Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 12/9/1985 12:00:00 AM

TRIPOLI EN LA MIRA

El Washington Post revela plan de la CIA para enredar a Libia en incidente con sus vecinos

TRIPOLI EN LA MIRA TRIPOLI EN LA MIRA
Bob Woodward es un mal muchacho. En 1974, con la ayuda de otro periodista tan pesado como él, derribó de la presidencia de la República al asombroso Richard M. Nixon con sus implacables relaciones sobre el caso Watergate. Ahora, después de producir con menos ruido otras primicias noticiosas de gran calibre, trata de quitarle el sueño al presidente Ronald W. Reagan, precisamente ahora, cuando el fílamante mandatario necesita más silencio que nunca en la sala Oval para hundirse en sus meditaciones sobre la cumbre inquietante con Mikhail Gorbachev.
Según Woodward, quien no ha perdido aún su cargo de reportero en el Washington Post el Presidente Reagan autorizó a la agencia central de Inteligencia (CIA) para realizar una acción encubierta destinada a "socavar el régimen libio del coronel Muammar vKhadaffi". Todo indica que la historia, maloliente como queso de ahorcado. fue confiada a Woodward por una fuente anónima que ocupa un puesto muy alto en Washington tan alto que el periodista pudo obtener de ella hasta los lineamientos generales del plan.
La nueva aventura norteamericana en Libia consistiría--o consiste si el complot es cierto y está en marcha- en llevar al coronel Khadafi a cometer, mediante funcionarios de su propio régimen, un grave error político justificara una respuesta militar de uno de sus vecinos, Argelia o Egipto. La señal para ello sería un "incidente internacional" o una "hazaña terrorista", patrocinada por Trípoli.
Además, se contaría con un "creciente número de opositores" en el ejército libio, quienes tomarín el poder durante crisis y lanzarían al Coronel, sin asesinarlo, a las tinieblas de algún calabozo.
Reagan, a quien se le debió atragantar el desayuno el domingo cuando leyó la primera página del Washington Post, ordenó al día siguiente una investigación para dar con la fuente de Woodward.
Amenazando con tomar las "medidas apropiadas" contra el culpable de la molesta y peligrosa filtración, el Presidente encargó a William Hart, un vocero de la Casa Blanca, de responder ante los periodistas. Hart, en realidad, hizo poco por cortarle las alas al escándalo. Al fin y al cabo no llegó a desmentir ni a confirmar la noticia del Washington Post, quien tiene un récord impresionante de revelación de documentos secretos del gobierno sin que hasta el momento se lo haya pescado en un fraude.
¿Quién le pasó la información al reportero? En la capital norteamericana se especulaba a mediados de la semana pasada que la primicia fue suministrada por uno o varios congresistas, de aquellos descontentos con las acciones estilo Rambo que gustan al Presidente, u opuestos al plan denunciado. Las fuentes estaban, por mandato legal, enteradas de los detalles del mismo. En Estados Unidos el Presidente puede autorizar la realización de operaciones subversivas contra entidades o gobiernos que, a su juicio, plantean desafíos a la seguridad nacional norteamericana. Sin embargo, una enmienda constitucional impide al Presidente ordenar dichos operativos sin informar a la omisión congresional respectiva.
El complot contra Khadafi tendría una armazón internacional. La CIA empujaría a uno o más gobiernos del norte de Africa (léase Argelia, Túnez Egipto) a respaldar política y militarmente al grupo conspirador, en el caso de que prosperara la variante del putch interno, o a que estos países aprovecharan el "incidente internacional" creado por Khadafi para responderle a éste militarmente.
Según el Washinglon Post, la decisión de la Casa Blanca de apelar a golpes de este tipo fue el resultado de una evaluación de 29 páginas suscrita en junio del año pasado, en la que se afirma que cuatro años y medio de sanciones económicas habían afectado muy poco el régimen libio, así como habían sido improductivos todos los esfuerzos financieros en favor de los grupos disidentes libios en el exilio.
