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| 1/4/1993 12:00:00 AM

Tiro por la culata

El intento de golpe del 27 de noviembre proporciona un segundo aire a la presidencia de CAP.

Tiro por la culata, Sección Mundo, edición 553, Jan  4 1993 Tiro por la culata
EL 4 DE FEBRERO DE ESTE año, los golpistas venezolanos resultaron vencidos por las fuerzas leales, pero de la derrota militar sacaron una victoria política. Al fin y al cabo su cabecilla el teniente coronel Hugo Chávez Frías se convirtió en el hombre más popular de Venezuela, porque aprovechó muy bien la oportunidad que le dieron de dirigirse al país y su mensaje contra la política económica del gobierno y la currupción administrativa, caló en la opinion pública. Pero en la segunda atentona del año, efectuada el pasado 27 de noviembre, los golpistas borraron con el codo lo hecho con la mano.
Esta vez la derrota fue total, pues los insurrectos aparecieron ante la opinión como aventureros movidos por intereses personales, antes que paladines de la moralización y las reivindicaciones sociales. Para ello influyeron varios factores.
Primero, los alzados de noviembre tomaron en primer lugar las emisoras de televisión para hacer llegar sus proclamas y clamar por la insurrección generalizada. Recordaban que en febrero el presidente Carlos Andrés Pérez les había derrotado mediante sus apariciones en televisión, y querían tener esta vez esa baza en su mano. Pero a cambio de una figura respetable y convincente, quienes aparecieron ante las cámaras fueron civiles de extrema izquierda, miembros del grupo "Bandera Roja", incapaces de entregar un mensaje más allá de frases y proclamas simplistas. Al público no le gustó además esa extraña alianza entre los rezagos de la guerrilla derrotada en 1969 y los militares que iniciaron su carrera en aquella campaña.
Segundo, la gente no perdonó los bombardeos sobre Caracas que dejaron más de 250 muertos, sobre todo porque muchos fueron realizados después de que la rebelión había perdido toda posibilidad de éxito por la actuación abrumadoramente leal del ejército. Los bombardeos contra la escuela de aviación y contra instalaciones donde estaban sus propias tropas acrecentaron el rechazo en los sectores leales. Y la revuelta de la cárcel de Retén de Catia, donde muneron más de 100 reclusos, demostró que los golpistas estaban dispuestos a todo, incluso a sacar a la calle a los indeseables con tal de tener apoyo.
Tercero, los cabecillas de esta intentona ya estaban identificados como militares no confiables y ""traidores dobles", por su actuación poco clara el 4 de febrero. El general de aviación Francisco Visconti, señalado como jefe del grupo, había sido relevado de la comandancia de la base aérea Libertadores, por la evidencia de que aunque había participado en la planeación del golpe, se había abstenido de participar al ver que la derrota era inminente, lo que explicaría de paso que en febrero no hubo aviones de apoyo.
Cuarto, la actitud del presidente Carlos Andrés Pérez impresionó a la opinión. Todos los periodistas que lo acompañaron en las horas más tensas coincidieron en que Pérez había tenido el comportamiento de un verdadero estadista y había manejado el problema con "serenidad y firmeza".
Las encuestas hechas la semana pasada demostraron que los venezolanos ya no quieren saber nada de golpe. En especial le dieron la vuelta a la tendencia abstencionista de cara a las elecciones de gobernadores y alcaldes realizadas el domingo. Como dijo el analisla Gustavo Márquez, el intento de golpe puso a los venezolanos "entre la civilización y la barbarie".

LA PARADOJA PERUANA
LA SEMANA PASADA SE LE presentó una curiosa ironía al presidente peruano Alberto Fujimori. Mientras 93 militares venezolanos arribaban a Iquitos a bordo de un avión Hércules para pedir asilo político allí, en su propio país, las investigaciones sobre el abortado golpe de estado del 13 de noviembre señalaban los primeros implicados civiles.
En cuanto a los venezolanos, Fujimori decidió otorgar asilo político al general venezolano Efraín Francisco Visconti Osorio y a sus oficiales acompañantes, y su gobierno se comprometió a devolver el avión Hércules junto con los 50 soldados que pidieron regresar porque habían tomado parte en la intentona obedeciendo órdenes superiores. Al acceder a otorgar el asilo, Fujimori permitió a ese cabecilla y sus seguidores evitar un Consejo Supremo de Guerra que realizará un juicio relámpago para dictar sentencia en un máximo de 10 días.
En Perú, la fiscal Flor de María Mayta ordenó la vinculación al proceso por el golpe abortado del ex vicepresidente Máximo San Román, del lider popular cristiano Alberto Borea y de los dirigentes del partido aprista Mercedes Cabanillas y Abel Salinas.
Todos ellos rechazaron la acusación que los involucra en el complot dirigido por el general retirado Jaime Salinas, quien se encuentra actualmente en prisión. Pero en la opinión pública peruana produjo el efecto contrario un informe del canal cinco de T.V, que hizo el domingo 29 un recuento sobre los pormenores de los preparativos de la rebelión.
El programa afirmó que Salinas regresó a Perú desde Chile de regreso de Washington, donde vivía desde su retiro, y el empresario Julio Vera (exiliado en Costa Rica) le otorgó un carro blindado y otros implementos. La mayoría de los sediciosos eran oficiales en retiro que ofrecieron a San Román la Presidencia a cambio de nombrar a Salinas como Ministro de Defensa. El golpe debería terminar con la Suerte de Fujimori, del ministro de Defensa general Hermosa y el asesor de inteligencia Vladimir Montesinos.
Borea, quien es el abogado de Salinas, sostuvo que nada de lo dicho es delito, porque el golpe no se llegó a producir realmente, y que si se hubiera llevado a cabo, tampoco lo hubiera sido, "porque lo que el general Salinas quería era restablecer el régimen constitucional roto en el autogolpe del 5 de abril". Pero si no se concretó, dice la fiscal, es porque los servicios de inteligencia tenían infiltrado el grupo.

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