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| 2/15/1999 12:00:00 AM

MONICA TESTIGO

La posibilidad de que la Lewinsky cuente en el Senado los detallesintímos del sex-gate <BR>aterrorizan a Clinton y a los demócratas.

MONICA TESTIGO MONICA TESTIGO
EL jueves de la semana pasada, a tiem-po que comenzaba el histórico juicio contra el
presidente Bill Clinton en el Senado de Estados Unidos, una sola cosa era clara: quienes pretenden la
destitución del mandatario, esto es, los congresistas republicanos, comenzaron cuesta arriba. Porque de
los 100 miembros sólo 55 pertenecena ese partido y como para aprobar cualquiera de las cláusulas de
impeachment se requieren dos terceras partes de los presentes (o sea 67 votos), los republicanos requieren
no sólo mantener la lealtad total de sus miembros sino conseguir que 12 demócratas se volteen.
Eso parece muy improbable dada la unidad que han mostrado hasta ahora los senadores del partido del
presidente para rodear a un líder que, por lo demás, tiene a su favor a la opinión pública. Sin embargo hay
un factor que podría cambiar esa situación: la presentación de testigos ante el plenario.
Ese es un tema que el Senado, en un acuerdo bipartidista, decidió la semana anterior dejar para después
de las presentaciones iniciales, por lo cual sólo será considerado en la semana del 25 de enero. Los
amigos demócratas del presidente sostienen que después de las 40 cajas de documentos y testimonios
presentadas por el fiscal especial Kenneth Starr, y luego de meses enteros de hablar sobre el tema, todos
los hechos son ampliamente conocidos no sólo por los senadores sino por la opinión pública.
Pero lo cierto es que desde el primer día los managers dedicaron sus discursos no sólo a delinear lo que
para ellos es un patrón de conducta de mentiras y obstrucciones a la justicia que en su conjunto justifican
la destitución del presidente, sino en insistir en la necesidad de que, cuando llegue el momento, se decida
llamar al estrado a los personajes principales del drama. El representante James Sensenbrenner resumió el
punto en relación con un amigo íntimo de Clinton crucial en el proceso cuando dijo que "si tuviéramos en el
estrado de los testigos al señor (Vernon) Jordan ustedes podrían comprobar dónde están sus lealtades,
escuchar el tono de su voz, mirarlo a los ojos y determinar la verdad de sus afirmaciones. Ustedes podrían
decidir si está mintiendo o guardando información".

Descripciones sexuales
Pero lo que está sucediendo en el Senado de Estados Unidos es un juicio en toda la línea, con el presidente
de la Corte Suprema de Justicia como juez, el Senado en pleno como jurado, los 12 managers del comité
judicial de la Cámara como fiscales y los abogados de Clinton como defensores. De modo que llama la
atención que se plantee su celebración sin el testimonio de testigos, que son una de las bases del
funcionamiento de un jurado.
Lo que pasa es que en un proceso como este, que es político, aparecen elementos que serían difícilmente
aceptables en un proceso puramente judicial. Esto ya se vio en Colombia en el juicio de Ernesto Samper.
En este caso la mayoría parlamentaria, que al contrario del de Clinton defendía al presidente, decidió que
no se oirían los testimonios de los testigos centrales, Fernando Botero y Santiago Medina. Eso se hizo
porque tener en horario triple A de televisión a los principales acusadores del presidente se hubiera
convertido en una bomba inmanejable que, probablemente, hubiera tumbado a Samper.
Algo parecido sucede hoy en Estados Unidos. Todo el mundo sabe lo que hacían Monica Lewinsky y el
presidente en la oficina Oval. Pero los demócratas no quieren que se lo repitan y los republicanos tienen
un punto de vista diferente. La razón es obvia. Tener a Monica Lewinsky ante las cámaras de la televisión
nacional describiendo los 10 encuentros sexuales con el presidente sería demasiado incómodo y podría
hacer depender la permanencia de Clinton en el poder de la definición de sexo oral y de los elementos
anatómicos y ginecológicos que entrarían en ese debate. Para que Clinton saliera bien del paso en relación
con sus propias respuestas a lo largo del proceso la conclusión tendría que ser que nada de lo que hizo con
Monica tuviera como meta la gratificación sexual de ninguno de ellos, lo cual suena bastante extraño.

