieron el Premio Pulitzer. La acusación central de su artículo es que Noriega es una pieza clave de la llamada "conexión panameña" en las redes del narcotráfico de Suramérica a los Estados Unidos. Según el periódico, Noriega facilita la movilización de los embarques en aguas y tierras panameñas y, con base en un porcentaje fijo, cobra una tarifa a los narcos.

Según las fuentes del Times, Noriega habría protegido a un coronel de apellido Melo quien, tras descubrirse una plantación de opio en la frontera colombo panameña, fue arrestado por las autoridades de su país, pero nunca fue procesado. Melo, en compañía de un capo colombiano, era, según las autoridades norteamericanas, el propietario de la plantación .

El Times acusa también a Noriega de haber suministrado armas al grupo guerrillero M-19. Según los datos, la CIA habría monitoreado el desembarco de un centenar de guerrilleros en las costas del Chocó a principios de 1982 (en realidad fue a principios del 81). Esos guerrilleros habrían sido armados en Panamá después de entrenarse en Cuba. Meses después, el M-19 habría enviado un avión cargado de droga a un aeropuerto de las Fuerzas de Defensa panameñas, que habría regresado luego a territorio colombiano cargado con armas.

Pero además de esto, Noriega es vinculado al asesinato del ex viceministro de Salud de Torrijos, Hugo Spadafora, un joven de izquierda que, cuando Noriega asumió el mando, se convirtió en uno de sus más tenaces opositores y lo acusó de corrupción, narcotráfico y contrabando de armas (ver SEMANA N° 179, sección Confidenciales). Spadafora fue visto en Panamá horas antes de ser detenido por miembros de las Fuerzas de Defensa, según declaraciones de sus familiares. Su cadáver fue hallado, mutilado y torturado, en territorio costarricense en cercanías de la frontera con Panamá días después de su desaparición el 13 de septiembre del año pasado. Según un funcionario de la Casa Blanca citado por el Times, "no tenemos dudas" sobre la participación directa de Noriega en este crimen. Al parecer, Spadafora fue torturado durante varias horas.

EE.UU. lo sabía todo
Sin embargo, lo sorprendente del artículo del diario neoyorquino no es únicamente las acusaciones contra Noriega. Igual sorpresa genera el hecho de que el gobierno norteamericano estuviera enterado de estas actividades desde hace varios años. Según el Times "funcionarios de la administración Reagan y de pasadas administraciones dijeron en entrevistas que habían pasado por alto las actividades ilegales del general Noriega debido a su cooperación con los servicios de inteligencia americanos y a su buena voluntad para permitir un amplio margen de libertad a las maniobras militares americanas en Panamá ".

El periódico agrega que el vicealmirante John Poindexter, asesor de seguridad nacional, visitó privadamente a fines del año pasado a Noriega para pedirle que "cortara" con sus actividades de narcotráfico, lavado de dólares y que suspendiera sus estrechas relaciones con el gobierno cubano. A su regreso, Poindexter habría planteado el problema de por quién reemplazar a Noriega. Un asistente del secretario de Defensa para Asuntos Interamericanos, antiguo colaborador de la CIA, se declaró recientemente preocupado porque un eventual sucesor de Noriega no
quisiera tolerar las actividades militares americanas en Panamá como hasta ahora parece haberlo hecho el general. El asunto como suele suceder en la política exterior de los Estados Unidos, es si se debe conservar a un corrupto y poco democrático dirigente en un país aliado sólo porque garantiza esa alianza. "Es un hijo de perra, pero es nuestro hijo de perra", dijo alguna vez el Presidente Franklin D. Roosevelt al referirse al caso de Anastasio Somoza el viejo, en una frase que puede aplicarse en muchos más casos en la historia de los Estados Unidos.

Algo similar sucede con las acusaciones sobre la condición de doble espía de Cuba y Estados Unidos que se le atribuye a Noriega. Según el Times hay una gran discusión entre distintos sectores de la administración Reagan, pues todo indica que en ese juego, los Estados Unidos han salido favorecidos, ya que han obtenido mucho más de Noriega sobre Cuba y Nicaragua que lo que los cubanos han obtenido sobre las actividades americanas. El problema de un doble espía no es que sea eso precisamente, un doble espía, sino para cuál de los bandos trabaja más y mejor. Y sobre este punto, las agencias de inteligencia norteamericanas no parecen tener queja de Noriega.

Lo que viene
La pregunta entonces es, ¿qué va a pasar con Noriega? Es bastante improbable que la oposición interna en Panamá pueda convencerlo de que se retire ante las acusaciones. También lo es que uno de sus subalternos en las Fuerzas de Defensa lo traicione. Según una alta fuente del gobierno panameño consultada el viernes por SEMANA, la estructura de poder del general Noriega y la forma como ha distribuido favores entre sus subalternos, le garantizan de parte de ellos un total respaldo. Militarmente hablando, Noriega manda hoy el doble de los hombres que mandaba Torrijos, ya que el pie de fuerza ha pasado de 6 mil a 15 mil hombres, por quienes Noriega se preocupa constantemente.

Si a lo anterior se agrega que los Estados Unidos pueden, a pesar de las denuncias del Times, decidirse a conservar a su hombre en Panamá con todo y sus defectos, no es arriesgado vaticinar que Noriega seguirá en el poder por algunos años. El parece saber eso. Y por tal razón, ha continuado su vida sin demasiados sobresaltos desde su regreso de Washington a Panamá el jueves en la tarde. Tenía que cumplir algunos compromisos el fin de semana. Uno de ellos era el de ser padrino de una boda colectiva de 20 parejas en la provincia de Coclé, el sábado en la mañana.

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