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| 6/29/1992 12:00:00 AM

SALVAR EL PLANETA

La gigantesca Cumbre Ecológica de Rio es en realidad una confrontación norte-sur sobre el desarrollo.

SALVAR EL PLANETA SALVAR EL PLANETA
SALVAR EL PLANETA
DICE LA HISTORIA SAGRADA QUE DIOS CREO al hombre como rey de una naturaleza que estaría a su servicio. Por lo que indican los estudiosos, el género humano tomó esa concesión demasiado al pie de la letra. Durante miles de años el hombre ha explotado la naturaleza en la creencia de que la biosfera esa capa ideal que forma alrededor de la corteza terrestre el conjunto de los seres vivos aguantaba el uso y el abuso sin agotarse. Pero desde. hace algún tiempo ese concepto ha derivado hacia la idea de que si las sociedades no cambian su actitud, a la vuelta de unos pocos años "no habrá cama para tanta gente".

Lo cierto es que el género humano se ha convertido en un factor de perturbación comparable a la deriva de los continentes, los impactos de los asteroides y las glaciaciones. Ha manipulado los ecosistemas de más de la mitad del territorio, se ha apropiado de más del 40 por ciento de la energía fotosintética producida por las plantas y ha acabado con tantos hábitats animales, que hay biólogos que creen que en los próximos 50 años podría desaparecer el 25 por ciento de las especies sobrevivientes. Entre tanto, la quema de combustibles fósiles, gas y madera de bosques naturales, ha cambiado el flujo de energía dentro de la atmósfera y la acumulación de CO2 podría llevar a un calentamiento catastrófico. Todo ello con el telón de fondo de una población que crece a una rata tal, que de contar con 2.500 millones de personas hace sólo 40 años, debe llegar a 6.000 millones para el año 2000 mientras los recursos alimentarios disminuyen en forma alarmante.

Modificar ese panorama, que esconde una problemática casi infinita, es la razón para que a partir de 12 de junio se reúnan en Rio de Janeiro (Brasil) representantes de 170 países en la Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, llamada "Cumbre para la Tierra". Rio será escenario de un "carnaval" ambientalista de 4.500 representantes gubernamentales, 3.500 periodistas y, en los últimos días, 120 jefes de Estado que convertirán a la Cumbre en la mayor reunión de su tipo en la historia. Paralelamente 6.000 miembros de Organizaciones No gubernamentales y grupos ecologistas celebrarán más de 400 eventos encabezados por el Foro Global (ver recuadro).

La Cumbre para la Tierra no es el comienzo sino el final de un largo proceso que, a su vez, debería iniciar una nueva era. El tema ecológico llegó al escenario internacional a partir de la conferencia de Estocolmo de 1972, dirigida como la de Rio por el canadiense Maurice Strong. Eran otros tiempos y entonces se enfatizó en el aspecto institucional (dio origen al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y en la protección de la naturaleza, pero no en la relación de ésta con la sociedad. Sólo a partir de 1987, cuando se publicó el informe "Nuestro Futuro Común", de la Comisión Brundtland, se rescató el vínculo entre ambiente y sociedad.

Entonces el mundo estaba dominado por la confrontación este-oeste.
Hoy en cambio se habla de una confrontación norte-sur, que en términos ecológicos se basa en la idea de que no se puede medir con la misma vara la utilización del entorno de los países en desarrollo y la de los desarrollados. Para la muestra, el 25 por ciento de la población mundial, localizada en las naciones industrializadas. consume el 70 por ciento de los recursos naturales y entre el 48 y el 72 por ciento de los alimentos básicos.
Los países pobres albergan al 75,9 por ciento de la población mundial. Pero participan sólo del 17,8 por ciento del producto. Si se planteara, por ejemplo, que la generación de gases de China e India se elevara a los niveles de Francia (como resultado de un desarrollo no sustentable), las emisiones mundiales se incrementarían en un 70 por ciento.

