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| 2/19/1990 12:00:00 AM

TUMBA EN VIDA

Un verdadero infierno la cárcel donde terminó Lehder y esperan a Noriega.

TUMBA EN VIDA TUMBA EN VIDA
Desde cuando comenzaron su campaña contra la extradición, los narcotraficantes colombianos acunaron un lema que le dió la vuelta al mundo: "Preferimos una tumba en Colombia a una celda en Estados Unidos". Esa patética afirmación no se motivaba, contra la creencia de muchos, sólo en la presunta incorruptibilidad del sistema judicial norteamericano, al que el poder económico de los carteles no podría hacer el daño que haría en Colombia.
Detrás del manifiesto de los narcos estaba también un terror motivado por las extremas condiciones de disciplina que viven los reclusos de lac cárceles de máxima seguridad que, sin ninguna duda, serían las que esperarían a personajes como Manuel Antonio Noriega. Y tenían razón.

Entre esas penitenciarias la mas temida es la Prisión Federal de Marion (Ilinois), que es precisamente la que alberga a Carlos Lehder Rivas, condenado a permanecer tras las rejas toda su vida "mas 135 años" Construida en 1963, en el mismo año en que Alcatraz cerró sus puertas, Marion se proyectó como el modelo de lo que deberia ser una prisión moderna.
En esa epoca se practicaban allí todas las teorías de rehabilitación que incluían multiples actividades, incluso académicas, y los reclusos gozaban de relativa libertad en medio de un ambiente campestre que recordaba mas un campus universitario que una carcel. Pero todo eso cambió en 1979 cuando el gobierno resolvió convertir a Marion en la unica prisión federal de grado 6, descrito como de "seguridad supermáxima". Poco a poco fueron trasladados allí los presos más peligrosos del país y aquellos que por sus delitos de especial gravedad eran acreedores al tratamiento más restrictivo. Lo que era una institución relativamente confortable se convirtió en un verdadero infierno.

Con la llegada de los peores delincuentes, la vida en Marion se hizo cada vez mas dura. Entre febrero de 1980 y octubre de 1983 nueve reclusos fueron asesinados, hubo 10 motines, 57 asaltos y 33 ataques al personal de guardia. Al final de ese período se produjo el levantamiento más grave, cuando dos guardias fueron fatalmente apuñalados y los presos se asesinaban entre sí "a voluntad". Fue entonces cuando la prisión más segura de Estados Unidos adquirió una de las características que la distinguen: los presos se mantienen encerrados en sus celdas 22 de las 24 horas del día y cuando se les permite movilizarse hacia otras dependencias, como la sala de visitas, son esposados y encadenados y, aun así, les acompañan cuatro guardias armados con cachiporras de caucho a las que llaman cariñosamente "separa-costillas".

La parte más severa de la prisión está constituida por la Unidad de Segregación Disciplinaria, mejor conocida como "El Hueco", la sección a la que llegarían, de ser capturados, los reyes del cartel de Medellín. Allí las celdas tienen 2.10 por 2.70 metros.
La cama, como en el resto de la prisión, consiste en una plancha de concreto suavizada por un breve colchón de paja. Dos anaqueles permiten guardar un par de camisas y unos cuantos libros. En uno de los extremos, un sanitario y un lavamanos complementan el conjunto. Un pequeño espejo empotrado en la pared aumenta el mobiliario, y la televisión en blanco y negro que alivia la rutina de los demas reclusos brilla por su ausencia. La vista desde la celda no es mucho mas animada. Lo único que se aprecia es una hilera de barrotes pintados de rojo. Mas allá de estos, una malla espesa pintada de negro (la pared de la "sala de recreación") y, aun mas allá, una ventana pequeña que enmarca un vidrio más grueso que lo normal. El area pomposamente llamada de "recreación" consiste en una bicicleta estática fijada en el piso y una barra de ejercicios. Nada más.

