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| 12/11/1989 12:00:00 AM

ODISEA

Contra todos los pronósticos, el viejo Papandreu parece el gran vencedor en las elecciones griegas.

ODISEA ODISEA
Si hay algún ganador en las elecciones griegas es, sin duda, el destituido presidente Andreas Papandreu. Pese a la "catarsis", pese a que deberá comparecer ante un tribunal que lo juzgará por los posibles delitos de corrupción, y pese a su delicado estado de salud ,tiene muchas más posibilidades de formar gobierno que el vencedor de los comicios del pasado 5 de octubre, el conservador Constantino Mitsotakis.
Por una extraña ley electoral Nueva Democracia, el partido de Mit sotakis (el mayor partido europeo) no pudo obtener por segunda vez en menos de 5 meses la mayoría absoluta. Luego de haber obtenido un 46.43% de los votos y 148 escaños, tres más que en las elecciones del 18 de junio, no se puede dar el lujo de gobernar solo y ni siquiera con los aliados que se le antojara.
Por el contrario, el Pasok, el partido de Papandreu, consiguió el 40.67% del electorado y 128 diputados, también tres más que en las elecciones de junio; sin embargo, sí puede enorgullecerse, aunque no de gobernar en solitario, de tener que ser llamado a conformar el nuevo gobierno.
Por eso, en cierta forma, se puede afirmar que el triunfo de Mitsotakis no pasa de ser una victoria moral, mientras que la derrota de Papandreu es una victoria moral y efectiva. Sobre todo si se tiene en cuenta lo que puede pasar en los días inmediatamente posteriores a las elecciones.El Líder conservador dispone de tres días para realizar las consultas pertinentes y conformar el gobierno. De no lograrlo, el presidente de la República, Christos Sartzetakis, trasladará el encargo al segundo líder más votado Andreas Papandreu.
Lo paradójico de todo el episodio electoral griego es que el dirigente conservador, a juzgar por sus viscerales odios hacia su archienemigo socialdemócrata, está dispuesto a correr el riesgo de que Papandreu tampoco pueda conseguirlo,lo que obligaría al presidente a hacer esta misma petición al tercero más votado, es decir,al gran derrotado, electoralmente hablando, el comunista Harislaa Florakis.
Lo curioso es que si no lo logran ni el conservador ni el socialista, cualquiera de los dos podría intentarlo dejando por fuera al otro, pero necesariamente aliándose con el comunista, pues menos chance de formar gobierno tendría este último. Sólo un milagro podría hacer que fructificara cualquiera de estos intentos, pero se teme que, después de nueve días de ires y venires, el presidente de la República tendrá que recurrir al denominado "cuarto mandato": una cumbre de los tres líderes griegos en la que deberán ponerse de acuerdo, a como dé lugar, sopena de que se declaren disueltas las cámaras y lleve por tercera vez a los helenos a las urnas en menos de un año.
Pero en un momento en que Grecia no se puede dar el lujo de retrasar más la medidas económicas y políticas que debe tomar, todo parece indicar que el milagro terminará por producirlo el anciano dirigente socialdemócrata, quien, contrariamente a lo que se pudiera pensar, ha salido de estas elecciones como si se hubiera dado un buen baño. No sólo obtuvo tres escaños más, sino que el hecho de que e] electorado griego no le hubiera dado una paliza se interpreta en las actuales condiciones como si se las hubiera dado a sus contendores.
Por lo menos los comunistas parecen vapuleados, quienes bajaron de 28 a 21 diputados;se nota que los electores no les perdonaron su maridaje con los conservadores.Ahora, las fuerzas de izquierda verán un pugilato de señalamientos entre Harislao Florakis, el dirigente de viejo cuño del Partido Comunista del Exterior, y Leonidas Kirkos, eurocomunista número uno del Partido Comunista del Interior, quienes vieron como los votantes pueden no querer corrupción, pero mucho menos están dispuestos a aguantarse el oportunismo.
No es posible que haya peor penitencia para los comunistas griegos que la de gobernar con un hombre al que se quiere ver en la cárcel.Tal vez por esta razón hayan terminado proponiendo una fórmula que parece un poco más decente frente al electorado de izquierda."Estamos dispuestos a colaborar con el Partido Socialista, pero si ellos se hacen una autocatarsis", que en el fondo significa alianza con el Pasok pero sin Papandreu. Cosa que terminará en un decir,por que lo que se ve es que la retirada del líder y fundador del partido socialdemócrata se presenta, ahora más que nunca, como un hecho imposible.
En todo caso, el gobierno depende más de la izquierda que de la derecha. Porque, a diferencia de lo que le sucede a Mitsotakis, la hipotética alianza entre socialistas y comunistas no se vería tan atada de pies y manos a la hora de conseguir los 151 parlamentarios que le darían la mayoría absoluta (en total son 300).
Y si los socialistas suman sus 128 votos a los 21 de los comunistas lograrían 149, uno más que los conservadores y a sólo dos de obtener el control mayoritario del Parlamento. Por otro lado, si se tiene en cuenta que el nuevo diputado verde tiene inclinaciones izquierdistas y que el corazón del diputado independiente está de lado de Papandreu, quien lo nombró ministro de Defensa en el pasado, el nuevo gobierno tiene un sello: la alianza Pasok-comunistas.
Sin embargo, en el mejor de los casos, si alguien logra reordenar este salpicón griego y puede formar un gobierno, tiene de todas formas sus días contados. En marzo próximo se deberá elegir al nuevo presidente de la República y la actual peripecia de conseguir 151 votos para una misma causa será un juego de niños al lado de los 180 parlamentarios que se requieren para designar un nuevo jefe de Estado. Lo que en otras palabras significa que Grecia está condenada a no salir de la contienda electoral.

EDICIÓN 1893

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