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| 3/18/1996 12:00:00 AM

PAZ PERDIDA

LAS ESPERANZAS DE PAZ PARA IRLANDA DEL NORTE QUEDAN OTRA VEZ HERIDAS POR EL BOMBAZO DE LONDRES.

PAZ PERDIDA PAZ PERDIDA
A diferencia de lo ocurrido en otros lugares del mundo, la bomba que sacudió al centro de oficinas 'Canary Wharf', en el este de Londres, no dejó centenares de cuerpos mutilados ni montañas de escombros. Pero el efecto político del estruendo del viernes 9 de febrero va mucho mas allá de los dos muertos y los 400 heridos leves.Porque en esa fecha el Irish Republican Army, o IRA, la facción terrorista de los republicanos católicos de Irlanda del Norte, voló los cimientos de un difícil proceso de paz iniciado 17 meses atrás, cuando el mismo movimiento había decretado un cese al fuego unilateral. Un proceso que se basaba en la penosa construcción de la confianza mutua entre católicos y unionistas protestantes en su conflicto por el estatus constitucional de Irlanda del Norte. La explosión fue un golpe sicológico fuerte, pero de ningún modo una sorpresa. George Mitchell, un ex senador norteamericano que dirige una comisión creada para mediar en las dificultades entre las partes, había declarado en una entrevista por televisión que "parece claro que no todos en la parte republicana favorecen el cese al fuego, y el potencial de que algunos elementos tomen acción directa permanece".Mitchell sabía de lo que estaba hablando. El proceso de paz había llegado a un punto muerto cuando el primer ministro británico John Major puso como condición para iniciar conversaciones directas con el Sinn Fein (el partido de los republicanos, ala política del IRA), el desarme previo de esta organización. La comisión dirigida por Mitchell había recomendado el 24 de enero que Major flexibilizara su posición y que el desarme podría hacerse en una forma gradual a medida que los contactos progresaran.Pero no contaba con que esa exigencia era motivada por la debilidad intrínseca del gobierno de Major, que se sostiene gracias a una escasa mayoría parlamentaria de cuatro escaños y por lo tanto requiere necesariamente del apoyo de los miembros unionistas (protestantes) del Ulster. Por ello, lejos de aceptar la propuesta de Mitchell, Major añadió otra exigencia, la de que se llevaran a cabo elecciones en el Ulster para integrar un consejo regional, que sería el foro en el que se llevarían a cabo las negociaciones entre republicanos y unionistas. Una exigencia imposible de aceptar para los primeros, quienes saben que de la población solamente 650.000 son católicos frente a 950.000 protestantes. Eso parece haber sido la gota que rebosó la copa del IRA, o al menos de su facción más beligerante, que decidió romper la tregua. Como consecuencia y a pesar de que Major se apresuró a afirmar que las puertas de la paz no estaban cerradas, se rompió de un solo golpe la escasa confianza erigida entre las partes en estos 17 meses de cese al fuego. Entre otras cosas porque los republicanos ahora perciben a Major como aliado de los unionistas y por lo tanto indigno de su confianza.Por el lado contrario, el otro animador del proceso, el líder del Sinn Fein, Gerry Adams, quedó en una posición tal vez aún más difícil.Adams había conseguido que el gobierno de Estados Unidos se integrara al proceso, incluso mediante una visita muy controvertida al presidente Bill Clinton en 1994. Pero ahora está en un callejón sin salida pues si, como afirma, no sabía nada de las intenciones del IRA de poner una bomba, eso significa que tiene muy poca influencia en la organización y escasa credibilidad para negociaciones futuras. Pero si estaba consciente de los planes para la explosión, ello evidenciaría sus vínculos con terroristas y también le descalificaría como mensajero de paz.Ello ha llevado a que algunos comenten que lo que le falta al proceso de Irlanda es lo que le sobró, por ejemplo, al de Suráfrica: esto es, líderes con categoría de estadistas, capaces de mirar con sentido histórico, por encima de sus propias conveniencias coyunturales. La historiaY es que para entender cuán grande es la brecha que separa a unionistas (protestantes) de republicanos (católicos) hay que remontarse a la historia de esa isla, en la cual la influencia inglesa ha sido determinante al menos desde el siglo XII. Cuando el rey Enrique VIII separó a la iglesia de Inglaterra de la de Roma, la mayoría de los irlandeses conservó su lealtad por el Papa. Por esa razón, los católicos fueron perdiendo gradualmente sus derechos civiles hasta que, a finales del siglo XVII, quedaron reducidos a la servidumbre. Esa era, con escasas variaciones, la situación cuando Irlanda fue integrada políticamente a la moderna Gran Bretaña en 1801. Pero la situación de la mayoría católica no mejoró sustancialmente, y en 1893 nació el Sinn Fein, partido que buscaba la independencia. Los protestantes, minoría en toda la isla pero mayoría en el Ulster, se negaron a aceptar una medida de Londres destinada a dar autonomía política a Irlanda, declararon su deseo de permanecer como súbditos del Reino Unido y juraron resistir cualquier gobierno independiente que fuera reconocido en Dublín. Por eso en 1921, cuando el gobierno británico y los líderes del Sinn Fein firmaron un tratado que convirtió a Irlanda en Estado Libre (bajo la corona inglesa, al estilo de Australia) el Ulster hizo uso de la opción de permanecer como parte del Reino Unido. Fue entonces cuando apareció por primera vez el IRA, que interpretando el descontento de los católicos con la división _que los dejaba en inferioridad en Ulster_, lanzó una campaña terrorista para hacer ingobernable a éste. Esa época de violencia pasó, pero las heridas continuaron abiertas. Irlanda se convirtió en 1949 en República y cortó sus vínculos con la comunidad británica de naciones, mientras establecía constitucionalmente su reclamo por la integridad de la isla. En 1968 estallaron nuevamente enfrentamientos en Irlanda del Norte mientras los católicos establecían por primera vez un movimiento de derechos civiles. En 1970 resurgió con renovada fuerza y sevicia el IRA, y los protestantes también se organizaron militarmente. Belfast se convirtió en una ciudad dividida y sangrienta, la Beirut de Europa.

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