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| 5/1/2019 6:02:00 PM

¿Diecisiete años después se repite la novela?

¿Será cierto que el Secretario de Estado de los Estados Unidos había arreglado la salida de Maduro hacia Cuba y los rusos lo impidieron?

¿Secretario de Estado de los Estados Unidos había arreglado la salida de Maduro hacia Cuba? ¿Será cierto que el Secretario de Estado de los Estados Unidos había arreglado la salida de Maduro hacia Cuba y los rusos lo impidieron? Foto: Juan Carlos Sierra

En la madrugada del 12 de abril de 2002 sonó el teléfono en la embajada de Colombia en La Habana. Entre “gallos y media noche”, el embajador contestó suponiendo que se trataba de una llamada del presidente Pastrana, de su canciller o de alguno de sus familiares.

Pero no era así. El que estaba al teléfono era Felipe Pérez Roque, ministro de relaciones exteriores de Cuba, amigo del embajador, quien le informó que el Comandante en Jefe Fidel Castro quería verlo con urgencia en el centro de convenciones de La Habana, que quedaba a pocas cuadras de la residencia de la embajada. El embajador estuvo en pocos minutos en el sitio de convocatoria.

Al llegar, el canciller le dijo que Fidel Castro tenía un requerimiento muy especial para él, pero que había que esperar un poco porque se había convocado también a algunos embajadores de cada uno de los grupos regionales. Después de alguna espera, Fidel Castro apareció y señaló que solemnemente que el comandante Hugo Chávez estaba afrontando un golpe militar por parte de algunos sectores “reaccionarios” de las fuerzas armadas apoyados por algunos civiles. Que estaba en contacto permanente con él y que le había expresado al mandatario venezolano, que estaba dispuesto a formularle una invitación para viajar a Cuba, pero no en calidad de asilado, sino como invitado del gobierno.  

Añadió, que le solicitaría a los embajadores convocados para que en un avión cubano se dirigieran a la base aérea de “La Carlota” en el centro de Caracas, para acompañar a Chávez desde la capital venezolana a La Habana, a donde llegaría “como invitado”. De ninguna manera como presidente derrocado a la usanza latinoamericana.

Los embajadores, sin salir de su sorpresa, expresaron que necesitaban consultar a sus respectivos gobiernos. Con excepción del embajador de Colombia, que expresó que, si su gobierno lo había designado como su representante, era porque sabía que él haría lo que consideraba adecuado en un momento de emergencia como el actual y que por lo tanto estaba listo a salir para Caracas para acompañar a Chávez a La Habana.  

El embajador esperó en el centro de convenciones. El canciller cubano le informó que Fidel Castro le había dicho a Chávez que de ninguna manera fuera a renunciar como lo requerían los golpistas. El embajador salió para alistar una muda de ropa y viajar a Caracas. Sin embargo, al rato el canciller le informó telefónicamente que Chávez había desistido de viajar a Cuba y de renunciar, mientras que unidades militares leales se estaban movilizando para respaldarlo.

Resulta muy extraño que en la coyuntura actual hubieran sido los rusos los que, según el Secretario de Estado de los Estados Unidos, le dijeron a Maduro que no podía viajar a Cuba, como supuestamente lo había concertado con el ministro de defensa y algunos dignatarios venezolanos. Eso sólo lo harían los cubanos, que conocen muy bien el precedente.

Dos consideraciones. Si esa es la influencia de Rusia en Venezuela, Trump se habría quedado a la zaga por estar dedicado al muro en la frontera con México, mientras que la revolución cubana habría comenzado a declinar, porque ahora los rusos son los que dan órdenes. Además, Maduro no es el caudillo que entronizó el socialismo del siglo XXI, es solamente una figura pasajera que, no porque se vaya para Cuba, para Rusia o para cualquier parte, lo que se ha gestado por casi veinte años, necesariamente va a naufragar como el Titanic en pocas horas…

(*) Decano de la facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.       

    

 

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