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| 4/13/1992 12:00:00 AM

PICANDO EN PUNTA

Clinton por los demócratas y Bush por los republicanos se acercan a ganar sus candidaturas. Pero hay interrogantes, en los primeros.

PICANDO EN PUNTA, Sección Mundo, edición 515, Apr 13 1992 PICANDO EN PUNTA
SI NO PASA NADA EXTRAORDINARI0, LOS candidatos que se enfrentarán en noviembre por la Presidencia de Estados Unidos se llaman George Bush y William Clinton. En las primarias de la semana pasada -que por abarcar 11 estados se llaman "Supermartes",-ambos lograron importantes victorias sobre sus contendientes.

Por el lado republicano, el presidente Bush obtuvo una decisiva ventaja sobre su retador, el periodista Pat Buchanan. En el lado demócrata Paul Tsongas, segundo en competencia, todavía tiene una lejana opción, pero se considera poco probable que consiga hacerla efectiva.

La carrera por la Presidencia tiene dos contendores menos en el bando demócrata: Tom Kerrey y Bob Harkin, quienes anunciaron su retiro con pocos días de diferencia. Eso hace que el último de la lista sea ahora el ex gobernador de California Edmund (Jerry) Brown, quien mantiene sus esperanzas puestas en los estados del norte.

Que Bill Clinton picó en punta es algo que ya nadie discute entre los demócratas. Cuando se cerró el supermartes, el gobernador de Arkansas había conseguido 670 delegados a la convención que tendrá lugar en Nueva York y que será la que decida según la costumbre electoral norteamericana el nombre del candidato de ese partido a las elecciones de noviembre. Los resultados fueron especialmente favorables a Clinton en el estado de Florida, que era la gran esperanza del ex senador por Massachussets Paul Tsongas. Este quedó por ahora con 350 delegados y con la conciencia de que las próximas primarias en el medio oeste, que han sido llamadas "e] Stalingrado de la campaña de Tsongas", se jugará el todo por el todo.

Para los observadores, la ventaja de Bill Clinton se basó en su capacidad para convocar al electorado de color y al blanco de ingresos medios y bajos. En Texas ocho de cada 10 negros demócratas votaron por Clinton y tres de cada cuatro en Florida. En contraste, Tsongas se vio limitado como en las pr1marias anteriores por su mensaje favorable al sector privado, que atrajo más a los sectores de mayores ingresos y nivel de escolaridad pero, por supuesto minoritarios.

En el bando republicano, el presidente George Bush consiguió en promedio las dos terceras partes de todas las votaciones. Pero aunque ello le significó derrotar por anticipado a Buchanan, también implicó un mensaje de los votantes, que aún en su bastión de Texas evidenciaron su descontento por el manejo de los asuntos económicos. Buchanan también capitalizó el rechazo de los votantes al incumplimiento de la famosa promesa de última campaña presidencial: "Lean mis labios: No habrá nuevos impuestos".

Aún reconociendo que esa tendencia se repetirá a lo largo de las primarias que faltan, los miembros del equipo de Bush siguen sosteniendo que los descontentos no dejarán de votar por él cuando llegue la hora de la verdad en noviembre. La candidatuta de Bush recibió un fuerte empujón en Florida, donde votaron por él ocho de cada 10 ciudadanos de origen hispano.

Pat Buchanan, con todo y haber aceptado que es incapaz de remontar la distancia que le separa de Bush -tiene solamente 46 delegados contra 582 de Bush- seguró que continuaría en la brega, lo cual fue considerado por muchos analistas como contrario a los intereses de su partido, así Buchanan haya asegurado que cambiará su retórica de combate por una más "didáctica", dirigida a explicar la ideología conservadora.
Con Clinton en un sólido primer lugar, los analistas piensan que los demócratas están poniéndose en manos de sus adversarios, pues la percepción general es que Clinton es demasiado "júnior" para enfrentar a un peso pesado como Bush, así éste ande por las cotas más bajas de popularidad de su presidencia: Para empeorar las cosas, Clinton es sumamente vulnerable a los ataques personales no sólo por el escándalo que se le armó por su infidelidad matrimonial y por su evasión al servicio militar en épocas de Vietnam, sino por las denuncias más recientes de asociarse con malas compañías para efectos financieros. Por eso, algunos columnistas influyentes como Stewart Udall sostienen que aún es tiempo para llamar a los pesos pesados de los demócratas, como el ex candidato a la vicepresidencia Lloyd Bentsen o el gobernador de Nueva York Mario Cuomo. Porque hasta ahora. dice Udall, los contendientes demócratas no tienen ninguna posibilidad, pues son "la cosecha más débil que se recuerde".

EL CANCER DE TSONGAS
CUANDO PAUL TSONGAS ASUMIO el liderazgo de la competencia por la candidatura presidencial del partido demócrata, al comienzo del debate, el primer sorprendido fue el propio aspirante.

Las debilidades del precandidato de Massachussets se encargaron muy pronto de bajarle del pedestal. Su postura ideológica es muy similar a la de los republicanos, pues favorece un tratamiento tributario benigno para las empresas, en busca de aumentar el empleo, y no tuvo inconveniente en declararse partidario del derecho de las compañías para contratar empleados permanentes para reemplazar a los huelguistas, lo que en otras palabras es favorecer la aparición de esquiroles.

Pero hay un factor poco mencionado, que ha jugado en silencio contra las aspiraciones de Tsongas. Se trata del cáncer que sufrió a mediados de los años 80 y que pende sobre su figura presidencial como una espada de Damocles. En una sociedad tan consciente de lo físico, el estado de salud del presidente tiene aún mayor importancia que en otras democracias. Tsongas insiste en que está completamente curado pero el margen de dudas, con todo y ser estrecho, pesa exageradamente en la decisión de los electores.

Su problema comenzó una mañana de 1983, cuando detectó un abultamiento en la ingle que resultó ser un ganglio linfático inflamado. Los exámenes indicaron que el entonces senador sufría un tipo de linfoma, un cáncer que ataca el sistema inmunológico. Tsongas abandonó el Congreso y entró a un grupo que recibiría un tratamiento experimental en el Instituto de Cancerología Dana Farber, en Boston, que le declaró curado en 1987. Pero como el procedimiento es tan nuevo, no hay estadísticas exactas sobre la recurrencia del mal en cinco años.

La investigación experimental dividió el grupo de 114 pacientes en dos grupos iguales, uno de los cuales estaba compuesto por quienes tenían células detectables con cáncer después del tratamiento. Tsongas calificó en el segundo grupo, en el que hubo tres recaídas. Una cosa y otra hacen pensar a los médicos que hay un 90 por ciento de posibilidades de que Tsongas no sufra la reaparición de la enfermedad. Pero eso parece ser demasiado para los norteamericanos, que quisieran para la Casa Blanca un inquilino perfecto, por lo menos en lo físico.

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