Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/24/2001 12:00:00 AM

No abandonen a Afganistán

En el siguiente artículo el conocido periodista sostiene que la lección de los años 90 que Estados Unidos debe aprender es que sólo es posible construir naciones cuando se cumple un requisito: que haya paz.

No abandonen a Afganistán No abandonen a Afganistán
Debe ser la estacion favorable para el pesimismo. Luego de habernos preocupado por la guerra en Afganistán, por la batalla contra Al Qaeda, por la reacción de los países árabes y por la oleada de pánico causada por el ántrax acabamos de encontrar el siguiente blanco para nuestro pesimismo, y es uno fácil: las perspectivas de Afganistán. Ya empieza uno a escuchar las frases trajinadas que van brotando torpemente de las lenguas de las personas: ese país no puede ser reconstruido, retornará a la guerra civil, un Plan Marshall sería un colosal desperdicio de dinero. Si estos fueran tan sólo comentarios distraídos y ociosos de personajes cualesquiera no tendrían importancia. Lo grave es que son numerosos los funcionarios del gobierno que están urgiendo a Washington para que, rápida y silenciosamente, se lave las manos en Afganistán y siga adelante con otros temas. Eso no solamente sería un error estratégico, sino que denotaría una ceguera total frente a una de las lecciones más importantes de la última década.

Juguemos por un instante a la libre asociación de palabras. ¿Qué nos viene a la mente cuando pensamos en lo siguiente: Ruanda, Bosnia, Kosovo, Timor Oriental, Mozambique y Uganda? Para la mayor parte de la gente la respuesta es: guerra civil, limpieza étnica, Estados fracasados, problemas insolubles. En efecto, eso es lo que representaban la última vez que uno los consideró. Sin embargo algo sorprendente ha ocurrido durante los últimos cinco años. Tal como lo manifiesta Mark Malloch Brown, jefe de Desarrollo de Naciones Unidas, la atención del público se dirigió a otros lugares; pero estos países comenzaron a poner poco a poco orden en sus casas. En la actualidad todos se encuentran en paz y cuentan con sociedades razonablemente estables que presentan los primeros indicios de una genuina actividad económica.

En algunos casos la situación es, inclusive, mejor aún. Mozambique, por ejemplo, estaba creciendo a un ritmo del 9 por ciento anual en 1999 cuando las inundaciones detuvieron su crecimiento (esperamos que de manera temporal). Ha habido avances políticos en todas las áreas. Ruanda cuenta con un tribunal de crímenes de guerra. Kosovo está en una situación mejor de la que cualquiera hubiera esperado. Timor Oriental habrá completado dentro de pocos años su secesión no violenta de Indonesia, implantando un régimen democrático. Ninguno de estos países se convertirá probablemente en una Suiza o un Singapur en corto tiempo pero se encuentran ya lejos del infierno de la guerra, del genocidio, de las drogas y del terrorismo que muchos de ellos vivieron.

A pesar del peso agobiante del escepticismo (del cual yo he sido tan culpable como cualquier otra persona) la realidad es que en el transcurso de los últimos cinco años la comunidad internacional y las Naciones Unidas aprendieron duras lecciones en materia de pacificación y de construcción de naciones. En la actualidad las principales potencias y las agencias de Naciones Unidas están unificando sus acciones y trabajan con eficacia. Como resultado, situaciones que otrora parecían desesperanzadoras están evolucionando hacia una apariencia de normalidad. ¿Es tan absurdo pensar que tal vez Afganistán pueda ser el siguiente caso en esta lista de logros?

Es obvio que la situación en Afganistán es horripilante. El país lleva dos décadas sometido a invasiones, ocupaciones y guerra civil. La actividad económica se ha detenido, situación que se ha visto agudizada por las recurrentes sequías y hambrunas. Millones de afganos han huido de su país. Con todo, esto significa que no será tan difícil mejorar la vida de estas personas. Incluso modestos logros en materia de reconstrucción de carreteras, recuperación de la irrigación rural y restauración del servicio eléctrico podrían tener efectos dramáticos.

Y existen muchos signos esperanzadores. Hasta el momento se han presentado pocas represalias por parte de los vencedores, lo cual constituye un cambio notorio de comportamiento. Las potencias vecinas: Pakistán, Irán, Uzbekistán y Rusia no están compitiendo por desestabilizar al país, como lo hicieron en el pasado, sino que actualmente trabajan para estabilizarlo. Como dice Richard Haass, uno de los principales diplomáticos de Estados Unidos especializados en Afganistán: el gran juego le cedió el paso a mayor bien. Sin embargo tal vez lo más significativo es que la generación de afganos que prosperó gracias a las vendettas de la guerra civil está siendo reemplazada por una nueva oleada de líderes jóvenes que desean construir un país moderno. Los rapaces jefes guerreros, como Rashid Dostum, pueden representar el pasado y los hombres moderados y modernos como el presidente interino Hamid Karzai, el futuro.

Pero ante todo se requiere la paz. La principal lección que la comunidad internacional aprendió durante la última década es que cuando un país está agobiado por problemas de seguridad básica, como fue el caso de Somalia, Bosnia (por algún tiempo) y el Congo, el mantenimiento de la paz y la reconstrucción son imposibles. La otra lección importante es que las Naciones Unidas no pueden brindar esa seguridad. Tiene que provenir de las principales potencias (Bangladesh no podría garantizarla).

Por consiguiente, la prioridad más urgente en Afganistán consiste en una fuerza multinacional sólida que lleve seguridad y estabilidad a Kabul. Gran Bretaña se ha ofrecido como voluntaria para liderarla y, si no fuera por las extrañas dilaciones de Estados Unidos en este asunto, los británicos ya habrían desplegado sus tropas (Turquía es la otra posibilidad). Más allá del tema de Kabul, la seguridad debe surgir de acuerdos entre los jefes guerreros afganos. Constituirá una prueba de sus auténticos deseos de paz y toda ayuda deberá depender del mantenimiento efectivo de la paz en sus respectivas regiones.

Hay razones para el pesimismo. Afganistán será el proyecto más ambicioso jamás emprendido por la comunidad internacional. Como dijo un funcionario norteamericano de alto nivel: lo único que parece unir a los afganos a través de largos períodos es que no quieren a los extranjeros. Considérese, sin embargo, lo que hicieron los extranjeros en el pasado: los británicos y los rusos trataron de colonizarlos, los árabes les convirtieron el país en una base del terrorismo internacional. ¿Qué queríamos que hicieran los afganos; ¿que nos desenrollaran la alfombra roja? Tal vez ahora que los extranjeros han llegado por motivos diferentes los afganos se muestren más hospitalarios.

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com