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| 11/10/1997 12:00:00 AM

MENTIRAS Y VIDEOS

En el tema de la financiación de la campaña de Bill Clinton y la reforma al sistema nadie parece decir toda la verdad.

MENTIRAS Y VIDEOS, Sección Mundo, edición 806, Nov 10 1997 MENTIRAS Y VIDEOS
En el video, de 90 minutos de duración, aparece el presidente norteamericano Bill Clinton, acompañado en ocasiones por el vicepresidente Al Gore, atendiendo a los invitados de 44 reuniones efectuadas entre agosto 3 de 1995 y agosto 6 del año siguiente. Laedición es descuidada, a veces tiene sonido, a veces no, y algunas escenas parecen recortadas intencionalmente.
Una de ellas tiene lugar en mayo de 1996 en la Oficina Oval, el sancta sanctorum de la Presidencia de Estados Unidos. Su publicación representa el primer reconocimiento oficial de que se llevó a cabo un acto social, en este caso el ofrecimiento de una simple taza de café, destinado a conseguir fondos para la campaña de reelección de Clinton.
La Casa Blanca insiste en que en esos eventos no se discutió la financiación de la campaña. Pero en uno de ellos, llevado a cabo el 13 de diciembre de 1995 en el salón de mapas, parece que sí se hizo. En el video respectivo se oye al presidente del oficialista partido demócrata, Donald Fowler, negándose a recibir cinco cheques de un donante no identificado, mientras Clinton habla de golf con otro invitado. Fowler le dice al interesado que "yo lo llamaré tan pronto como esto termine. Me disculpo, pero esto quedará hecho".
Otra escena, tomada el 18 de junio de 1996, muestra a Clinton en un apretón de manos con John Huang, el célebre intermediario que tuvo que ver con las donaciones de inversionistas chinos que avivaron el escándalo con el detalle de que intereses foráneos estaban comprando influencia en la Presidencia de Estados Unidos. Curiosamente este segmento no tiene sonido.
La cinta, que fue dada a conocer el domingo de la semana pasada, es un resumen de muchas horas de grabación, compiladas según un criterio que no fue explicado. Los voceros de la Casa Blanca insisten en que ni allí ni en las cintas maestras existe prueba alguna de que Clinton o Gore hubieran hecho algo ilegal, como por ejemplo pedir contribuciones en un recinto oficial.
Se trata del más reciente, pero casi con seguridad no del último, capítulo del escándalo que rodea no sólo la financiación de varias campañas electorales, sino la pretendida reforma de las normas que rigen las contribuciones económicas a los políticos.
El Comité de Asuntos Gubernamentales del Senado ha venido investigando múltiples aspectos de la campaña por la reelección de Clinton en busca de determinar si éste o Gore violaron la ley en tres aspectos fundamentales: si pidieron contribuciones en instalaciones oficiales, si solicitaron donaciones ilegales de extranjeros, si se le dio la vuelta a la ley que prohíbe a los particulares donar más de 1.000 dólares a los candidatos con el esguince de que no prohíbe la contribución a los partidos. En suma, si la campaña hipotecó la independencia y afectó la dignidad de la Presidencia al exagerar al máximo las prácticas que por décadas han venido haciendo los políticos norteamericanos, siempre transitando por el límite de la ilegalidad.
Palabras...
Prácticamente desde que se posesionó para su segundo período Clinton anunció que impulsaría la reforma de la norma que regula las contribuciones políticas, que proviene en su última versión de 1974. Su anuncio fue recibido con alborozo por el público y con bombo y platillos por sectores tanto de su partido demócrata como por los opositores republicanos, pero con reservas por los observadores políticos. Al fin y al cabo estos sabían mejor que el 'dinero blando', las sumas que, sin restricciones, pueden ser donadas a los partidos para objetivos 'generales', son la savia que alimenta el sistema electoral norteamericano. Adam Clymer, comentarista del periódico The New York Times, dijo en su momento que "muchos parlamentarios pensarán que ese sistema no es tan malo, pues al fin y al cabo fue mediante él que fueron elegidos".
Esa actitud ambivalente ha sido la norma de la discusión desde entonces. Al punto que el común denominador del tema parece haber sido la mentira.
Eso pareció quedar demostrado la semana pasada cuando el Senado, donde hace algunos meses todo el mundo juraba respaldar la intensificación de las restricciones a la financiación de las campañas, prácticamente sepultó la iniciativa. El líder de la bancada republicana, Trent Lott, hizo uso de complicadas maniobras procedimentales para empantanar un proyecto que no satisfacía ni a tirios ni a troyanos: para los republicanos, las restricciones del 'dinero suave' los perjudicarían más a ellos por tener mejores vínculos con el sector privado. Para los demócratas, la inclusión de restricciones a las donaciones de sindicatos estaba dirigida contra ellos.
Pero si en el Congreso la verdad de las intenciones de los parlamentarios quedó sepultada detrás de las conveniencias partidistas, en la Presidencia la situación no fue mejor. Las famosas cintas de las reuniones para tomar café fueron negadas desde que fueron solicitadas por la comisión en abril pasado, a pesar de que eran hechas sin ocultar la cámara, a la vista de todo el mundo. Fue sólo después de que la revista Time confirmara la existencia de esas cintas que la Casa Blanca accedió a entregar la edición de 90 minutos, y sólo lo hizo un día después de que la fiscal general Janet Reno hubiera exonerado al presidente Clinton de la necesidad de nombrar un investigador especial para el caso. La Reno tampoco se escapa de la sensación generalizada de que todo el mundo miente en este caso. Los republicanos la acusan, a pesar de sus protestas, de no querer nombrar un investigador especial porque le debe a Clinton su puesto.
Y lo peor parecen ser las explicaciones para la demora: funcionarios de la Casa Blanca han dicho que las cintas no pudieron ser localizadas desde abril por un error administrativo consistente en que los encargados de hallarla, empleados de la oficina de comunicaciones, buscaron en la base de datos con la clave "financiación de campaña", pero en realidad las cintas estaban bajo el epígrafe "café".

Consecuencias
Independientemente del resultado de la investigación y del proceso de reforma del régimen legal, lo cierto es que la mayor afectada ha sido la credibilidad de la clase política, y en particular la de Clinton y Gore. Una encuesta nacional encargada por la cadena CNN y el diario USA Today a la empresa Gallup, hecha antes de la aparición del video, encontró que el 61 por ciento de los encuestados cree que Clinton hizo algo poco ético o ilegal en sus actividades de financiación, y un porcentaje semejante piensa que se debe nombrar un investigador independiente. Sobre Gore, un 44 por ciento piensa que no es honesto ni confiable, lo cual es una fuerte caída para sus aspiraciones presidenciales.
Y es que la presidencia de Clinton no ha estado exenta de ese tipo de mentiras 'piadosas', y su acumulación ha comenzado a cobrar un precio. Los observadores políticos norteamericanos recuerdan ahora el tema de las cuentas por servicios legales prestados por la primera dama Hillary Clinton, requeridas en el asunto de Whitewater, que permanecieron desaparecidas por meses hasta que 'misteriosamente' aparecieron en una oficina de la Casa Blanca. O el memorando que demostró que, a pesar de sus negativas, la señora Clinton sí había exigido la destitución de la agencia de viajes de palacio. O últimamente en el tema de la financiación, cuando la Casa Blanca negó que allá alguien conociera al famoso Huang, sólo para admitir después que el sino-norteamericano había estado en el edificio 78 veces en los últimos 15 meses.

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