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| 4/13/1987 12:00:00 AM

MANCHA EN EL CANAL

Un viaje rutinario en ferry se convierte en el peor accidente en la historia del Canal de la Mancha.

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Cruzar el Canal de la Mancna en ferry probablemente resulta tan común para los europeos como para un colombiano viajar en flota. Cincuenta millones de personas abordan cada año alguno de los más de cien ferrys que diariamente conectan el Viejo Continente con la Gran Bretaña, en una travesía de escasas cinco horas, en la que a lo sumo se espera sentir un poco de mareo o quizás en el peor de los casos las inclemencias de una tormenta.
Para los 463 pasajeros y 80 tripulantes del Herald of Free Enterprise, que se disponían a pasar del puerto belga de Zeebrugge al británico de Dover en la noche del viernes 6 de marzo, el viaje en medio de un mar calmado no representaba por tanto nada diferente de un trayecto rutinario que muchos habían realizado decenas de veces. A lo sumo para el centenar de soldados británicos que regresaba de licencia y el puñado de turistas que había ganado una promoción del diario londinense The Sun de un billete de ida y vuelta a Zeebrugge por una libra esterlina, significaba el siempre molesto final de unas cortas vacaciones.
A los pocos minutos de zarpar, sin embargo, cuando la embarcación de 132 metros de largo se encontraba apenas saliendo del puerto belga, una enorme ola de agua helada penetró por los inmensos portones que normalmente cierran el compartimiento para vehículos y con una fuerza brutal hizo dar una vuelta campana a la pesada nave de 7.951 toneladas. En menos de un minuto, el Herald quedó completamente inclinado sobre su lado izquierdo y las tres cuartas partes de él bajo el agua, dando lugar al accidente más grave que se haya presentado en la historia del ya legendario Canal de la Mancha.
"De repente todo estaba patas arriba y completamente oscuro. A pesar de que yo conocía el barco tan bien, no pude saber dónde estaba. Todo el mundo gritaba", fueron las palabras con que J. Hudson, quien durante cuatro años había atendido el bar del Herald, describió el momento en que la embarcación comenzo a voltearse. Para los 408 sobrevivientes, las escalofriantes escenas de la "Aventura del Poseidón" resultaban apenas un pálido reflejo de la angustia que siguió a la tragedia. Muchos tuvieron la suerte de quedar atrapados en bolsas de aire o salir disparados y caer en las aguas heladas del Mar del Norte de donde fueron rescatados más tarde. Algunos pocos lograron alcazar chalecos salvavidas. Pero la mayoría de los que se encontraban en las cubiertas inferiores, algunos de ellos aún dentro de sus vehículos o camiones, o durmiendo en sus camarotes, no corrieron con la misma suerte y murieron atrapados.
De las 134 víctimas, sólo 53 cadáveres pudieron ser rescatados por los equipos de buzos británicos, franceses, holandeses y belgas que durante varios días permanecieron en la zona del desastre.
Aunque inicialmente se llegó a pensar que la causa del accidente podía radicar en fallas en el diseño de los inmensos portones que cierran la entrada de los vehículos a la embarcación, los adelantos en las investigaciones realizadas tanto por los gobiernos británico y belga, como por la compañía londinense Towsend Thoresen, propietaria del Herald, tendian a atribuirla a una falla humana: o bien los portones de hierro, quedaron mal cerrados, o fueron abiertos por accidente. Esta tesis adquirió aún más fuerza tras las declaraciones de Marc Stanley, uno de los tripulantes, quien manifestó desde el hospital en el que se recupera de varias heridas que el accidente había sido su culpa, por no haber cerrado las compuertas.
A pesar de que el propio ministro británico del Transporte John Moor confirmó que la causa del accidente fue efectivamente el que la embarcación partió con las compuertas aún abiertas, el accidente ha dejado serias dudas sobre la seguridad de este tipo de embarcaciones. El gobierno belga a través de su ministro de Comunicaciones ha emprendido ya una campaña destinada a mejorar la reglamentación internacional en este campo y el Sindicato de Marinos Británicos ha solicitado una revisión en el diseño de los buques.
Con mayores medidas de seguridad o sin ellas, con nuevos diseños o conservando los antiguos, lo cierto es que tras el accidente del Herald, habrá más de uno que lo piense dos veces antes de subirse nuevamente a uno de estos ferrys que por años han sido el medio de transporte más popular para cruzar el Canal de la Mancha y que dude seriamente en aceptar ofertas como la de "The Sun", por tentadoras que sean.




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