Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 2/12/2006 12:00:00 AM

Palabras al viento

La visita de Condoleezza Rice a Europa despejó pocas dudas sobre las operaciones secretas, las detenciones arbitrarias y la tortura en medio de la guerra contra el terrorismo.

Palabras al viento Palabras al viento
La reunión entre dos de las mujeres más poderosas del mundo, la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y la nueva canciller alemana, Angela Merkel, prometía inaugurar una nueva era en las relaciones de los dos países, enfriadas por la oposición del gobierno de Gerhard Schröder a la invasión de Irak. Pero no hubo el acercamiento que Merkel había ofrecido durante su campaña. El encuentro del martes terminó en declaraciones contradictorias sobre los temas que persiguieron a Rice durante su gira europea de cuatro días: la red de prisiones secretas de la CIA, la captura ilegal de sospechosos de terrorismo, los vuelos fantasmas sobre territorio europeo para transportarlos a terceros países para ser interrogados y las torturas practicadas contra ellos. Merkel habló abiertamente en la conferencia de prensa de temas que Rice consideraba confidenciales, como los vuelos de la CIA, y aseguró que la administración Bush había admitido su error al capturar a Khaled al-Masri, un ciudadano alemán de origen libanés que asegura haber sido secuestrado en 2003 mientras se encontraba de vacaciones en Macedonia y llevado contra su voluntad por cinco meses a Afganistán, donde habría sido torturado. Al-Masri presentó una demanda contra el ex director de la CIA George Tenet y otros funcionarios, en una corte de distrito en Virginia. Una sorprendida Rice se limitó a decir que si se habían cometido errores en la guerra contra el terrorismo, serían corregidos, sin ninguna alusión específica, y que Estados Unidos "no permite, tolera o aprueba la tortura bajo ninguna circunstancia". Desde que abordó el avión, Rice sabía que la iba a recibir un ambiente hostil; parte de su misión era apagar el incendio. Pero poco caló su mensaje, fragmentado por su negativa a contestar varias preguntas, según la reacción de la prensa. Der Spiegel, el semanario que reveló que los 'vuelos fantasma' en Alemania serían 437, resumió los editoriales de los diarios bajo el título "¿Alguien le cree a Condoleezza Rice?". Al final de su gira, la funcionaria condenó el trato cruel dentro y fuera de Estados Unidos. Esto le bastó para que los ministros de exteriores de la Otan se dieran por satisfechos, pero lo cierto es que su semana europea resolvió más bien pocas dudas sobre las operaciones secretas. Y es que el caso de al-Masri es sólo uno de varios que han salido a la luz pública en los últimos meses. El escándalo subió de tono con la denuncia del Washington Post, el 2 de noviembre, sobre la red de prisiones secretas de la CIA, ubicadas en ocho países que incluirían a Polonia y Rumania, aunque sus gobiernos lo niegan. A estos 'sitios negros' se suman las denuncias de vuelos para transportar sospechosos que, según Amnistía Internacional, llegarían a 800 en varios países europeos, desde España hasta Suecia. El tema ha tomado tal fuerza en el Viejo Continente, que la Unión Europea amenazó con retirarles el voto a los países miembro que hubieran consentido estos excesos y en Gran Bretaña la Cámara de los Lores decidió que la información obtenida a través de la tortura en cualquier lugar del mundo no podrá ser usada en las cortes. En el fondo está el tema de la tortura de estado que el gobierno Bush ha consentido en su propósito de combatir el terrorismo bajo la idea de que el fin justifica los medios, sin importar si se violan los estándares éticos y legales que soportan la identidad estadounidense. Esa posición genera críticas que llegan no sólo de Europa, como lo mostró el editorial del Washington Post sobre la gira de Rice. "Lo que ella no explicó es que, bajo la excéntrica definición de 'obligaciones estadounidenses' de esta administración, el tratamiento cruel, inhumano y degradante no está prohibido siempre y cuando no ocurra en territorio norteamericano. Esa es la razón para las prisiones secretas que la CIA ha establecido en países europeos y otras locaciones alrededor del mundo, y para la 'rendición' de detenidos a países como Egipto y Jordania: así la administración puede violar el mismo tratado que Rice afirma estar defendiendo", aseguró el diario. Washington niega el uso de la tortura, pero simplemente porque ha hecho un esfuerzo por acomodar el término a sus necesidades. La definición internacional habla de infligir un "dolor severo"; en la visión del gobierno Bush los interrogatorios que usan técnicas como abofetear al prisionero, dejarlo parado por más de 40 horas negándole el sueño e incluso producirle la sensación de que se va a ahogar son prácticas legitimas, pues el dolor no es "severo". Las críticas a esta nueva filosofía se sustentan, además de los argumentos morales, en los prácticos, pues la información obtenida por estos medios no es confiable. Ese es uno de los puntos por los que el senador republicano John McCain, ex prisionero de guerra sometido a torturas en Vietnam, presentó una enmienda que acabaría con las ambigüedades y prohibiría los abusos contra sospechosos, sin importar el lugar donde se encuentren. Después de su paso por el Senado, el Congreso lo está debatiendo con amplio respaldo, a pesar de los esfuerzos del vicepresidente Dick Cheney para que la CIA esté exenta de está prohibición. Como afirmaba el editorial del Post, bastaría con el apoyo de Bush a la enmienda para resolver gran parte de la controversia. Y de paso les daría credibilidad a las devaluadas palabras de Rice la próxima vez que declare que, en la guerra contra el terrorismo, Estados Unidos no apoya la tortura.

EDICIÓN 1894

PORTADA

Los secretos de la red de espionaje

SEMANA revela detalles y conversaciones desconocidas de la organización de chuzadas ilegales más grande descubierta en el país. Las víctimas eran empresas, funcionarios públicos, miembros de las Fuerzas Militares y particulares.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1894

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.