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| 8/22/1988 12:00:00 AM

REGRESO AL EDEN

Los hechos militares convencen al Ayatollah de la necesidad de pactar la paz con Irak.

REGRESO AL EDEN REGRESO AL EDEN
Al igual que la inmensa mayoría de las guerras, esta tampoco ha tenido nunca una buena justificación. Sin embargo, bastó la combinación adecuada de locura a ambos lados de la frontera, para que durante ocho años los ejércitos de Irán e Irak hayan apelado a todo tipo de recursos para salir victoriosos.
Entre otras cosas, Teherán ha enviado hordas de jóvenes e inexpertos mártires a morir al frente, mientras que Bagdad ha utilizado repetidas veces armas químicas como el gas mostaza. Aparte de la guerra en el campo de batalla, el golfo Pérsico ha sido el escenario de la guerra de los tanqueros (los superpetroleros que cargan el combustible de uno o de otro) y de la guerra de las ciudades, en la cual ha habido misiles disparados contra la población civil de lado y lado. Como consecuencia de tanta pólvora, se estima que cerca de un millón de personas han muerto desde que el 22 de septiembre de 1980 comenzaran las hostilidades.
Toda esa cadena de locuras debería estar a punto de romperse si se vuelve realidad el anuncio hecho por Teherán la semana pasada, relativo a la aceptación de la resolución 598 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en la cual se pide un cese el fuego. La medida fue expedida hace un año y en ese entonces fue aceptada rápidamente por Bagdad, pero hubo que esperar doces meses hasta que el ala pragmática de los iraníes convenciera al Ayatollah Khomeini, líder espiritual de la nación islámica, de darle su apoyo a la tregua. El anciano Imán de 85 años, acabó aceptando la idea y en un mensaje radial transmitido el 20 de julio, aceptó que hacerlo había sido peor que "tomar veneno".
Claro que si se le da la razón a la lógica, no había más que hacer. Aparte de los muertos y la destrucción, la larga guerra no le ha dejado ninguna utilidad a los países en conflicto. En términos generales, ambos ejércitos se encuentran en el mismo punto en el que comenzaron y nada permite indicar que uno u otro tenga posíbilidades reales de vencer.
Claro que eso no se lo imaginaba el presidente iraquí Sadam Hussein cuando hace ocho años le ordenó a sus tropas cruzar la frontera e invadir Irán. Desde el triunfo mismo de la revolución islámica que derrocó al Sha en 1979, ambos países habían tenido incontables roces armados y en Bagdad había la preocupación de que los fundamentalistas iraníes propiciaran revueltas a lo largo y ancho del país. Pero, sobre todo, Hussein quería definir de una vez por todas el asunto del dominio de la zona del ChatelArab, donde confluyen los ríos Tigris y Eufrates, la cual es considerada una salida clave para el comercio de ambos países.
Tradicionalmente, Irán había impuesto su punto de vista en torno al tema gracias a su mayor tamaño y población (45 millones de personas contra 16 millones de iraquíes), pero al ocurrir la revolución el desorden se apoderó temporalmente del país, circunstancia que le pareció favorable a Hussein para obtener una rápida victoria.
No obstante, el presidente iraquí no contaba con el fervor que en esos momentos despertaba el régimen islámico. Ante la agresión, el mal equipado ejército iraní se levantó como pudo y logró contener las ofensivas del enemigo. A partir de ese momento la guerra entró en un callejón sin salida. Ningún ejército pudo imponerse claramente sobre el otro y aunque hace un par de años los iraníes consiguieron voltear la balanza a su favor, los iraquíes se recuperaron a comienzos de este año,gracias a la ayuda militar facilitada por los demás países del bloque árabe que le temen a Teherán.
Obviamente en todo ese tiempo hubo crueldades para "hacer y deshacer". En 1984 los iraquíes comenzaron a utilizar armas químicas, prohibidas desde la Convención de Ginebra en 1925, para contrarrestar la superioridad numérica iraní. A su vez, los iraníes empezaron a bombardear a Bagdad tan pronto comenzaron las hostilidades, lo cual fue respondido prontamente hasta llegar al extremo de comienzos de este año,en el cual unos 300 misiles se cruzaron entre las ciudades iraquíes e iraníes. Al final de cuentas,Bagdad apareció como el lado más beligerante debido al hecho de contar con más misiles que Teherán.
Más complicada todavia fue la guerra de los tanqueros cuyo comienzo oficial fue en 1984, cuando Iraq comenzó a atacar a los buques que transportaban el petróleo iraní por el golfo Pérsico. A diferencia de Bagdad -cuyos principales puertos fueron destruidos y se vio obligada a utilizar oleoductos--, Teherán siguió entregándole su crudo a quien se atreviera a meterse en la zona.
No obstante, los ataques a la marina mercante -rápidamente respondidos por Teherán- complicaron todavía mas las cosas y amenazaron con extender el conflicto a los países limitrofes. La situación llegó hasta el punto en el cual los Estados Unidos aceptaron hace un año servir de escolta a los tanqueros kuwaitíes que navegaran por el golfo. En poco tiempo, a la marina de guerra norteamericana se unieron las de varios países europeos y la soviética.
La presencia de tanta arma en un espacio relativamente reducido aumentó el número de incidentes. Los roces entre norteamericanos e iraníes se multiplicaron e incluso una fragata de los Estados Unidos recibió "por error" el impacto de un misil Exocet disparado por un caza iraquí.
La lista de tragedias, sin embargo, palideció con la de comienzos de este mes, cuando una nave norteamericana disparó equivocadamente dos misiles contra un avión de Iran Air, matando a sus 290 pasajeros. Una vez más, las consecuencias de la guerra del golfo volvieron a ser pagadas por los civiles.
Curiosamente, la catástrofe del Airbus iraní fue determinante para que se acelerara la aceptación del cese al fuego. Según la versión más aceptada, el jefe del ala moderada del gobierno en Teherán, Alí Akbar Rafsanjani, consiguió convencer a sus opositores de que los Estados Unidos no dudarían en seguir "cometiendo crímenes" si la guerra continuaba. Adicionalmente, con ambos ejércitos dentro de sus respectivas fronteras, llegar a una tregua se veía mucho más sencillo.
Es precisamente esa idea la que se pondrá a prueba en los próximos días. A pesar del anuncio de Teherán, lo cierto es que las hostilidades continuaron a lo largo de la semana pasada y una misión de las Naciones Unidas debió aplazar su ida a la zona,ante la negativa inicial de los iraníes de mantener conversaciones directas con sus adversarios.
No obstante, los observadores consideran que el cese al fuego es cuestión de tiempo. Si éste se consigue, se habrá dado el primer gran paso, pero hay que señalar que ambos lados siguen desconfiando inmensamente del otro. Aunque por ahora es factible una retirada parcial de las flotas de guerra que se encuentran en el golfo Pérsico, lo cierto es que la firma de un acuerdo de paz entre Teherán y Bagdad se ve lejana. Al fin y al cabo es en esta zona del mundo donde todavia se aplica aquella conocida ley del Talión, cuya validez -según muchos- no ha sido derrotada en ninguna mesa de negociaciones.



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