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| 3/13/1995 12:00:00 AM

RUMBO AL ELISEO

Con el transcurrir de los días, Balladur se confirma como el más seguro próximo presidente de Francia.

RUMBO AL ELISEO RUMBO AL ELISEO
A LOS 65 AÑOS, EDOUARD Balladur ya estaría retirado si hubiera seguido su carrera como la concibió en su juventud. Pero el actual primer ministro conservador de Francia está embarcado en una carrera que le llevará a convertirse en el sucesor del presidente socialista François Mitterrand. Con las encuestas a su favor en un 60 por ciento, la figura paternal y patricia de Balladur parece ser incontrastable.
Edouard Balladur estudió en la Escuela Nacional de Administración de París y en 1964, cuando tenía 35 años, se convirtió en asesor social de Charles Pompidou, primer ministro bajo la presidencia del general Charles De Gaulle. Tímido para algunos y arrogante para otros, pero siempre obsesionado con el protocolo y las maneras palaciegas, Balladur ganó fama de buen negociador en las sesiones sindicales posteriores a la 'revolución de 1968'. Secretario general de la presidencia en 1973, se retiró del servicio público cuando ascendió a la presidencia Valery Giscard D'Estaing, pues el ofrecimiento de convertirse en embajador en el Vaticano le sonó a degradación.
Permaneció en el sector privado entre 1977 y 1986 como presidente de compañías. Ese hubiera sido su destino si desde 1981, cuando subieron los socialistas al poder, no se hubiera convertido en cercano consejero de su viejo amigo Jacques Chirac, quien para entonces era el portaestandarte de la recuperación del gaullismo.
Cuando Chirac se convirtió en primer ministro en 1986, nombró a su amigo ministro de Finanzas, y fue entonces cuando, según muchos observadores, Balladur quedó picado por el poder. En 1993, cuando los gaullistas barrieron a sus adversarios, Chirac lo candidatizó para primer ministro mientras él mismo se quedaba sólo con la alcaldía de París. Chirac entendía que su viejo amigo de 30 años le cuidaría el puesto mientras terminaba el período de Mitterrand.
Pero las características de Balladur, su prudencia, su respeto por las jerarquías y su imagen de buen padre de familia lo convirtieron en un hombre muy popular. Cuando se supo que el candidato socialista Jacques Delors renunciaba a su muy esperada candidatura, Balladur dejó saber que se lanzaría. Y al conocerse que el rcemplazo socialista sería el relativamente desconocido Lionel Jospin, Balladur se convirtió en el seguro nuevo presidente.
Pero no sin enemigos, con su viejo amigo Chirac en el primer lugar. Chirac ha tenido que lanzarse de todos modos, pero va muy atrás. Mientras desbarra contra su 'desleal' amigo, busca con ansia una nueva postura ideológica que le devuelva sus opciones a la presidencia, la que parece irremediablemente refundida.


DESESPERADAMENTE
EL DESASTRE electoral que espera al gaullista Jacques Chirac ante su copartidario y ex amigo Edouard Balladur tiene a sus estrategas en la búsqueda desesperada de una nueva línea ideológica que le reporte a su candidatura el apoyo que ya no tiene.
En medio de ese drama personal, Chirac parece haber descubierto una realidad social que desconocía cuando no necesitaba conquistar votos Sus asesores, sobre todo el historiador Emmanuel Todd, han diagnosticado que cinco millones de franceses viven bajo el nivel de pobreza y siete más están apenas sobreaguando, y que ese enorme conglomerado no tiene realmente un adalid.
Por eso, el mismo Chirac que implantó en Francia un neoliberalismo a ultranza que hacía palidecer a Margaret Thatcher, el mismo que inició la privatización y que como alcalde de París patrocinó el traslado de barrios enteros de pobres a nuevas ciudades satélites (con un efecto impresionante sobre la valorización del centro), hoy es el representante de las clases obreras. Frases como "la gente no resiste más deterioro de su nivel de vida ", o "la crisis actual sólo favorece a los ricos", "las gentes del común sienten una cólera justificada" y "el furor popular amenaza producir una explosión social" forman parte de su léxico. Pero falta ver si la gente le respaldará en esa metamorfosis insólita.

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