"Las fuentes dicen que el secretario de Estado, George Shultz y el director de la CIA, William J. Casey, han argumentado que la nueva acción encubierta está diseñada para detener el terrorismo, no para asesinar al coronel Khadafi", señala el artículo en cuestión. La inteligencia norteamericana, según las fuentes del diario norteamericano, asegura que el coronel Khadafi está apoyando la subversión "antiimperialista" a escala mundial.
Cita concretamente al Chad, Sudán Filipinas, Pakistán, Zaire y Nueva Caledonia, como lugares donde operan fuerzas que reciben apoyo militar libio. En América Latina, cinco países estarían corriendo la misma suerte: Guatemala, El Salvador, Chile, Colombia y República Dominicana. En Costa Rica, y en las islas de Santa Lucía y Dominica, la oposición política también estaría recibiendo fondos de Khadafi.
La pudorosa distinción según la cual los eventuales golpistas podrían destituir, pero no asesinar, al hombre fuerte libio, se explicaría, en la lógica interna del plan, por la existencia de una disposición legal, firmada por el mismo Reagan, que prohíbe expresa mente a la CIA y a las otras agencias secretas del país participar directa o indirectamente en asesinatos. A la CIA en años pasados se la ha acusado de la muerte de algunos hombres de Estado, como Patricio Lumumba en el Congo, Salvador Allende en Chile y Martin Luther King en Estados Unidos, así como de ser la instigadora de atentados contra Fidel Castro en Cuba y Gamar Abdel Nasser en Egipto.
Pese a la prohibición legal destinada a lavarle la cara a la poderosa organización, el plan destapado por el Washington Post establece que "los grupos exiliados libios, si son apoyados fuertemente, podrían comenzar a corto plazo una campaña de sabotaje y violencia intermitentes que acaben desafiando pronto la autoridad de Khadafi".
Por lo que se ve, los esfuerzos de los 007 norteamericanos estarian tratando de combinar, en realidad, las dos vertientes conspirativas. Hace pocas semanas algunos cables informaron que en Trípoli habían sido fusilados dos o tres ex funcionarios del régimen libio, tras haber sido juzgados y encontrados culpables de rebelión.
La nota pasó bastante desapercibida en los diarios, lo que no pasó precisamente con las noticias procedentes de la misma región cuando el gobierno libio decidió expulsar masivamente a los trabajadores tunecinos y egipcios que se habían radicado en Libia, lo que llevó en agosto a un dramático deterioro de las relaciones entre Libia y Túnez y a un aumento de las tensiones entre Libia y Egipto. El gobierno de Argelia, en ese mismo cuadro de cosas, ofreció su respaldo militar a Túnez "en caso de ser agredido por Libia".
¿Fue esa expulsión masiva de trabajadores el "incidente internacional", o sea, el grave error digitado por la CIA? Todo puede ser.
Por lo pronto, la agencia oficial argelina calificó de "ridículas" las informaciones publicadas en el Washinglon Post. No obstante, después de la crisis libio-tunecina de hace tres meses, los contactos entre Argelia, Túnez y Egipto se han reanudado, a pesar de la ruptura de relaciones diplomáticas con Egipto por el acuerdo de Camp David. En las últimas semanas un consejero especial del presidente Mubarak, Oussama El Baz, visita las dos capitales para estudiar con sus homólogos la "nueva coyuntura" creada por la expulsión libia de los trabajadores tunecinos y egipcios.
Moscú, deseoso de responder al discurso de Reagan del 24 de octubre en la OINU sobre los "confiictos regionales" en Angola, Afganistán, Camboya, Etiopia y Nicaragua, como instigados por la URSS, calificó los hechos revelados por el Washington Post como "un fresco ejemplo del terrorismo internacional que ha sido elevado al status de política estatal de Estados Unidos".
Bob Woodward, mientras tanto, seguirá investigando este caso. Para él y sus fuentes, este juego apenas comienza. --

EDICIÓN 1888

PORTADA

Petro vs. López Obrador, ¿cuál es la diferencia?

El recién elegido presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha tenido una carrera muy parecida a la de Gustavo Petro. ¿Por qué uno pudo llegar al poder y el otro no?

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1890

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.