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| 12/18/2000 12:00:00 AM

Sigue la agonía

En medio de batallas judiciales, las elecciones no se deciden. Pero el sistema estadounidense muestra su solidez

Sigue la agonía, Sección Mundo, edición 968, Dec 18 2000 Sigue la agonía
Diez días que estremecieron al mundo. Como en el título de Stefan Zweig, la incertidumbre sobre el futuro político del país más poderoso del mundo ha dominado el panorama mundial en ese lapso. La batalla legal que se desarrolla, sobre todo en el estado de la Florida, no tendrá cuartel pues los dos candidatos, el demócrata Al Gore y el republicano George W. Bush, creen que pueden ganar sin hacer concesiones. La gran pregunta es hasta dónde el presidente, cualquiera que finalmente sea, tendrá margen de maniobra para gobernar a Estados Unidos en una atmósfera política totalmente enrarecida.

Se trata de un choque de trenes porque cuando una elección en la que intervienen 100 millones de votantes se resuelve por menos de 1.000 es comprensible que ambos estén dispuestos a luchar hasta el final.

La batalla se trasladó de los puestos de votación y los equipos de conteo a los estrados judiciales. Se trata de una maraña de casos en varios juzgados de la Florida y a nivel federal que confunden hasta a los más duchos observadores políticos y que cambia en cuestión de horas a medida que los jueces se pronuncian o se entablan nuevas demandas.

“Obviamente, el proceso es complicado para el público en general y hasta para algunos de los abogados involucrados”, dijo a SEMANA Joseph Little, profesor de ley constitucional en la Universidad de la Florida, en Gainesville. “Pero diría que se mueve siguiendo todos los preceptos”.



Comienza la batalla

El problema se planteó cuando se hizo evidente que quien ganara en la Florida aseguraría el pasaje a la Casa Blanca. Ese estado, con sus 11 millones de habitantes y sus 25 votos en el Colegio Electoral, se convirtió este año en el dueño del guiño ya que Al Gore cuenta con 260 votos y Bush con 246. Se necesitan 270 para ganar la presidencia.

El conteo nacional, que dio un margen de unos 200.000 votos a favor de Gore, fue contradicho por el de la Florida, donde Bush picó en punta desde un comienzo. Mientras tanto varios votantes en Palm Beach se quejaron de que el tarjetón que habían utilizado era muy confuso. Los demócratas señalaron que Pat Buchanan, candidato ultraconservador y considerado antisemita y racista, había conseguido 3.400 votos en un condado mayoritariamente de judíos y negros. El mismo Buchanan dijo que la mayoría de esos votos habían sido de Gore y no suyos.

Después fue revelado que en ese mismo condado habían sido anulados más de 19.000 votos porque tenían marcados dos candidatos. Se entablaron las primeras demandas, en las cuales un grupo de votantes pedían repetir los comicios en ese condado porque su derecho constitucional al voto había sido violado por un mal diseño del tarjetón. Ese caso todavía sigue pendiente en manos de un juez estatal en Palm Beach.

La ventaja de Bush, que alcanzó a ser de 100.000 votos, comenzó a disminuir en forma dramática cuando los demócratas consiguieron que en los condados que dominan (Palm Beach, Volusia, Broward y Miami-Dade) se iniciara un recuento manual de los tarjetones.



En el nuevo conteo la ventaja de Bush se redujo primero a 700 votos y luego a 300 de acuerdo con el último dato oficial. Palm Beach, entonces, decidió contar manualmente el 1 por ciento de los votos. Los republicanos protestaron porque el recuento sólo se iba a hacer en condados tradicionalmente demócratas y esto discriminaba contra los votantes del resto del estado.

Y además el recuento manual es mucho más demorado que el automático, por lo cual entró en la escena un nuevo factor, el tiempo, y un nuevo personaje, la secretaria de Estado de la Florida, Katherine Harris.

Esta mujer, de antecedentes políticos controvertidos (ver recuadro), es la máxima autoridad en el tema de las elecciones estatales, sobre todo desde que el gobernador Jeb Bush, hermano del candidato, se declarara impedido. Harris compareció el sábado para advertir que solo tomaría en cuenta los votos de los condados que estuvieran contados hasta las 5 de la tarde del martes 14 de noviembre, una semana después de las votaciones. Y que los condados interesados en una extensión deberían presentar sus justificaciones por escrito al día siguiente.

Esa decisión convirtió a la funcionaria en heroína de los republicanos y villana para los demócratas. Para muchos resultaba, no solamente injusto sino inmoral que una mujer que había sido copresidente de la campaña de Bush en la Florida tuviera la última palabra en un tema tan crucial. Señalaban que si Jeb Bush se había autorrecusado no existía ninguna razón para que la señora Harris no hiciera lo mismo. Y que bloquear el conteo manual, que beneficiaba a Gore, no podía ser una decisión discrecional tomada en función de la equidad.



Las demandas

Pero Harris no se conformó con fijar un límite tan estricto para dejar por fuera los recuentos manuales y con desconocer las razones aducidas por los condados. También presentó una demanda ante la Corte Suprema de la Florida para frenar directamente el conteo manual en los condados de mayoría demócrata. La Corte le negó el miércoles a Harris la petición pero dejó a su correcta discrecionalidad aceptarlos o no por fuera del plazo fijado por ella misma.

Little dice que esta fue una decisión ambigua con poco peso legal. Pero para los demócratas se convirtió en una victoria porque al menos les dio un arma de relaciones publicas porque si Harris ignorara esos votos y Bush gana su legitimidad quedaría seriamente afectada a tiempo que se fortalecería la situación de Gore.

