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| 7/3/1989 12:00:00 AM

O-TAN UNIDOS

Tras la cumbre de Bruselas, Bush se gana a Europa al solucionar la crisis de la OTAN.

O-TAN UNIDOS O-TAN UNIDOS
Desde su fundación en 1949, la Organización del Tratado del Atlantico Norte no atravesaba una crisis tan profunda. Creada para hacerle contrapeso a la creciente presencia militar de la Unión Soviética en Europa, durante muchos años la OTAN sirvió como piedra fundamental de la unidad de la Europa "libre" frente al expansionismo soviético.
Durante todos esos años--excluida la rebeldia del general Charles De Gaulle, que retiró a Francia en 1966--, la Organización se habia manejado de acuerdo con las directrices de Washington, que en últimas era la voz proponente, decisoria y cantante.
Al fin y al cabo, Estados Unidos no sólo habia sido el país salvador de la economía europea con el famoso Plan Marshall de la posguerra, sino que sostenía la mayor parte del gasto de defender el subcontinente occidental, no sólo en términos de tropas y equipos, sino de capacidad estratégica y de disuasión.

Pero ese esquema empezó a resquebrajarse con el crecimiento de la economía de los paises miembros, que comenzaron a adquirir cada vez más importancia y a querer influir más en las decisiones de la Organización. En ese panorama el papel de Alemania Federal creció, no sólo en la medida del "milagro alemán", sino en cuanto los alemanes, que tienen en su tierra una cantidad enorme de tropas y misiles nucleares pertenecientes a Estados Unidos y a otros países de la OTAN, comenzaron a resentir que, siendo ellos los primeros afectados por un eventual enfrentamiento con el Pacto de Varsovia, carecieran de suficiente peso en las decisiones que les afectarian más que a ningún otro país.

LA PRESION ALEMANA
Ese descontento alemán se concretó desde el año pasado, cuando el gobierno norteamericano anunció su intención de modernizar los misiles tipo Lance, de mediano y corto alcance.
Las protestas se sintieron desde cuando el canciller Helmut Kohl comenzó, en gira por varios países europeos, su campaña para que no se permitiera la colocación de misiles adicionales en suelo alemán, además de impedir la modernizacion de los ya existentes.
Pero además el gobierno alemán comenzó a presionar en el seno de la OTAN para que se iniciaran en el menor término posible las negociaciones con el Pacto de Varsovia (el bloque soviético) sobre la reducción del número de esos misiles. Los Estados Unidos, por su parte, sostenían que esas conversaciones sólo eran posibles luego de terminadas en Viena las referentes a armas convencionales y a tropas y siempre que allí se nivelaran las fuerzas con los comunistas.

Pero precisamente las negociaciones de Viena se encontraban en un impasse, pues a más de la inacción norteamericana, los soviéticos insistían en incluir, dentro de las armas a reducirse, a los aviones de ataque, una posición que Washington rechazaba con el argumento de que esos aparatos se podrían devolver fácil y rápidamente a cualquier teatro de operaciones.

Por otra parte, en Alemania el asunto tenia un ingrediente adicional.
La permanencia de Kohl en el poder se basa en la alianza de su partido con los demócratas libres del ministro de Relaciones Exteriores Hans Dietrich Genscher, quien la semana pasada llegó a condicionar el apoyo de su partido en las elecciones generales de 1990 a que Kohl mantuviera una posición inflexible en el asunto de los misiles, con lo que le quitó capacidad negociadora.

EL DEBUT DE BUSH
Ese era el escenario para el debut de George Bush en la arena internacional. Para nadie era un misterio que una división en el seno de la OTAN, precisamente en la celebración de los 40 años de su existencia, sería un grave revés para los intereses norteamericanos en Europa. Por otra parte, los gobiernos de la región esperaban con ansia el contraataque de Bush, quien a todas luces habia perdido la iniciativa del desarme (y por lo tanto la bandera de la paz), a manos del líder soviético Mijail Gorbachov.

