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| 12/10/1990 12:00:00 AM

RAMA ES RAMA

Los conflictos religiosos amenazan la unidad del país.

RAMA ES RAMA RAMA ES RAMA

La guerra de las religiones amenaza con desestabilizar radicalmente el mapa político de la India Los enfrentamientos de las últimas semanas no sólo costaron casi 300 vidas entre los fieles hindúes y musulmanes sino también la caída del primer ministro V.P. Singh. El pasado 30 de octubre, hordas de fanáticos hindúes llegaron hasta la mezquita de Babri situada en Ayodia, una pequeña ciudad del Estado de Uttar Pradesh. Después de romper el cerco policial, la emprendieron con barras de hierro contra el santuario musulmán, porque según su religión, ese es el lugar donde nació Rama, la septima encarnación del dios Visnú .

La acción recuerda el conflicto entre musulmanes y judios en torno de la mezquita del Monte del Templo en Jerusalén. Los hindúes exigen la demolición del santuario islámico para erigir otro dedicado a Rama. Es por eso que Advani, líder del Partido Bhartiya Janata, pensaba llegar a Ayodia el pasado 30 de octubre, donde lo recibirían decenas de miles de hindúes. Pero vio frustrado su propósito cuando fue detenido bajo la acusación de instigar la guerra de religiones.

La ola de violencia se extendió por 6 de los 25 Estados. La población musulmana respondió con la quema de viviendas y templos hindúes. En la provincia de Jammu y Cachemira, zona de conflicto permanente entra la India y Pakistán, más de cien personas resultaron heridas en luchas.

Estas luchas han cubierto de muertos la historia reciente de la India. El año pasado otra marcha sobre la ciudad santa de Ayodia acabó con dos mil muertos a lo largo del país. En 1984, varios miles de sikhs fueron asesinados en Nueva Delhi y otras ciudades como represalia tras el asesinato de la primera ministra Indira Gandhi a manos de sus guardaespaldas, también sikhs. Y en lo que va del año más de cuatromil indios han muerto como resultado de la intransigencia entre cultos.

A pesar de todo, la detención del líder fanático hindú produjo la destitución inmediata del primer ministro centrista, Vishwanath Pratap Singh, poco antes de cumplir una año en el gobierno. La retirada de los 86 diputados hindúes dejó sin piso al gobierno indio que se había mantenido durante los últimos 11 meses gracias a una coalición, considerada contra natura. El partido de Singh, el Janata Dal, englobado en el Frente Nacional (143 diputados) contaba con el apoyo en el parlamento del Frente de Izquierda (52 escaños) y de los derechistas hindúes del Bhartiya Janata.

La división entre musulmanes e hindúes se ha convertido en un asunto de rentabilidad política. De los 850 millones de indios, un 80 por ciento abraza el credo hindú y un 12 por ciento son seguidores del Islam. El país, con una constitución laica, ha intentado siempre mantener separados a la Iglesia y al Estado. De repente, el Partido Bhartiya Janata ha lanzado a los cuatro vientos la idea de Hindu Rahstra o nación hindú, en donde el único credo sería el hinduismo. "El único lugar para los musulmanes es Pakistán o el cementerio", exclaman los seguidores del fanático Advani, quien en las elecciones de 1989 experimentó un crecimiento sorpresivo al pasar de dos a 86 diputados.

El episodio de las batallas religiosas ha cambiado las alianzas entre partidos. Mientras tanto, todo apunta a que el poder quedará en manos de la facción disidente del Janata Dal encabezada por Chandra Shekmar, quien podría ocupar la jefatura del gobierno con al apoyo del partido del ex primer ministro Rajiv Gandhi. Desde esa posición, el hijo de Indira Gandhi, podría iniciar de nuevo el camino para ocupar el sillón de primer ministro.

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