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| 6/10/1991 12:00:00 AM

PASO EL SUSTO

La enfermedad de Bush hace temblar a los norteamericanos, ante la posibilidad de que Dan Quayle se convierta en su presidente.

PASO EL SUSTO PASO EL SUSTO
EL PRESIDENTE GEORGE BUSH ES UN HOMbre de acción. A pesar de que el mes entrante cumplirá 67 años, todas las semanas sin falta, dedica dos o tres sesiones al jogging, esto es, a correr durante una hora o más.
Los teleespectadores del mundo se acostumbraron ver a ese hombre más bien anciano, corriendo al frente de exhaustos agentes secretos 30 años más jóvenes que él.
Pero el sábado 4 de mayo, el exhausto resultó ser el presidente. Eran las 4:20 de la tarde en Camp David, el refugio de los Presidentes, cuando Bush detuvo su carrera. Los agentes comprendieron que algo iba mal. Dicho y hecho: el presidente, casi sin respiración, debió ser trasladado al centro médico del conjunto.
Allí, los médicos dieron su diagnóstico: fibrilación auricular.
Esa condición consiste en el funcionamiento irregular de la aurícula, en la parte superior del corazón, que regula la frecuencia de sus latidos. Cuando se presenta el corazón produce entre 150 y 200 latidos por minuto. El diagnóstico produjo preocupación, pues la fibrilación auricular es un síntoma que en ocasiones revela un ataque cardíaco o el daño de una válvula del corazón.
Trasladado al hospital naval de Bethesda, los médicos determinaron que no había danos en el corazón y que, por lo tanto, la vida del Presidente no corría inminente peligro. Bush fue tratado mediante drogas y hospitalizado durante las dos noches posteriores. Los temores de los norteamericanos parecieron disiparse cuando vieron al Presidente salir hacia su oficina el lunes en la mañana, para atender una reunión con el ex canciller soviético Eduard Shevardnadze.
Pero detrás de los chistes de Bush, los médicos continuaban preocupados. La aceleración cardíaca había regresado intermitentemente durante 40 horas, mucho más allá de lo que se esperaba, lo que aumentaba el riesgo de que se convirtiera en un problema permanente, en cuya presencia el riesgo de una trombosis cerebral es mucho mayor.
A esas alturas no se sabía si Bush continuaría siendo tratado con drogas procainamida y digoxin-, o si se aplicaría un procedimiento eléctrico, llamado electrocardioversión. Pero el mismo martes, el propio Presidente recibió con alborozo una noticia considerada buena: los exámenes tomados a Bush el domingo, señalaban como culpable a la presidencial glándula tiroides. Al salir del hospital, les contó a los reporteros que la fibrilacion será curada en unos pocos días. Una vez se corrija el problema de la tiroides, todo estará bien.
El problema, conocido como

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