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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Los tiranos impunes

Mientras el juicio de Saddam Hussein comienza y es suspendido, muchos recuerdan a los dictadores que se las arreglaron para disfrutar su retiro sin pagar por sus crímenes.

Los tiranos impunes El juicio a Saddam Hussein fue suspendido hasta el 28 de noviembre.
Frente al Tribunal Especial Iraquí, Saddam Hussein usó el tono desafiante que lo caracterizó como dictador. "Mantengo mis derechos constitucionales como presidente de Irak. Ustedes me conocen", aseguró el miércoles de la semana pasada cuando rechazaba los cargos por la masacre de más de 140 personas de Dujail, al norte de Bagdad, después de un fallido intento de asesinato en su contra. Es apenas el primero de los casos contra Hussein -que incluyen otros más graves, como usar armas químicas contra los kurdos- y se escogió por ser uno de los más fáciles de probar. La sentencia, muchos anticipan, podría ser la pena de muerte, lo que dejaría sin esclarecer la verdad sobre los demás cargos o sobre el espinoso tema del apoyo de las potencias occidentales a su régimen. El juicio fue suspendido hasta el 28 de noviembre y se adelanta en medio de dudas sobre su legitimidad en un país bajo ocupación extranjera. "Enviamos observadores porque una manera de respetar los derechos de las víctimas es que el juicio se conforme a los estándares internacionales", explicó a SEMANA Nicole Choueiry, de Amnistía Internacional. Es la oportunidad para el Irak de la posguerra de trazar una línea divisoria con su pasado, pero para eso necesita que el veredicto no obedezca simplemente a la ley del talión, o la venganza de los vencedores, sino como instrumento de justicia. Saddam debe pagar por sus crímenes, y en eso no hay discusión, al menos fuera de Irak. Lo que muchos se preguntan es por qué por el mundo pasaron tantos tiranos cuyas andanzas no motivaron una invasión de Estados Unidos, bien fuera porque eran amigos de ese país (como el mismo Saddam durante muchos años) o porque su presencia en el poder era conveniente a los intereses de Washington. Los siguientes son algunos ejemplos. Idi Amin Dada Idi Amin Dada era coronel del Ejército de Uganda cuando en 1971 aprovechó la visita del primer ministro Milton Obote a Singapur, para dar un sangriento golpe de Estado. Durante sus ocho años en el poder exterminó a unas 300.000 personas y se aseguraba que comía los órganos de sus enemigos y escondía sus cabezas en neveras. Recibió ayuda militar tanto de la Urss como de Estados Unidos. Era musulmán y apoyar la expansión del Islam en África le trajo millones de petrodólares de Arabia Saudita. Entre sus actos excéntricos se autodeclaró rey de Escocia, prohibió los hippies y las minifaldas y se propuso como cabeza de la Commonwealth en lugar de la reina. "Fue un personaje muy aprovechado por Estados Unidos y Occidente para demostrar que los africanos no estaban preparados para gobernarse, que la descolonización era un proceso negativo y nocivo", escribió el periodista polaco Riszard Kapuscinski. Cuesta abajo, decidió invadir Tanzania, pero fracasó, perdió el poder y se refugió en Libia, cobijado por Muammar Gadafi, y después en Arabia Saudita, donde falleció después de un cuarto de siglo de retiro en medio de las comodidades. Alfredo Stroessner Llegó al poder tras un golpe de Estado en 1954 y gobernó Paraguay hasta 1989, cuando fue depuesto en otro golpe por el general Andrés Rodríguez. Lleva años como asilado político en Brasil, a pesar de las protestas de los grupos de derechos humanos y las órdenes de captura emitidas por los jueces paraguayos. Los cargos se remiten, entre otros, a la denominada 'Operación Cóndor', el plan de los servicios de inteligencia militar del Cono Sur para coordinar la represión durante los años 70 y 80. Los miles de documentos encontrados que registran torturas y abusos son conocidos como los 'archivos del horror'. A su régimen se le atribuyen al menos 900 casos de asesinatos y desapariciones, y varios