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En su primer encuentro en el Vaticano, Macron y el papa Francisco se reunieron durante más de una hora en una cita antecedida por una crisis diplomática entre los países europeos. - Foto: Tomada de Twitter: @EmmanuelMacron

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En medio de tensión con Italia, Emmanuel Macron se reunió con el papa Francisco

El Sumo pontífice se reunió este martes con el mandatario Emmanuel Macron, en su primera visita a la Santa Sede. La crisis política en torno a la migración en Europa precedió el encuentro que duró casi una hora.

El papa Francisco estrechó la mano del presidente francés en la entrada de la biblioteca del Vaticano. Macron estaba acompañado por su esposa Brigitte. Antes del encuentro, Macron desayunó con la comunidad de laicos católicos San Egidio, muy implicada en la acogida de migrantes y organizadora de "corredores humanitarios" que trae a Europa a refugiados sirios.

Durante el encuentro, a los líderes se les vio saludarse con afecto mientras sonreían. Los medios lograron captar lo que pareció ser una reunión llena de cordialidad. Sin embargo, el encuentro estuvo antecedido por la división en los países europeos sobre la estrategia a seguir frente a la crisis de los migrantes. Macron ha protagonizado recientemente un cruce diplomático con las nuevas autoridades italianas, en particular con el ministro de Interior, Matteo Salvini, líder de la Liga (extrema derecha), que defiende una línea dura con los migrantes que intentan llegar a las costas italianas cruzando el Mediterráneo y critica la arrogancia y el egoísmo de Francia en el tema migratorio.

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Ante la crisis política en torno a este tema, la opción de blindar las fronteras exteriores de la Unión Europea (UE) aúna el consenso de los países del bloque, con un abanico de diferentes propuestas sobre la mesa. Los europeos buscan cerrar las puertas a los "migrantes económicos", esencialmente africanos y que no tienen derecho al asilo, y regular las vías de llegada de aquellos con posibilidades de lograr la protección, como los sirios.

Francia y España propusieron crear "centros cerrados" de internamiento en suelo europeo, dotados "de medios europeos", en donde los migrantes deberían esperar el resultado de su solicitud de protección internacional, una opción a la que siempre se ha opuesto Italia.

Para París, estos centros serían una solución al fenómeno de los "movimientos secundarios", es decir el desplazamiento de solicitantes de asilo entre los diferentes países de la UE y que ha creado tensiones entre los socios y puso en jaque el gobierno de coalición alemán.

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El gobierno francés defendió que este sistema permitiría "una solidaridad financiera inmediata, una instrucción rápida de los casos y una solidaridad europea, para que cada país asuma de manera organizada las personas que tienen derecho al asilo".

Mientras tanto, el papa Francisco ha interpelado regularmente a los dirigentes de la Unión Europea sobre los migrantes, que tiene la obligación de "acoger, acompañar, albergar e integrar", según él, sin distingir entre refugiados y migrantes económicos. La semana pasada estimó además que era necesario "invertir de manera inteligente para darles trabajo y una educación" en sus países de origen.

En un discurso a principios de abril en la Conferencia Episcopal de Francia, Macron dijo querer "reparar" el "vínculo" entre la Iglesia católica y la República francesa, "dañado" los últimos años en particular desde la adopción de las bodas homosexuales en 2013.

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Este discurso despertó numerosas críticas en Francia mientras que el episcopado lo calificó como un discurso que refunda las relaciones entre los católicos y la República. El presidente francés no escapará de la tradición. Concluída su visita al Vaticano, saldrá con el título de "primer y único canónigo de honor" de la Basílica de San Juan de Letrán, una tradición que remonta al siglo XVII y al rey Enrique IV.

El último presidente francés en plegarse a esta tradición fue Nicolas Sarkozy, que lo hizo en diciembre de 2007. Entonces provocó polémica con su discurso en el que elogió la fe y las raíces cristianas de Francia. Macron por su parte, creció en una familia no creyente, pero por su propia voluntad se mandó a bautizar cuando tenía 12 años. Hoy se describe como agnóstico.

La visita a la Santa Sede también contempla reuniones con el secretario de Estado, Pietro Parolin, el primer ministro de facto del Vaticano, y asistirá a una ceremonia en su honor en la basílica San Juan de Letrán en Roma. 

Al finalizar el encuentro con el Sumo pontífice, el joven mandatario francés se despidió del papa Francisco con un discreto beso que el líder de la Iglesia Católica no rechazó. 

Con información de AFP...