El viernes la fortuna legal de los candidatos fue alternativa. En la mañana el juez del condado Leon, Terry Lewis, negó la demanda demócrata que pretendía impedir que Harris siguiera adelante con su intención de certificar el sábado los resultados de la Florida sin tener en cuenta los votos de los condados que adelantaban el reconteo manual, o sea los que no habían cumplido su plazo. Eso hubiera significado que George W. Bush habría dado un paso crucial hacia la Casa Blanca. Al mediodía esa decisión judicial, incluso, hizo que se rumorara con insistencia que Bush se declararía vencedor. Al punto tal que Warren Christopher, el ex secretario de Estado que hace de vocero de Gore, advirtiera que si eso pasaba su candidato se negaría a reconocer la derrota hasta no agotar todas las instancias legales.

Pero no se llegó a ese extremo. Al final de la tarde la apelación presentada por los demócratas ante la Corte Suprema de la Florida surtió efecto, con lo que quedó bloqueada la posibilidad de que la victoria de Bush se convirtiera en un hecho difícilmente modificable. Al final de ese viernes quien salía ante las cámaras a celebrar era el mismo que en la mañana estaba acosado por la derrota: Al Gore.



Las posiciones

La preocupación de los republicanos por el conteo manual llegó a tales dimensiones que hizo que rompieran la promesa, hecha por el propio Bush, de no iniciar demanda alguna. Su apelación para detener todos los conteos manuales de la Florida fue negada a última hora del viernes por la Corte del 11º Distrito de la Corte de Apelaciones en Atlanta —el último nivel antes de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos—.

Los republicanos sostienen que al utilizar un conteo manual se está introduciendo una probabilidad de error más alta. El ex secretario de Estado James Baker, vocero de la campaña de Bush, ha dicho que no existen estándares para juzgar cuál es la intención del votante. Baker se ha referido a estos métodos como “ponerse a adivinar la intención de los votantes e introducir subjetividad partidista y errores al proceso”. Pero los demócratas refutan ese argumento al apuntar que Bush, actual gobernador de Texas, firmó una ley en 1997 en ese estado que permite el recuento manual cuando las elecciones son demasiado reñidas.

Y las posiciones jurídicas se delimitan claramente por las líneas partidistas. De un lado está la republicana Harris, quien ha sostenido que los conteos manuales son ilegales cuando no se motivan por hechos extraordinarios, como un corte de la luz eléctrica. Por el contrario, el demócrata Bob Butterworth, fiscal de la Florida y director de la campaña de Gore en ese estado, dijo que si existían discrepancias entre conteos preliminares y los de las máquinas era legal hacer los reconteos manuales.

Esa es, en últimas, la discrepancia alrededor de la cual gira la competencia por los 25 votos electorales del estado de la Florida, que definen la presidencia de Estados Unidos. Se trata de una situación que ha sido interpretada como que Estados Unidos está sufriendo una crisis constitucional o al menos que se encuentra al borde de la misma. Sin embargo ese análisis es refutado por la mayoría de los constitucionalistas norteamericanos. Little, por ejemplo, dijo a SEMANA que un asunto de esta trascendencia está siendo manejado en el marco de las instituciones. La Constitución estadounidense prescribe que las disputas sean decididas en los estrados judiciales. Y aunque el proceso tenga la apariencia de ser de un desorden monumental se está siguiendo lo que la Constitución ordena.“Estamos bajo una situación causada por un voto extremadamente reñido que no tiene precedentes y bajo este tipo de circunstancias lo de esperar es esta intensa actividad legal”, dijo Little. “Aquí no tenemos tanques en las calles ni manifestaciones violentas. El sistema está trabajando, bajo circunstancias complicadas, pero está trabajando”.

Y mientras el país sigue funcionando y ni siquiera las bolsas de valores han mostrado mayor inquietud el reloj sigue corriendo. El 12 de diciembre la Florida debe entregar su resultado al Colegio Electoral para que ese cuerpo se reúna el 18 de diciembre para resolver en últimas quién es el presidente. Los demócratas dicen que todavía hay tiempo y los republicanos que hay que ponerle un límite temporal al proceso y que no se puede seguir contando y volviendo a contar hasta que los demócratas obtengan el resultado que les conviene.

Por ahora es evidente que, a pesar de haber tenido casi 200.000 votos menos en los comicios nacionales, Bush ha ganado una especie de delantera sicológica ante su persistente ventaja en el estado clave de la Florida. La llegada de los votos por correo, que al cierre de esta edición comenzaban a ser escrutados, aumentaba esa percepción, pues la mayoría de los votantes ausentes son militantes republicanos. Y la única esperanza realista de Gore se centraba más y más en los reconteos manuales para ganar la Florida.

Sin embargo queda la posibilidad, nunca descartada, de que algunos de los delegados del Colegio Electoral se volteen al última hora para hacer valer el resultado del voto popular. Dado que las diferencias serían tan pequeñas, con que lo hicieran tres o cuatro sería suficiente. Pero esa posibilidad es más bien remota.

Lo único que parece absolutamente seguro es que gane quien gane lo hará por una diferencia infinitesimal y que el próximo presidente de Estados Unidos va a ser un mandatario débil, no sólo por el desgaste político causado por esta elección y por lo precario de su ventaja sino porque el Congreso está dividido, con el control de las cámaras por los republicanos por el mínimo margen.

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