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| 7/14/1997 12:00:00 AM

PERO SIGO SIENDO...

En el remolino poscomunista resucitan las aspiraciones monárquicas de los herederos de los tronos de Europa Oriental.

PERO SIGO SIENDO... PERO SIGO SIENDO...
Posesionados de su mesiánico rol de salvadores, convencidos de que son los herederos naturales del poder y creyendo que todavía tienen un lugar en la historia, Simeón I de Bulgaria, Alejandro de Serbia, Miguel de Rumania, Leka I de Albania y el joven Georgui Romanov, de Rusia, desempolvan sus coronas y sus cetros. Con sus palacios y fortunas expropiadas por los regímenes comunistas, estos pretendientes reales han reaparecido en la vida de sus países, como fantasmas de otros tiempos. Los nuevos gobiernos y sus improbables súbditos los miran con la misma simpatía con la que se mira a una curiosidad de circo. Pero como en el final del siglo nada es sorprendente, en algunos países de Europa Oriental se han iniciado procesos políticos prorrestablecimiento de la monarquía, aunque sus posibilidades de éxito son, aparentemente, muy bajas. Simeón II de Bulgaria El presidente de Bulgaria, Piotr Stoyanov, se reunió hace poco con el rey Simeón II, de 59 años, quien abandonó el país en 1946 con destino a España. Stoyanov se mostró partidario de realizar un referéndum sobre el retorno a la monarquía, si así lo decide el nuevo Parlamento, elegido el 19 de abril, en el cual triunfó ampliamente su partido, la Unión de Fuerzas Democráticas, derrotando a las fuerzas comunistas. Simeón Coburgotski fue nombrado rey en 1943, luego de la misteriosa muerte de su padre Boris III. Abandonó el país a los nueve años de edad, radicándose en Madrid, desde donde siguió atentamente los asuntos búlgaros. Volvió por primera vez desde su exilio en el verano de 1996, y medio millón de personas salieron a recibirlo en Sofía. Las tradiciones reales no están muy enraizadas en Bulgaria _la monarquía sólo se instauró a fin de siglo pasado_ y los partidos monarquistas son minoritarios. Pero en todo caso la cuestión de la restauración es un tema de moda. Por ejemplo, se discute apasionadamente si debe tener corona el león que reemplazará a los símbolos comunistas en el escudo nacional. Alexander de Yugoslavia El príncipe Alexander Karadjorjevic de Yugoslavia, un elegante y acomodado hombre de negocios de 52 años, se educó en Gran Bretaña, Suiza y Estados Unidos, se graduó en la Academia Militar de Sandhurst, fue oficial del ejército inglés y campeón de ski. Con tres hijos, divorciado y vuelto a casar, atiende en sus oficinas de Londres, donde, como ahijado de la reina Isabel y tataranieto de la reina Victoria, tiene asegurada su entrada permanente al Palacio de Buckingham.Alexander nació en 1945, en la suite 212 del Hotel Claridge's de Londres, mientras que las guerrillas del mariscal Tito consolidaban su triunfo sobre el ocupante nazi, alejando las posibilidades del rey Pedro II de volver a su país. Para heredar el trono de su padre, Alejandro debía nacer en suelo yugoslavo. El gobierno inglés resolvió el problema declarando la suite del Claridge's territorio soberano de Yugoslavia. Cuando el rey Pedro II murió en 1970, Alexander decidió no tomar el titulo de rey ("¿Se imagina entrar a un supermercado y firmar los cheques como rey?", comentó al periódico inglés Times). Alexander, que ha visitado varias veces lo que queda de Yugoslavia, puede tener alguna posibilidad de volver como rey, o por lo menos eso es lo que él cree. Los dirigentes de la oposición en Belgrado, que han sacudido al régimen del presidente Slobodan Milosevic con masivas movilizaciones, han sugerido que pueden restaurar a Alexander y a la monarquía si ganan las elecciones este año. Hace poco, los tres principales dirigentes de oposición viajaron a Londres a tejer la estrategia electoral con el probable rey. Alexander ha desempolvado los libros en serbiocroata de su infancia, y como corresponde a todo candidato a rey que se precie, ha abierto su 'sitio' en la World Wide Web. Se ve a sí mismo como