Mentiras verdaderas
Pero Clinton tiene un problema más allá del perjurio que implica su negativa a haber sostenido relaciones
sexuales con Monica, y es la acusación de obstrucción a la justicia. La verdad monda y lironda es que en
cuestiones de la vida privada todo el mundo tiende a ser solidario. Es absolutamente normal entre dos amigos
íntimos como Clinton y el abogado Vernon Jordan que uno de ellos le pida el favor al otro de conseguirle
puesto a una muchacha cuyo romance se le ha vuelto un problema. Pero desde el punto de vista jurídico se
trata de una conspiración para poner fuera del alcance de un juez a un testigo en un proceso judicial.
Algo parecido pasa con los regalos que Clinton le hizo a Monica. La verdad es que cuando el fiscal Kenneth
Starr los requirió ella se asustó y le preguntó a Clinton qué hacer. El presidente le dijo que se los devolviera a
su secretaria porque no le podrían pedir lo que ella no tenía, lo cual es una clara presión indebida a un
testigo para que incurra en desobediencia. Hasta ahora Clinton se ha amparado en la versión de su secretaria
Betty Currie, quien ha dicho que no recuerda el episodio. Pero ella en un estrado judicial, con el Senado, la
opinión pública y la historia como testigos, podría cambiar su versión y convertirse en la prueba reina de los
delitos cometidos por Clinton.
Por todo ello los republicanos quieren llevar al estrado a Jordan, Currie, Lewinsky e incluso al propio
Clinton. Y si lo logran la posición del presidente, que hasta ahora ha sido suficientemente sólida, podría
quedar seriamente comprometida.
Y es que en este aspecto las cuentas juegan en contra de Clinton porque los republicanos tienen la
mayoría simple necesaria para esa decisión. Pero dos factores podrían salvarlo: el primero, que de
aprobarse la presentación de testigos el juicio podría prolongarse por fuera de lo deseable, y segundo, que el
manejo del juicio es, según las encuestas, lo que más molesta a los votantes cuando se les pregunta por
la continuidad de la mayoría republicana en el Congreso. Así que, como van las cosas, el presidente
Bill Clinton sigue dependiendo de su popularidad o, dicho en otras palabras, sigue en la cuerda floja. Lo
que vieneSegún lo acordado por el Senado el procedimiento a seguir para el proceso contra Clinton es el
siguiente:
Enero 14-16 Presentación de los cargos por parte de los miembros designados de la Cámara: hasta 24 horas.
Enero 19-21 Presentación de los argumentos de los abogados de la defensa: hasta 24 horasn
Enero 22-23 Los senadores plantearán preguntas mediante el presidente de la Corte Suprema de Justicia,
quien dirigirá el juicio: hasta 16 horas.
Enero 25 en adelante El Senado considerará mociones para el levantamiento del proceso o para el
llamamiento de testigos. De aprobarse lo segundo, se prolongará indefinidamente el juicio. El proceso
terminará con la votación por cada cláusula de impeachment. Se requieren las dos terceras partes de los
presentes y una sola cláusula aprobada es suficiente para la destitución.

Escándalos en la Casa Blanca
De ser destituido, Bill Clinton sería el primer presidente de Estados Unidos en perder su puesto por cuenta de
sus travesuras sexuales. Pero de ninguna manera se trata del primero en tener escándalos de esa naturaleza
durante su permanencia en la Casa Blanca. Aunque otros han tenido affaires poco presentables antes o
después de su paso por el gobierno de Washington los siguientes son los más recordados de los
presidentes de Estados Unidos que pecaron y, a pesar del escarnio de sus adversarios y del público, se
salieron con la suya.
James Garfield (1831-1881)Pasión ilegalLuego de ser un exitoso general de la Unión durante la guerra civil,
Garfield se convirtió en político por sugerencia de Abraham Lincoln y llegó a la presidencia después de muchos
años de permanencia en el Congreso. Su carrera como hombre público sobrevivió a las acusaciones de su
esposa por un romance extramatrimonial al que llamó 'pasión ilegal'. Pero sólo cuatro meses después de ser
elegido un asesino le disparó en una estación de tren. Los intentos por localizar el proyectil en su cuerpo
mediante un detector inventado por Alexander Graham Bell le causaron una infecció mortal y murió dos meses
más tarde.

FRANKLIN ROUSEVELT (1882-1945)
El presidente del New DEal y la segunda guerra mundial, a pesar de ser invalido por la polio, tuvo uno de los
romances ejecutivos más documentados de la historia. Desde cuando era secretario de la Marina en 1913
sostuvo un noviazgo con la secretaria de su esposa Eleanor, Lucy Mercer, de 22 años. A pesar de que fue
descubierto por Eleanor y prometió terminar el affaire, más tarde, cuando Franklin ya estaba en el poder,
Lucy siguió siendo su confidente y, según algunos, se convirtió en el poder detrás del trono.

John F. Kennedy (1917-1963)Promiscuidad oficialEl hombre más joven jamás elegido para la presidencia de
Estados Unidos y el más joven en morir en pleno ejercicio del poder fue también el del comportamiento más
escandaloso. Las amantes del presidente sacrificado fueron muchas en la Casa Blanca, entre las cuales
se menciona a las actrices de Hollywood Marilyn Monroe, Angie Dickinson, Jayne Mansfield y a la célebre
Judy Campbell Exner, quien al mismo tiempo era amante del mafioso Sam Giancana. Sin embargo Kennedy
pasó a la historia como uno de los presidentes más populares.

Lyndon Johnson (1908-1973)Un affaire de 30 añosPocos presidentes han dependido de su esposa tanto para
su éxito político como Lyndon Johnson, pues desde su primera elección para el Senado, en 1937, la labor de
su mujer, Claudia Taylor (Lady Bird), fue crucial. Pero su romance con la socialite Alice Glass, que abarcó
cerca de 30 años, era un secreto a voces. Incluso se dice que la dama le terminó como protesta contra la
guerra de Vietnam y que la posición tardía de Johnson contra el conflicto, que le llevó incluso a renunciar a la
reelección, se debió en parte a ello.

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