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| 4/30/2001 12:00:00 AM

A la meta

Todo indica que Toledo sería el próximo presidente peruano.

A la meta A la meta
Los peruanos se preparan para escoger el presidente que reinstalará en propiedad la democracia en su país. El 8 de abril se abrirán las urnas para que unos 15 millones de votantes, de una población total de 26 millones, elijan al sucesor de Valentín Paniagua, el legislador que asumió el poder en interinidad en noviembre tras la destitución in absentia de Alberto Fujimori, quien ya se encontraba refugiado en la seguridad de su tierra ancestral, el Japón.

Los escándalos que rodearon el derrumbe de Fujimori gravitan sobre el proceso electoral. No es fácil para la población creer en sus dirigentes cuando más de 450 personas, entre políticos, magistrados, militares y empresarios, resultaron involucrados en las componendas del asesor de seguridad Vladimiro Montesinos, que causaron la caída de su jefe.

El desencanto hace que se generalice la sensación de que las elecciones no son para escoger al mejor candidato sino al menos malo, lo cual es preocupante si se tiene en cuenta que el próximo presidente deberá hacer milagros en el saneamiento institucional, la reactivación de la economía, la estabilización política y la lucha contra la subversión y el narcotráfico, que se niegan a desaparecer .

Aunque sin fuerza suficiente para ganar en primera vuelta Alejandro Toledo lidera las preferencias populares (ver gráfica) a pesar de revelaciones poco presentables sobre su pasado. Disputándose cabeza a cabeza el segundo lugar aparecen la ex parlamentaria Lourdes Flores y el ex presidente Alan García, quien es un caso verdadero de resurrección política. Y en la cola están el congresista Fernando Olivera, quien sacó a la luz el video que dio al traste con Fujimori, y Carlos Boloña, el único aspirante que reivindica sus vínculos con el ex presidente. Un cuadro bastante atomizado que se completa con otros cinco candidatos.



Sin cuartel

La negativa de Toledo a aceptar los resultados de las fallidas elecciones de abril de 2000 lo convirtió, casi de carambola, en la personificación del antifujimorismo y en líder persistente en las encuestas. Pero su verdadera fortaleza está en sus antecedentes. Nacido hace 55 años en el pueblo de Chimbote, fue lustrabotas hasta que se inscribió en la Universidad de San Francisco, donde comenzó un recorrido académico que le llevó a obtener dos posgrados y un PhD en la Universidad de Stanford, donde conoció a su esposa, la antropóloga norteamericana de origen belga Eliane Karpf.

Esa historia de logros que parecen sobrehumanos ha convertido a Toledo en una figura mítica a la que sus seguidores le gritan Pachacútec, el legendario conquistador inca del siglo XV. De modo que lo que lo hace atractivo para su electorado no son sus propuestas, más bien vagas, de reducir impuestos para generar empleo, o de reestructurar la deuda privada que ha conducido a la quiebra a miles de pequeños negocios, ni sus ofertas de atraer la inversión extranjera e impulsar el turismo, la agricultura y la industria. Su gente lo adora porque siendo como ella, un ‘cholo’, ha logrado cosas tan imposibles y atractivas como tener una hermosa mujer rubia.

Es por eso que Toledo no tuvo dificultades para dejar atrás acusaciones como que tiene una hija de 13 años nacida por fuera del matrimonio, a quien se niega a reconocer. Ni las versiones, reveladas por la revista Caretas, según las cuales en 1998 tuvo un episodio de drogas y sexo. El ‘Cholo’ contraatacó ante las evidencias en su contra con el argumento de que se trataba de una forma de persecución racial urdida por la élite blanca del país y en especial por su rival Flores. “Ellos temen que el pueblo tome el poder, que un ‘cholo’ represente a la nación”, dijo en un discurso.

Ello podría ser la estrategia adecuada. Como dijo a SEMANA la analista Silvia Rojas, del diario limeño La República, “el problema es que en un contexto tan caldeado nadie sabe quién dice la verdad. Y es posible que opten por Toledo como una apuesta salvadora”.

La segunda en las encuestas, Lourdes Flores, de 41 años, tiene a su favor una amplia trayectoria de transparencia en la política peruana y una aproximación pragmática y aterrizada a los temas. Pero aunque sus propuestas son supuestamente inspiradas en el modelo económico chileno parecen muy poco diferentes de las de Toledo. Por eso la contienda se ha librado más en el terreno de lo personal que en el de las ideas, lo cual es de esperar en una campaña en la que la diferencia entre los dos primeros nunca ha sido superior a 10 puntos. Sus adversarios la acusan de ser una continuadora del proyecto de Fujimori (uno de sus colaboradores apareció en uno de los videos que Montesinos tomaba al sobornar gente), y no le perdonan el hecho de que la alianza de la que es líder, Unidad Nacional, esté compuesta por el conservador Partido Popular Cristiano y un grupo ultraderechista dirigido por Rafael Rey, del Opus Dei. Ello no obsta para que también señalen a la soltería de Lourdes como un defecto en un país machista.

La campaña de ataques mutuos entre las campañas de Flores y Toledo ha jugado a favor del que podría ser el gran milagro de la política peruana: el ex presidente Alan García. Según como se le mire, García es un exponente legendario de la revancha política o un dirigente desprestigiado en busca de una segunda oportunidad. Lo cierto es que desde que regresó al país García se ha reinventado. Atrás quedó el populista que dejó al país con una inflación rampante, una subversión desatada y el estatus de paria internacional por la suspensión del pago de la deuda. Ahora se presenta como un defensor de la globalización económica y la moderación política y su fórmula, apoyada por la pelea en la punta, lo tiene al borde de pasar a la siguiente etapa de una carrera que promete ser cabeza a cabeza.

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