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| 3/27/1995 12:00:00 AM

SONATA SUICIDA

Una película japonesa aviva la controversia interna sobre el papel de su país en la Segunda Guerra Mundial.

SONATA SUICIDA SONATA SUICIDA
LOS MALOS RECUERDOS suelen ser sepultados en el fondo del baúl, de donde no pueden salir a la superficie. Eso es lo que han hecho los japoneses, que han sido incapaces, al menos hasta ahora, de asumir debidamente la tragedia colectiva que significó su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, al cumplirse medio siglo del final de esa conflagración, alrededor del mundo se remueven los fantasmas, y los nipones no han sido la excepción.
Como en Alemania con La lista de Schindler, en Japón el cine ha asumido un papel crucial. Esta vez el título de Sonata a la luz de la luna evoca equívocamente quizás un melodrama o una historia de amor. Pero en realidad se refiere al sufrimiento de los japoneses que enviaron a sus hijos a misiones suicidas durante la guerra del Pacífico. Por primera vez los temidos kamikazes, legendarios guerreros suicidas que no tenían inconveniente en ofrendar la vida por el Emperador-dios, aparecen desde la perspectiva de los ojos de sus padres, quienes vieron a sus hijos aceptar el sacrificio sin titubear y se preguntan hasta qué punto valió la pena.
Si bien la película no cuestiona el papel de Japón en este conflicto, su presentación en Tokio volvió a abrir la polémica sobre el rol de este país en la Segunda Guerra Mundial. Durante años la historia oficial del conflicto ha pintado a Japón como un país pacifista que se vio arrastrado hacia la conflagración por las circunstancias geopolíticas, y que su campaña por el oriente asiático se debía al interés de contrarrestar la excesiva presencia de occidente y a incorporar a esos países en la 'esfera de coprosperidad asiática'. Eso es lo que, muchas veces sin hacer tantas preguntas, los japoneses aprendían en la escuela.
Pero sólo en la década pasada se cambió el término 'avance militar' por 'invasión', y sólo en los últimos meses las presiones internacionales lograron que el gobierno japonés aceptara su responsabilidad en temas tan dolorosos como la esclavitud sexual a que las tropas sometieron a millares de mujeres asiáticas. Como era de esperarse, el contacto con esas realidades ha resultado traumático para los japoneses de la calle.
Quienes han visto la película salen conmovidos. Muchos lloran cuando el protagonista, de 16 años, antes de salir a su avión cargado de bombas, dice a su madre sin titubear que va a la muerte "por el emperador y por los pueblos de Asia". Entrevistados por un diario local, muchos espectadores dijeron que tras ver la película les queda la convicción de que su país no debería involucrarse nunca más en una guerra.
Sin embargo grupos de derecha han enfilado sus baterías contra los realizadores del filme, pues consideran que alimenta la visión occidental. Más de 200.000 personas realizaron una marcha de protesta frente a la Dieta. "Los japoneses no son criminales", decía una de las pancartas. Entre tanto Seisuke Okuno, miembro del Partido Liberal Democrático -PLD-, aseguró que el pueblo japonés debía cambiar la mentalidad que adquirió por el lavado de cerebro que hicieron los estadounidenses a su país durante el período de ocupación.
El abogado Mizuho Fukushima, quien representa a un grupo de coreanas que fueron esclavas sexuales, dijo que muchos japoneses se esconden detrás de la tradicional imagen de pacifistas y el gobierno ha proyectado sistemáticamente a su pueblo la imagen de los japoneses como víctimas de la guerra, cuando la verdad es todo lo contrario. "El gobierno -aseguró- no patrocina campañas que orienten al pueblo hacia la construcción de una conciencia moral que evalúe por qué fuimos tan brutales en esa guerra; o porqué usamos a los asiáticos como conejillos de Indias en experimentos con gas venenoso".
La polémica suscitada por la película se produce en momentos en que en círculos políticos del Japón se discute la conveniencia de celebrar los 50 años del fin de la guerra. Lo único que parece claro es que el país del Sol Naciente tiene aún mucho que recorrer para eceptar los errores del pasado y exorcizar con ello sus fantasmas.-

EDICIÓN 1879

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