miles de torturas, durante los 35 años que gobernó Paraguay Los Duvalier Francois Duvalier, conocido como 'Papa Doc', fue elegido en 1956, estimuló el vudú y fue fundador de la macabra milicia de los tonton macoutes, que combinaba las técnicas modernas de represión con la brujería local y superaban en número al Ejército de Haití, de modo que no era posible un golpe de Estado. Murió después de 14 años en el poder, por problemas de diabetes, del corazón y cáncer de próstata. Jean Claude, apodado 'Baby Doc', heredó de su padre el poder absoluto y se las arregló para amasar una fortuna de entre 300 y 800 millones de dólares, a costa del país más pobre del hemisferio. Dilapidó su dinero en casinos y fiestas y vive tranquilamente exiliado en Francia desde 1986. Pol Pot Aunque se hizo llamar como el 'hermano número uno' dentro de los Khmer rojos, Saloth Sar fue mejor conocido por su nom de guerre, Pol Pot. Escaló en el Partido Comunista Camboyano hasta que, en 1963, temiendo una persecución de la Policía secreta, se refugió en la selva. Desde ahí lanzó una guerra de guerrillas que lo llevó al poder en 1975. Para perseguir su utopía agraria ordenó abandonar las ciudades, estableció 'colectivos rurales' y prohibió el dinero, la propiedad privada y la religión. Cualquier 'intelectual' era asesinado. Su experimento social costó la vida de cerca de dos millones de camboyanos por hambre y cansancio o ejecutados por ser 'enemigos del Estado'. La pesadilla terminó cuando Vietnam invadió el país en 1979. Pol Pot cayó y se refugió en la jungla. Sus atrocidades fueron conocidas, pero Pol Pot encontró apoyo. "Estados Unidos consideraba ilegítima la invasión de Vietnam. Veía a los Khmer rojos como el gobernante legítimo del país y defendió su silla en la ONU", explicó a SEMANA John Quigley, profesor de derecho internacional en la Universidad de Ohio y experto en Pol Pot. Sus antiguos colegas lo condenaron a una especie de reclusión domiciliaria meses antes de su muerte. En 1998, mientras ajustaba su mosquitera, su esposa se dio cuenta de que había muerto por un ataque cardíaco en medio de la noche. Charles Taylor Uno de los eslóganes de la campaña de Charles Taylor a la presidencia de Liberia en 1995 era brutal: "He matado a tu padre, he matado a tu madre; si quieres la paz, vota por mí". Liberia se mantuvo en relativa calma hasta 1980, cuando William Tolbert fue depuesto por Samuel Doe, que a su vez fue ejecutado por Taylor al final de la década, cuando su Frente Patriótico Nacional tomó Monrovia. Siguieron siete años de conflicto fratricida y un acuerdo de paz con el que Taylor dio el paso de señor de la guerra a presidente. El conflicto se propagó por la región y en agosto de 2003 Taylor huyó a Nigeria mientras los cadáveres se apilaban en las calles de Monrovia. Sus ejércitos asesinaron, violaron y mutilaron a decenas de miles de personas. La guerra civil dejó 150.000 muertos y desplazó a un tercio de la población. Es acusado de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, por la Corte de Sierra Leona, pero vive en una mansión en Nigeria, que se niega a entregarlo. Se dice que todavía controla fuerzas suficientes para desestabilizar la región, que se mantiene a flote gracias al despliegue de fuerzas de la ONU. Suharto Las purgas anticomunistas del general Suharto desde 1967, como sucesor de Sukarno en Indonesia, cobraron las vidas de cerca de un millón de personas. En 1975 anexó por la fuerza a Timor Oriental, y la represión contra los separatistas locales cobró unos 200.000 muertos, el mayor genocidio de la historia en relación con el número de habitantes. Se autoproclamó el "padre del desarrollo" y lideró su país a una relativa prosperidad, pero el colapso económico de 1997 selló su suerte y el descontento popular lo llevó a renunciar en 1998. Una investigación de Time en 1999 afirmó que amasó una fortuna de 15.000 millones de dólares y tenía tierras equivalentes al tamaño de Bélgica. Encabezó en 2004 la lista de los 10 gobernantes más corruptos de Transparencia Internacional. En 2000 