Por eso, un planteamiento general del problema sería que los "ricos", que han disfrutado de la industrialización aun a grandes costos ecológicos, quieren que los "pobres" se desarrollen sin los mismos errores. Estos responsabilizan al norte de introducir modelos de desarrollo perniciosos y quieren sacar a sus poblaciones de la pobreza (que lleva a prácticas antiecológicas, como la deforestación como medio de vida), pero no quieren restricciones nacidas de un deterioro del que no son responsables. Además aspiran a que el costo de adoptar un "desarrollo sustentable" sea asumido por el Norte, como compensación por los daños que ha causado.

Esa desigualdad pesó sobre la negociación de los proyectos, que son la "Carta de la Tierra", la Convención Climática, el Tratado de Biodiversidad, recursos financieros y transferencia tecnológica y la Agenda XXI. La Carta de la Tierra, 27 principios generales, llega a Rio luego de que los países industrializados lucharan en Nueva York por eliminar entre otras las menciones sobre el establecimiento de mecanismos comerciales equitativos, la transferencia de "tecnologías limpias concesionales", el principio de que la responsabilidad de la contaminación es de quien la produce, lo que genera una deuda ecológica que debe ser saldada y la declaración de que la preocuación ambiental prioritaria es el hombre. A pesar de que su contenido es considerado un triunfo del Sur, el documento quedó libre de todo compromiso obligatorio.

En cuanto a los convenios sobre cambio climático y biodiversidad quedó la impresión de que el Norte impuso su voluntad. Estados Unidos presionó para que no se incluyeran compromisos concretos acerca de la reducción de gases, pese a que es responsable del 22 por ciento de las emisiones mundiales. El presidente George Bush sólo aceptó ir a Rio cuando se confirmó que los compromisos no le costarían nada a la economía de su país (la reconversión industrial de Estados Unidos le costaría 90 mil millones de dólares anuales). Sobre la biodiversidad, los países desarrollados, que tienen la tecnología para aprovecharla genéticamente, se plantaron en la negativa a ceder sin derechos de propiedad intelectual las patentes obtenidas a partir de genes de plantas o animales obtenidos en los países que carecen de esa tecnología. El Sur sólo logró que se reconociera que esos recursos son propiedad soberana del país en que se encuentran, lo que tiene especial importancia para Colombia, que está dentro de los 12 países que cuentan con "megadiversidad", o sea que abarcan un enorme conjunto de especies.
La Agenda XXI, un plan de acción de 800 páginas, conforma el inventario de acciones concretas para la protección del medio ambiente. En este tema el aspecto crítico es el de los costos, que ascenderían a 625 mil millones de dólares al año. Considerando que el 80 por ciento fuera asumido por los países donde se apliquen y el 20 por ciento fueran asumidos por el Norte, se requeriría que éste sacara del bolsillo 125 mil millones anuales. Strong ha planteado que se llegue a esa cifra a partir de un compromiso del 0,7 por ciento del PIB de los países industrializados. Eso no resulta exagerado si se tiene en cuenta que entre 1984 y 1989, los países en desarrollo transfirieron a su contraparte, por servicio de su deuda, unos 200 mil millones de dólares, más dinero del que recibieron en ayuda.

Ese es un punto que tiene un pronóstico reservado. Los países del Norte se disculpan apoyados en su recesión económica. Pero sobre todo, las Organizaciones No Gubernamentales señalan que muchos gobiernos del Tercer Mundo alaban las bondades del desarrollo sustentable pero al mismo tiempo avanzan en el camino de la asociación comercial con el Norte, lo que implica abrazar el modelo de desarrollo que critican.

Nada asegura que en los 12 días de la Cumbre de la Tierra se logren acuerdos que no fueron posibles durante dos años y medio de negociaciones. Pero la huella de la mayor reunión internacional de la historia no se borrará fácilmente.