Pero no es solamente el aislamiento total y las largas horas confinadas en una celda de tan precarias dimensiones lo que mas golpea a los reclusos de Marion. No sólo cada celda es vigilada constantemente por medio de un circuito cerrado de televisión, sino que los guardias golpean permanentemente los barrotes que componen las celdas y los corredores con el propósito declarado de vigilar que ninguno de ellos haya sido aserrado. La pintura negra de los cerramientos, que tampoco sirve de nada cuando de elevar el ánimo de los reclusos se trata, se debe a que los guardias deben tener una visibilidad perfecta de lo que ocurre. Las camas estan hechas de concreto porque los resortes son potenciales proveedores de metal para la confección de puñales. Los tubos de neón de plastico han dado paso a pequeños apliques que dan muy poca luz, porque los usados anteriormente eran utilizados para elaborar el mismo tipo de armas, con el riesgo adicional de que no pueden ser descubiertas por los detectores de metales.

La confraternización con los demás detenidos, que en muchas prisiones es uno de los factores que alivian la carga de la pena, es practicamente imposible en Marion. Los reclusos son alimentados en sus propias celdas. Las raciones, que son muy escasas, les solían ser administradas en bolsas de plastico. Pero cuando esos objetos inofensivos fueron convertidos en cuchillos mediante la quema de aspirinas como fuente de calor, hasta las inocentes bolsas quedaron prohibidas. Eso no alcanzó a evitar que un recluso cubano fuera asesinado con el producto de esa precaria artesanía. El ingenio de los detenidos para conseguir armas no tiene límites y uno de los casos mas notorios fue el de la fabricación de una peligrosa bomba con cabezas de fósforos.

Las celdas son "peinadas" con una frecuencia increíble y si algún prisionero abandona momentaneamente las instalaciones del penal por algun motivo, a su regreso es requisado, hurgado en todos sus orificios naturaIes y sometido a una detenida inspección con rayos X.

A pesar del aislamiento, las medidas de seguridad y la vigilancia permanente por parte de los numerosos guardias, las distintas bandas en que se halla dividida la población carcelaria alcanzan a hacer de las suyas, toman venganza, esperan con paciencia a que se presente una ocasión propicia y ejecutan silenciosamente al enemigo. Nadie mira nada. Nadie delata a nadie y muchas veces el asesinato de un condenado por las bandas y grupos rivales aparece como un simple suicidio perpetrado en el interior de una celda a la que, aparentemente, nadie podía penetrar.

Existe una zona particular en la carcel de Marion, compuesta por las celdas del octavo piso en el que funciona la llamada Unidad K, donde estan no los criminales más peligrosos de Estados Unidos pero sí los más notorios, los que cometieron delitos especiales. Sus celdas parecen mansiones comparadas con las del resto del penal, son mas espaciosas, tienen mesas de ping pong, duchas particuIares, bibliotecas, maquinas de escribir y televisor a color. Los detenidos de esa zona no forman parte de los programas carcelarios de Marion.
Aún si se portan bien no tendrán rebajas en sus condenas y sólo la paciencia y la espera pueden determinar en qué momento saldrán libres.

Estos prisioneros estan ahí por razones especiales, razones simbólicas que tienen que ver con la política y motivos nacionales e internacionales.
Ahí se encuentran, entre otros, Jonathan Pollard, sentenciado a cadena perpetua por espiar a favor de Israel es tan valioso por la información que posee que es mejor mantenerlo guardado. También se encuentran John Walker, espía de los sovieticos; Edwin P. Wilson, quien vendia armas y explosivos a los terroristas libios. Paga 52 años. Joseph Paul Franklin, miembro del Ku Klux Klan y acusado de una serie de crímenes raciales; Garrett Trapnell, acusado por el secuestro de un avión en 1972 con el fin de liberar a la dirigente negra Angela Davis.

Muchos estudios de los problemas carcelarios norteamericanos critican la política de Marion por "concentrar todas las manzanas dañadas en una sola cesta", pero al mismo tiempo se afirma que sólo de esa manera las demás instituciones carcelarias de Estados Unidos podran manejar con más tranquilidad al resto de la población detenida.

Manuel Antonio Noriega y sus socios son esperados en Marion. Ese es el hotel que el establecimiento judicial norteamericano quisiera ofrecerle para el resto de sus vidas.-

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