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| 11/13/1989 12:00:00 AM

RAPSODIA HUNGARA

Con aires de perestroika, el régimen de Budapest da un paso firme hacia la democracia.

RAPSODIA HUNGARA RAPSODIA HUNGARA
"Brindo por la muerte de Marx", dijo el hombre, levantando su copa en medio de un elegante banquete en Budapest. Expresiones semejantes a la anterior - que se le oyó a un hombre de ciencia húngaro, miembro del partido - hubieran sido un desatino hace sólo unos cuantos meses. Hoy, sin embargo, son comunes a lo largo y ancho de Hungría.

Todo indica que los húngaros están consiguiendo, 33 años más tarde y sin derramar una gota de sangre, lo que buscaron y perdieron en las cruentas jornadas de 1956, cuando de la mano del popular Imre Nagy fueron los primeros en ensayar la salida democrática.

Porque lo que sucedió la semana pasada en el Congreso del Partido Socialista Obrero Húngaro tiene la trascendencia indudable de una revolución. Los observadores internacionales coinciden en que la autodisolución de ese partido comunista - y la constitución, a renglón seguido, de un partido socialista de corte oesteeuropeo-es más de lo que hubiera imaginado un futurista loco en los primeros años 80.
La profunda revisión de la naturaleza misma del partido húngaro, se presentó como una consecuencia lógica de la apertura decretada por el gobierno de Budapest, que anunció la celebración en junio de 1990 de elecciones libres y pluralistas.

Todos los cuatro miembros de la dirección colegiada, pero sobre todo el presidente Reszo Nyers, habían sido claros en que ante la perspectiva de enfrentar unas elecciones libres, la imagen del partido comunista debería cambiar, sopena de ser ampliamente derrotado en los comicios. El ejemplo de Polonia resultaba claro. Allá, si no hubiera sido porque el régimen se aseguró lo escaños de antemano los comunistas hubieran quedado sin representación alguna y sin mecanismos para influir en los destinos del país.

"Debemos pensar qué clase de partido queremos. No puede ser comunista y tampoco puede ser simplemente un partido social demócrata. Debemos buscar una síntesis a ser creada de la conjunción de tradiciones, valores y prácticas de la social democracia y el comunismo" dijo Nyers en el discurso inaugura; del Congreso. Las modificaciones que propuso no se quedaron atrás. El nombre del partido debería cambiar para adoptar otro que ampliara sus perspectivas sociales y permitiera el establecimiento de relaciones con otros partidos socialistas y social demócratas. Para el mayor escándalo de los ortodoxos, la propuesta propendía por establecer relaciones con la Internacional Socialista el mayor hereje ideológico para el Partido Comunista Soviético.

Luego de varios días de deliberaciones el Congreso votó, por 1.005 votos a favor y 159 en contra, la disolución del Partido Socialista de los Trabajadores de HunBia e inmediatamente la fundación del nuevo Partido Socialista Hungaro.

Tras el cambio de nombre, que lo aparta de la nomenclatura oficial de los partidos comunistas de Europa Oriental, el nuevo partido no tendrá los tradicionales Politburó y Comité Central, sino un presidium de 15 a 21 miembros y un comité nacional de 150. Al contrario de la práctica comunista, el comité nacional no será escogido por el Congreso del partido, sino mediante consulta popular con todos los miembros de la colectividad. Pero, sobre todo, el nuevo partido tiene en sus estatutos el compromiso a favor de una economía de libertad de mercado y de democracia parlamentaria al estilo occidental.

Semejantes reformas produjeron de inmediato toda clase de reacciones. Los sectores más ortodoxos del nuevo partido dejaron saber sus intenciones de crear una disidencia, como la propuesta por el movimiento Plataforma de Unidad Marxista, que urgió a los "verdaderos" comunistas a no afiliarse al nuevo partido. Pero eso no es sorpresa. Según los cálculos de Nyers y del otro adalid de las reformas, Imre Poszgay, una reforma de esa naturaleza llevaría a que por lo menos un tercio de los 725 mil miembros del antiguo partido prefiriera quedarse como estaba.

Pero con la escogencia sorpresiva del propio Nyers como candidato para la presidencia de la república, los más liberales sintieron que el cambio no había sido lo suficientemente radical. Nyers es un viejo político con antiguos vínculos comunistas, lo que hace que para algunos no resulte lo suficientemente avanzado. Pero, de una u otra forma, al final de la jornada el aparato partidista húngaro, con el nuevo nombre, parecía haber ganado fuerza como alternativa frente a los grupos independientes. El paso estaba dado. Hungría conservará, de momento, sus vínculos estratégicos y económicos con la URSS. Pero el futuro ya nadie lo puede controlar.

EDICIÓN 1888

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