fue acusado por corrupción, pero declarado incapaz de soportar el juicio por su delicado estado de salud y lo más probable es que, con 83 años, muera en su casa de Yakarta sin haber enfrentado un tribunal. Anastasio Somoza Los Somoza gobernaron en Nicaragua como aliados cercanos de Washington desde 1937 hasta el triunfo de la revolución sandinista de 1979. Anastasio, el último de la dinastía, fue presidente desde el año 1967, tras la muerte de su hermano Luis, y durante la guerra con los sandinistas desplegó una sanguinaria represión, especialmente contra los estudiantes. En 1972 cedió el poder, pero a final del año un terremoto prácticamente destruyó Managua y se declaró la ley marcial que permitía a Anastasio, como cabeza de la Guardia Nacional, recuperar el poder. A los Somoza se les acusa de haberse robado la ayuda internacional recibida por la tragedia, lo cual se puede ver en el centro de Managua, que nunca fue reconstruido. Fue asesinado en 1980, poco después de exiliarse en Asunción, bajo el cómodo manto de su colega Alfredo Stroessner. Joseph Mobutu Tras el asesinato del primer ministro izquierdista Patrice Lumumba, en 1961, el pintoresco Joseph Mobutu escaló posiciones y llegó al poder del Congo en 1965. Rebautizó el país como Zaire, y a sí mismo como Mobutu Sese Seko, en medio de su proceso de 'africanización'. Aseguró el apoyo de Estados Unidos al convertir a Zaire en una plataforma de operaciones contra Angola, que era apoyada por la Urss. Cuando el Ejército amenazó con rebelarse, simplemente ordenó imprimir más billetes o dio vía libre a los soldados para el pillaje. Apoyó el genocidio de tutsis en Ruanda en 1994. Dejó de ser importante para Occidente tras el fin de la Guerra Fría, y los rebeldes, liderados por Laurent Kabila capturaron la capital, Kinshasa, en 1997. Escapó a Marruecos y murió meses después a los 66 años por un cáncer de próstata que sufría desde los 60. Por medio de una brutalidad y una corrupción notables amasó unos 5.000 millones de dólares. Augusto Pinochet Tres años después de que Salvador Allende fue elegido presidente, un golpe de Estado en 1973 llevó al poder al general Augusto Pinochet. Unos 3.000 chilenos murieron o desaparecieron bajo su gobierno y otros 28.000 fueron torturados. Después de 17 años en el poder, bajo la protección de Estados Unidos, perdió un referendo y dejó la presidencia en 1990 investido de inmunidad legal, primero como comandante en jefe del Ejército y después como senador vitalicio. Sólo la acción del juez español Baltasar Garzón logró que fuera detenido en Londres y liberado en 2000. Hoy se le acusa, además, de haber creado una red de millonarias cuentas bancarias y, entre otros delitos, del cobro de comisiones por el tráfico de armas. Su delicado estado de salud y una supuesta demencia senil lo han salvado de los estrados. La semana pasada se conoció que la Corte Suprema de Chile piensa retirar su inmunidad legal para juzgarlo por evasión tributaria y falsificación de documentos públicos. El sha de Irán Con el apoyo de Londres y Washington -interesados en las reservas petroleras y en atacar cualquier tendencia nacionalista que sonara siquiera a izquierdismo-, Mohammad Reza Pahlevi, el último sha o emperador de Irán, derrocó a Mohamed Mossadeq en 1953. Suprimió los partidos políticos e inició un agresivo programa para modernizar y occidentalizar el país. Prometió convertir a Irán en la quinta potencia mundial en una generación. Cada vez se volvió más dependiente de su represiva Policía secreta (Savak), que torturó y asesinó a quienes mostraban descontento con las reformas. El sha persiguió al clero chiíta y comenzó a enfrentar protestas y disturbios. Ante el deterioro de la situación, huyó en 1979 y dio paso a la revolución islámica liderada por el Ayatola Jomeini. En noviembre de ese año, radicales islámicos tomaron 52 rehenes en la embajada estadounidense en Teherán para demandar la extradición del sha. Se exilió en Egipto, donde murió por un cáncer en 1980.

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