LA CUMBRE ALTERNATIVA
LA GRAN ASPIRACION DE LOS grupos ecológicos que desde hace tres décadas empezaron a expandirse como pólvora por todo el mundo, eran presionar a las más altas esferas de decisión política para que por fin asumieran su responsabilidad de cambiar los patrones de desarrollo, antes de que estos condujeran al colapso ambiental y planetario. La inquietud, nacida inicialmente entre las juventudes de los países industrializados donde la depredación y contaminación fue el precio de su desarrollo, tardíamente penetró a las comunidades de Latinoamérica y el Tercer Mundo, donde los "verdes" se sitúan desde una perspectiva diferente que busca superar al mismo tiempo el hambre, la pobreza y la crisis ambiental.

Treinta años después de que estos idealistas tradicionalmente vistos como los "loquitos utópicos, ex hippies y románticos" se lanzaran a luchas contestatarias, la clase dirigente accedió a reunirse en pleno cuando la Organización de las Naciones Unidas convocó la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo.

Pero no fueron los "guerreros del arco iris" quienes lograron conmover las virtudes altruistas de los gobernantes.
Fue la evidencia de las amenazas planetarias que se ciernen sobre toda la humanidad, la que obtuvo el poder de convocatoria: recalentamiento del planeta, peligro de sequías y hambrunas generalizadas, extinción de especies, contaminación de aguas dulces y marinas, entre otras.

Paralelo al proceso oficial de la Cumbre de Rio, las Organizaciones No Gubernamentales celebrarán su propia cumbre a través del Foro Global 92. Según la revista Ecológica, seis mil delegados estarán presentes. Su propósito es brindar un espacio alternativo para que las ONG y otros sectores de opinión como mujeres, artistas y jóvenes, se pronuncien frente al debate de la Cumbre.
La mayoría de las actividades se celebrarán en el Parque Flamingo y en cerca de 50 auditorios de Rio de Janeiro. El encuentro es un esfuerzo conjunto del Foro Brasileño de ONG, representado por el investigador Tony Gross, y por el Comité de Facilidad Internacional (lFC). Según Gross, sumisión será analizar y debatir la agenda completa de la Cumbre de la Tierra, hacer un pronunciamiento colectivo en espera que sea muy crítico de las actitudes oficiales y establecer una estrategia de acción para lo que resta del siglo.

En el Parque habrá también un Centro de Actividades de la Mujer, un Foro Internacional de Arte, Cultura y Medio Ambiente y un "Arbol de la Vida", donde se colocarán los deseos y promesas de la gente en relación con la solución de la crisis socioeconómica y ambiental.

Varias ONG colombianas asistirán a este foro, entre ellas la Fundación Natura y los directores de proyectos ambientales del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep). Allí se entregará la declaración "Hacia Brasil 92" suscrita por 204 representantes de 71 ONG colombianas, reunidas hace 15 días en Bogotá por iniciativa de Fescol y el Grupo Trama de Risaralda. El documento refleja las críticas mundiales de las ONG, para las cuales el origen de la crisis ambiental no obedece a los cambios tecnológicos sino a la inequitativa distribución de los recursos y la injusticia social derivada de los modelos actuales de desarrollo. Este punto central, advierten, no ha sido tratado en los foros oficiales, donde se aspira a que los maquillajes tecnológicos, el aumento de la ayuda externa y la transferencia de tecnologías, bastarán para salvar al planeta.
Agregan que las decisiones de la Cumbre han consultado principalmente los intereses del capital internacional y las políticas de desarrollo de las potencias del Norte. Critican el proceso antidemocrático y ausente de consultas y participación de la comunidad, y finalmente reconocen que el Movimiento Ambiental Colombiano se ha quedado atrás ante el discurso oficial sobre el tema y que no ha logrado superar la divagación y dispersión para alcanzar prácticas y discursos "que sinteticen el nuevo orden de nuestro deseo altertivo".

La polémica "reverdecerá" a nivel internacional durante los próximos 15 días, y se reanudará en Colombia cuando la Cumbre termine y se inicie el debate en el Congreso sobre la creación de un Ministerio del Ambiente.

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