un monarca constitucional, al estilo de su primo lejano, el rey Juan Carlos de España, modelo de todos los candidatos a reyes del centro de Europa. Leka I de AlbaniaEn Albania, donde el ejército desapareció en un abrir y cerrar de ojos a manos de los enfurecidos ahorristas que asaltaron los cuarteles y tomaron buena parte del país antes de que una fuerza europea recuperara el control, el cuestionado presidente Sali Berisha se entrevistó hace unas semanas con Leka I, el hijo del rey Zog. Berisha prometió realizar un referéndum para restaurar la monarquía, junto con las elecciones parlamentarias de junio. Leka I tenía unos pocos días de vida cuando su padre y su madre huyeron a Grecia en 1939, en vísperas de la invasión de las tropas fascistas de Mussolini. Así concluyó la corta vida de la dinastía, que se inició cuando Zog tomó el poder en 1924, para proclamarse rey cuatro años después. Luego de la guerra en Albania se impuso el régimen comunista de Enver Hoxha, que se mantuvo hasta 1992. Leka I, de más de dos metros de estatura, habla con acento el idioma albano, además de inglés, francés, español, portugués, árabe, italiano y alemán. Exilado en Gran Bretaña, Egipto, Francia y España, se vio envuelto en escándalos de tráfico de armas que lo obligaron a abandonar este último país para dirigirse a Suráfrica, donde vivió hasta ahora. El 28 de marzo de este año el gobierno multipartidista que asumió el poder en Albania le permitió regresar luego de un fallido intento en 1993, cuando a pocas horas de llegar fue expulsado por ingresar con un pasaporte expedido por el 'Reino de Albania'. Esta vez Leka I fue recibido por miles de personas en el aeropuerto de Tirana. Michel de RumaniaMichel Hohenzollern fue el último rey rumano. Hijo de Carlo II y nieto del rey Ferdinando, gobernó desde 1940 hasta 1947, cuando el régimen comunista lo obligó a exiliarse en Suiza, donde vive hasta el momento.Después de la caída del dictador Ceaucescu en diciembre de 1989, Michael volvió en 1992 a Rumania, recibiendo un gran apoyo en Bucarest, la capital, donde unas 500.000 personas se reunieron para saludarlo.El rey Michel lleva una vida política activa y se ha convertido en una especie de vocero extraoficial, sobre todo en el tema del ingreso de su país a la Otan. En marzo de este año Michel se entrevistó con el nuevo presidente rumano, en lo que consideró nuevo paso en el camino hacia su trono perdido.El joven RomanovOchenta años atrás la dinastía Romanov era derribada del trono de Rusia después de haber ejercido el poder durante 300 años. El régimen imperial se hundió casi sin ruido durante la revolución de febrero de 1917. Espontáneas manifestaciones estallaron en Petrogrado, provocadas por la falta de pan y de carbón, mientras que el ejército alemán obligaba a retroceder a las tropas rusas en plena Guerra Mundial. El 15 de marzo el zar Nicolás II abdicó a nombre suyo y de su hijo Alexis, a favor de su hermano Miguel, que abdicó al día siguiente.En la noche del 17 de julio de 1918 Nicolás II y su familia eran fusilados en el sótano de la casa de Ipatiev, en la ciudad de Ekaterimburgo, en los Urales. Trescientos años antes el primer zar de la dinastía Romanov fue coronado en el convento del mismo nombre. Desde entonces las supuestas princesas Anastasias, los supuestos Alexei salvados por leñadores y criados en los bosques, los duques y príncipes, primos, tíos o sobrinos de Nicolás, pelean por la verdadera línea de sucesión de un trono que difícilmente pueden recuperar. Maria Vladimirovna, la hija del último heredero al trono reconocido, se hace llamar Gran Princesa y reclama que su hijo, Georgui, es el príncipe heredero. El muchacho suele fotografiarse en el esplendor del palacio de sus antepasados. Pero si en las idas y venidas de la política alguno de los reyes de Europa Central puede tener alguna posibilidad, así sea remota, de volver al poder, la suerte de los Romanov parece haber quedado bien sepultada tras siete décadas de historia soviética.

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