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| 11/25/2006 12:00:00 AM

Papá lo sabe todo

George W. Bush recurre a los asesores de su padre para tratar de salvar el balance histórico de su Presidencia.

Papá lo sabe todo El presidente George W. Bush con su padre hace algunos meses, en la boda de unos parientes, en la iglesia de St. George, cerca de la Casa Blanca
La Casa Blanca de George W. Bush nunca será la misma desde la derrota de su partido republicano en las elecciones congresionales. El golpe que recibió el Presidente cambió el panorama, sobre todo en cuanto al tema de Irak que, según las encuestas, fue el que más motivó a castigar al gobierno. El resultado fue tan demoledor, que para salvar su administración, Bush se vio obligado a recurrir a su papá.

Resulta muy diciente que el hijo haya decidido incorporar a su gobierno a algunos de los hombres cruciales en la administración de su padre. Uno de ellos es Robert Gates, un antiguo jefe de la CIA que será el nuevo secretario de Defensa. Y el otro es nada menos que James Baker III, el secretario de Estado de Bush senior, un diplomático a quien muchos consideraban el verdadero poder en ese entonces.

Nadie sabe hasta qué punto el viejo Bush le dictó a su hijo lo que tenía que hacer para dar un timonazo hacia una salida honrosa de Irak. Como dijo a SEMANA Allan Saxe, reconocido analista de la Universidad de Texas, "con certeza ayudó a traer a Gates. Bush padre lo negará, dirá que ha tenido poca influencia, y tal vez sea cierto. Pero ahora, con los problemas de Irak, su equipo está de vuelta. Baker, Gates, y el ex consejero de seguridad Brent Scowcroft, el mentor de Condoleezza Rice".

Baker es codirector de la Comisión de Estudio de Irak, un cuerpo bipartidista que el Congreso creó algunos meses, cuando se hizo evidente que la situación en ese país se hacía cada vez más difícil. La diferencia es que hasta las elecciones, lo que ese comité recomendara estaba destinado a dormir en alguna gaveta. Hoy la expectativa por sus conclusiones es enorme, y se da por descontado que una de ellas, la más importante, será sorprendente.

Se trata de aproximarse a dos de los miembros del 'Eje del Mal' declarado por George W. Bush cuando lanzó su guerra contra el terrorismo: Irán y Siria. La idea es convencer a los gobiernos de Damasco y Teherán, que han contribuido a armar las facciones que se matan entre sí en Irak, de que la anarquía y la disolución de ese país no les conviene a ninguno. Así, y a cambio de concesiones comerciales o políticas, Washington esperaría que ejercieran su influencia, Irán sobre los chiítas y Siria sobre los sunitas, para pacificar el país. Entre tanto, Washington debería redoblar sus esfuerzos por conseguir la paz entre israelíes y palestinos, como tema central del conflicto de Oriente Medio.

Ese viraje muestra algo más: que Estados Unidos ya no buscaría 'democratizar' a Irak, el propósito inicial de la invasión, aparte de destruir las inexistentes armas de destrucción masiva y derrocar a Saddam Hussein, sino en primer lugar estabilizar la situación y conseguir una salida pragmática. Eso, en otras palabras, es el regreso al primer plano de la diplomacia de la tendencia 'realista', uno de cuyos principales ideólogos es el ex secretario de Estado Henry Kissinger. Esta tendencia dominó durante la Presidencia de Bush papá, y había sido enviada al cuarto de San Alejo por George W. en 2000.

Los perdedores son los neoconservadores que se tomaron la política exterior de Bush hijo. Los 'neocons' son un curioso grupo que, según analistas que los han estudiado a fondo, como Michael Lind, tienen sus raíces remotas en el trotskismo judeo-norteamericano de los años 30 y 40, que hicieron una metamorfosis al liberalismo anticomunista entre los 50 y los 70, y terminaron convertidos en una derecha imperial y militarista sin antecedentes en la historia norteamericana. Hoy su punto de encuentro es el American Enterprise Institute, su inspiración es el partido Likud israelí, su declaración de principios es un documento de los años 90 titulado 'Proyecto para el nuevo siglo norteamericano' (Pnac, por su sigla en inglés), y sus medio de difusión son la cadena Fox, de Rupert Murdoch, y su revista Weekly Standard (WS), además de muchos otros medios.

Sus principales exponentes son, por ejemplo, el vicepresidente, Dick Cheney; el destituido ex secretario de Estado Donald Rumsfeld; el jefe de política para el Oriente Medio, Elliot Abrams; John Bolton, embajador ante la ONU,;Paul Wolfowitz, ex subsecretario de Defensa promovido a presidente del Banco Mundial; el ideólogo Richard Perle, y William Kristol, editor de WS. Su ideología se basa en que Estados Unidos debe ejercer su poder omnímodo, incluidas las 'guerras preventivas', para moldear el mundo a su conveniencia, en función de diseminar la democracia por cualquier medio y de proteger agresivamente a Israel. El Pnac ya clamaba, varios años antes de los atentados del 9-11, que Estados Unidos debía invadir a Irak, algo muy diciente si se tiene en cuenta que finalmente ello se hizo contra viento y marea.

Ya son muchos los analistas que dudan de si George W. Bush entendió alguna vez la gravedad de dejar que ese grupo de extremistas manejara su política exterior. Pero nada indica que el regreso de los 'realistas' signifique una política más benévola ante el mundo. Al fin y al cabo, esa 'vieja guardia' que no basa su accionar en el 'idealismo', sino en el pragmatismo, es la de Kissinger, acusado hoy de crímenes de lesa humanidad por su manejo desalmado de la política internacional. Y es la misma que contribuyó a crear la situación que llevó a los ataques de Osama Ben Laden. Sostener regímenes tiránicos y establecer bases en Arabia Saudita, la tierra sagrada del Islam, han sido parte de los argumentos con los que el terrorista ha justificado su ataque contra Estados Unidos. Los amigos de papá harán todo lo que puedan por salvar la Presidencia de Bush Jr. Pero de ahí a que su regreso a Washington sea una buena noticia, no es tan claro.

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