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| 7/27/1998 12:00:00 AM

OTRO CHIAPAS

En Lumaco, al sur de Chile, tierra de los indios mapuches, se puede estar incubando un problema como el de México.

OTRO CHIAPAS OTRO CHIAPAS
El lunes de la semana pasada miles de indígenas mexicanos realizaron marchas de protesta en Chiapas, Yucatán, Puebla y el Distrito Federal, exigiendo el cese de la violencia contra sus comunidades y un duro castigo para los autores de la masacre en la que perdieron la vida 45 de sus miembros hace cerca de seis meses. Ese mismodía el llamado Ejército Popular Revolucionario (EPR) mató a tres soldados del Ejército mexicano en el estado de Guerrero. Once días atrás una patrulla del Ejército había dado de baja a 11 guerrilleros. Los sucesos ocurridos en los últimos días demuestran que la confrontación armada que vive México desde el surgimiento del Ejército Zapatista en la región de Chiapas _y que se extendió luego a otros sectores del país_ está lejos de ser controlada y que Colombia no es el único país que vive este tipo de conflictos en América Latina. Lo que pocas personas saben en es que miles de kilómetros al sur, en la pacífica Chile, se puede estar incubando un problema similar al de Chiapas. En Lumaco, una zona campesina distante 600 kilómetros de Santiago de Chile, los indígenas se han levantado para exigir la devolución de las tierras que por generaciones pertenecieron a sus pueblos y que hoy son propiedad de grandes consorcios transnacionales de empresas forestales. "La tierra robada será recuperada" es el grito de guerra de las comunidades mapuches que habitan la región. Los mapuches se han levantado contra las empresas forestales y el Estado de Chile, al que no reconocen como propio, generando en el gobierno una gran inquietud por las insospechadas consecuencias que puedan tener las tomas de tierras por las comunidades indígenas. Y, sobre todo, por la decisión anunciada por sus líderes de alzarse en armas si es necesario para defender lo que, según ellos, les corresponde por derecho propio. Aunque en años anteriores se habían presentado movilizaciones de campesinos mapuches en pro de la recuperación de sus tierras ancestrales, tales movilizaciones habían tenido un carácter pacífico y habían sido canalizadas a través de las instituciones creadas por los gobiernos democráticos. Pero eso cambió en enero del presente año. Un grupo de indígenas armados asaltó y quemó tres camiones cargados de ricas maderas de exportación y cuatro torres de madereo. El grupo cortó los caminos forestales y se tomó el fundo El Rincón, de propiedad de la mayor empresa procesadora de celulosa, la Compañía Manufacturera de Papeles y Cartones. Reacción empresarialLos empresarios forestales, agrupados en la Corporación de la Madera (Corma), calificaron estos actos como un atentado contra el Estado de Derecho y dijeron que de seguir la inseguridad en la zona se creará un estado de inestabilidad que hará poco viable la inversión en la región de la Araucanía. Según la Corma las pérdidas en los diversos enfrentamientos superan el millón de dólares, cifra que no cuantifica las pérdidas por paralización de faenas. Los indígenas acusan a las empresas no sólo de la adquisición fraudulenta de tierras, sino también de haber talado los ricos bosques nativos de selva húmeda templada _plantando pinos en su lugar_, con el consecuente proceso de decertifización de la tierra y eliminación de los cursos de aguas indispensables para la subsistencia humana. Pero los mapuches están en pie de guerra no sólo contra los empresarios forestales. También han comenzado a tomarse tierras de poderosos agricultores de la región de la Araucanía, a quienes acusan también de robarles sus tierras. Y eso ha agudizado considerablemente el conflicto. Según declaró a SEMANA Manuel Riesco, vicepresidente de la poderosa Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), "los agricultores no nos quedaremos para quejarnos. Estas son nuestras tierras, las que nuestras familias trabajaron y que sirvieron en el siglo pasado para alimentar con trigo a California para que explotara el oro. Aquí hay mucho descontento con el gobierno y con la forma en que éste ha tratado el problema de los indígenas. Por eso, si a algún agricultor se le pasa la mano en defensa de sus tierras, no será culpa nuestra. Los agricultores siempre hemos tenido armas para defender nuestras tierras, y aquí hay una ley de legítima defensa personal, que estipula que cualquiera que invade propiedad privada puede ser baleado y terminar muerto. Pues bien, esa ley la vamos a aplicar".
Al margen de la Ley
El gobierno, inquieto por la rebeldía organizada de las comunidades indígenas, trató de minimizar la situación diciendo que detrás de los grupos indígenas se escondían activistas políticos de ultraizquierda. Y decidió aplicarles la Ley Antiterrorista. El resultado fue la detención de varios líderes indígenas por violación de la Seguridad Nacional, la ocupación por la Policía uniformada de los territorios mapuches durante casi un mes y, por supuesto, una mayor efervescencia en la zona. La situación se tornó tan explosiva que una comisión compuesta por conocidos dirigentes nacionales viajó a la zona para enterarse de lo que ocurría. Un miembro de la comisión, el abogado experto en derechos humanos Nelson Caucoto, precisó la situación a SEMANA: "Lo que allí sucede es grave, más aún cuando el gobierno no quiere escuchar y acusa de infiltración de grupos terroristas a un movimiento que es puramente indigenista. Allí suceden cosas graves, como la creación de milicias blancas por parte de agricultores y empresarios armados. Allí son, a simple vista, violados los derechos de los mapuches, que viven en condiciones infrahumanas. Lo que yo creo, y fue lo que comentó la Comisión, es que tenemos en el pueblo mapuche una toma de conciencia de su cultura, de sus valores y sobre todo de sus derechos. Creo que es el germen de un posible Chiapas". Pero la historia no quedó allí. El encarcelamiento de los campesinos indígenas de Lumaco no logró el objetivo de atemorizar a las comunidades mapuches de la Araucanía. El Consejo de Todas las Tierras, que dirige Aucán Huilcamán _a quién han llamado el 'Subcomandante Aucán', en referencia al 'Subcomandante Marcos' de Chiapas_, se puso en pie de guerra y decidió plantear la recuperación de todas las tierras mapuches.Aucán, de 31 años de edad _reconocido como un hombre pragmático pero inamovible en su lucha por la independencia de la nación mapuche_, es criticado tanto por la derecha política como por la izquierda por mantener su independencia ideológica. Según él, su lucha "no tiene que ver con la lucha por el poder de los blancos, que llevan siglos dominando a los pueblos autóctonos".
Su propia nación
La pelea mapuche, que comenzó por recuperar tierras para mejorar sus condiciones de extrema pobreza, ha derivado en efecto a un punto más álgido al plantearse la recuperación de lo que los mapuches llaman "su naciona-lidad". La aspiración se puede resumir en una frase de Aucán: "Las leyes que se aprueben para la sociedad no mapuche, no pueden ser válidas para los pueblos que no tienen la misma cultura". Eso los ha llevado a desconocer lo que los mapuches llaman la legalidad "huinca", término mapuche que significa hombre blanco, y a la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, Conadi, entidad creada a comienzos del gobierno democrático de Patricio Aylwin con el fin de tratar de resolver algunos de los graves problemas de propiedad de la tierra.Por eso, a pesar de que las ocupaciones de terreno parecen haber disminuido ante la amenaza directa de los agricultores de la zona de defender con armas sus tierras y de la disposición del gobierno a negociar para dilatar el conflicto en estos dos últimos años que le quedan por delante, en la región de la Araucanía se dice que los vientos que soplan en la zona de Lumaco no son más que una brisa frente a lo que puede venir.

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