Pero Bush demostró que no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad. Desde el día anterior al comienzo de la reunión de Bruselas, Bush dejó conocer de sus colegas de Europa Occidental la propuesta de un plan de desarme destinado a contentar a los alemanes sin abandonar del todo la postura norteamericana en materia de misiles estratégicos. La oferta de Bush incluye la disminución de 30 mil hombres en las tropas norteamericanas estacionadas en Alemania, lo que significará una reducción del 10% del total de personal militar, y un 20% de la fuerza de combate. De acuerdo con la propuesta, los Estados Unidos y la URSS deberian tener un máximo de 275 mil hombres en Europa, lo que de todas maneras resultaria en recortes mayores para los soviéticos, que tienen alrededor de 600 mil hombres en Europa Oriental. Y en el aspecto clave de su propuesta, Bush anunció que Estados Unidos abandonaria la posición, inflexible hasta ahora, de incluir los aviones en las reducciones de armamento.

Con ese as en la manga Bush llegó a la reunión de Bruselas con la convicción de que, al remover los principales obstáculos de las negociaciones sobre armas convencionales podria convencer a los alemanes de la seriedad de sus intenciones de iniciar el proceso de reducción de los misiles. Y lo logró. Tras una sesión que se tomó toda la noche, el pleno de la OTAN aprobó las demandas de los alemanes para la pronta negociación de los misiles, pero en el marco de las condiciones que querian los Estados Unidos. Según el compromiso, la Organización sólo removerá las armas nucleares cuando los soviéticos hayan completado su reducción de tropas y armamento convencional.
Pero los Estados Unidos acordaron comenzar las conversaciones sobre reducción de misiles tan pronto como se consiguiera un acuerdo en principio en Viena sobre ese recorte, y el asunto de la modernización de los Lance quedó pospuesto hasta 1992.

El mayor éxito de la gestión de Bush reside, sin embargo, en que el acuerdo no contempla la eliminación total de los misiles de suelo alemán.
Según el texto del acuerdo, "las negociaciones buscarán una reducción parcial de las fuerzas nucleares soviéticas y norteamericanas hasta llegar a niveles iguales y verificables".
Al incluirse la palabra "parcial", los Estados Unidos consiguieron eliminar la opción "Triple cero", buscada por Alemania Occidental y rechazada por el gobierno inglés de la señora Thatcher. Por lo pronto, los alemanes no podrán obtener su objetivo de una Europa completamente desnuclearizada.

TODOS TAN CONTENTOS
Pero al final de la cumbre de la OTAN, la Organización había recibido un importante impulso cuando más lo necesitaba y todos parecian estar muy contentos. Bush, por su parte, debutó en el contexto internacional con una actitud de avanzada que lo colocó, a los ojos de sus colegas de Europa, en una posición más favorable frente al evidente liderazgo que aun ostenta Gorbachov en materia de desarme. Pero, además, la forma como se manejó la situación, por medio de consultas hechas por sus asesores en las principales capitales de Europa, despertó los mejores comentarios sobre la seriedad y el profesionalismo del nuevo equipo de relaciones exteriores de la presidencia norteamericana.

Algunos observadores comentaron también que la firme actitud de Bush produjo una euforia en la OTAN como no se conocia desde hace muchos años. Después de todo, las divergencias de criterio--que han llevado a crecientes enfrentamientos entre Gran Bretaña, por un lado, y Francia y Alemania, por el otro--habian demostrado que sin la iniciativa de los Estados Unidos, los aliados tienen la tendencia de inclinarse hacia sus propios intereses nacionales.

Los alemanes también quedaron contentos, y en especial el canciller Helmut Kohl, cuyo gobierno recibió un respiro con vista a las elecciones del año entrante. Pero además Alemania Occidental logró recobrar un peso especifico en el poder en la OTAN, un objetivo que era esperado con ansiedad por el electorado.

Por encima de todo eso, la mayor beneficiada podría ser la paz mundial. De cumplirse lo ofrecido por Bush, en el sentido de que las negociaciones de Viena lleguen a su final en seis meses, el panorama militar de Europa podria cambiar fundamentalmente en un par de años. Un comentarista del diario soviético Pravda lo puso en forma gráfica: "¿Que Gorbachov ha perdido la inicativa? Excelente, hagamos una competencia de iniciativas y seremos todos pacifistas".-

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