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| 10/31/1988 12:00:00 AM

TUMBANDO Y CAPANDO

En el camino de la Perestroika, Gorbachov descabeza a Gromyko, Ligachev y 40 más de la vieja guardia.

TUMBANDO Y CAPANDO, Sección Mundo, edición 335, Oct 31 1988 TUMBANDO Y CAPANDO
El invierno llegó temprano a Moscú la semana pasada. Por lo menos eso deben estar pensando los cuatro miembros del Politburó a los que les cayó "la gota fría" el viernes, al cabo de una reunión extraordinaria de una hora en la cual la Perestroika volvió a imponerse sobre sus adversarios.

El arquitecto de semejante "moñona" volvió a ser, una vez más, Mikhail Gorbachov. De manera sorpresiva, el número uno del Kremlin envió al retiro a los más granados representantes de la era Brezhnev, incluyendo al conocido Andrei Andreievitch Gromyko, un patriarca de 79 años que se venía desempeñando como presidente titular de la URSS. "Voluntariamente", el ex ministro de Relaciones Exteriores que se hizo famoso en la ONU como "Mr.
Niet" pidió su retiro, al igual que tres colegas más, asociados con la vieja guardia. "Es el cambio más llamativo desde que Corbachov llegó al poder", comentó asombrado un diplomático occidental en Moscú.

Y asi es. Colocado contra la pared por los conservadores que venían atacando sus iniciativas de reforma, el lider soviético demostró que la mejor defensa es el ataque. Sin darle tiempo a sus adversarios de organizarse en forma, Gorbachov decidió convocar una reunión extraordinaria del Comité Central del Partido Comunista Soviético (PCUS). La noticia obligó al ministro de Relaciones Exteriores, Edward Shevardnadze, a dejar apre suradamente la sesión plenaria de las Naciones Unidas en Nueva York, y al jefe de las fuerzas armadas, Sergei Akromeyev, a salir a las carreras de Estocolmo.

La estrategia, por lo visto, funcionó. La rapidez del encuentro en Moscú demostró que los oponentes del líder soviético fueron tomados por sorpresa y que los conservadores quedaron temporalmente debilitados.

El éxito del viernes fue confirmado el sábado en la mañana con ocasión de una reunión extraordinaria de los 1.500 delegados que componen el Soviet Supremo. En escasos 45 minutos, Gromyko presentó su dimisión, siendo remplazado por el propio Gorbachov, quien ahora es también el jefe de Estado de la URSS. Aparte de ese logro, el líder soviético consiguió también que los obedientes delegados votaran por el remplazo del hasta entonces jefe de la KGB, Victor Chebrikov. Descrito como otro enemigo más de la Perestroika, Chebrikov fue promocionado al Politburó, pero esa decisión le obligó a dejar su puesto en la temida policía secreta.

La voluntad de Gorbachov de hacerse elegir jefe de Estado no es, ni mucho menos, un brote de vanidad.
Desde hace meses se está escribiendo una nueva constitución para la URSS, según la cual el puesto va a perder el carácter decorativo que tiene hoy para convertirse en el centro mismo del gobierno. Al asegurar desde ya esa posición, Gorbachov está eliminando los riesgos de una sucesión y al mismo tiempo le está demostrando a los conservadores que, por más problemas, él es el único que tiene el comando. Irónicamente, los cambios de la semana pasada le recordaron a muchos que fue el mismo Andrei Gromyko quien en 1985 propuso el nombre de Gorbachov como secretario general del PCUS. En ese entonces, el hoy jubilado diplomático dijo: "Camaradas, este hombre tiene una bonita sonrisa, pero también tiene dientes de acero".

Sólo actitudes como esa le permitirán a Gorbachov salir adelante. A pesar de que la idea de reestructuración fue aceptada nominalmente por los delegados del PCUS en el Congreso del mes de junio, en términos prácticos la Perestroika ha encontrado muchos enemigos. Esa impresión fue confirmada por el propio secretario general a finales del mes, cuando sostuvo que "estamos perdiendo la partida".

El problema, por el momento, parece concentrarse en el bombardeo hecho dentro del mismo Partido Comunista. A pesar de las instrucciones sobre la necesidad de delegar decisiones y darle más independencia a los directores de las empresas estatales, los reportes venidos de la URSS aseguran que pocas cosas han cambiado. Para colmo de males, el clima ha estado malo y eso ha influido sobre el ábstecimiento de alimentos.
A comienzos del mes, con ocasión de un viaje a Siberia, el jefe del Kremlin se encontró con multitudes enojadas que se quejaron a gritos de sus difíciles condiciones de vida.

Frente a semejante reto, Gorbachov ha decidido que hay que cambiar al propio Partido Comunista. La experiencia reciente no es muy valiosa. Stalin lo hizo a las malas y acabó con millares de vidas. Kruschev trató de hacerlo a las buenas y fue obligado a retirarse en 1964.

Ahora, la idea es la de reducir la cantidad de gente que toma decisiones y estimular la aparición de una nueva generación de líderes. Al mismo tiempo se quiere hacer que los funcionarios del PCUS deban responder por sus decisiones ante el comite que los haya nombrado.

Todo eso suena muy bien en el papel. El problema, no obstante, consiste en que la gente que debe autodisciplinarse es la misma que hoy en día disfruta de toda una serie de prebendas y beneficios. El primero de septiembre, el diario Pravda publicó la lista de compras elaborada para las dachas de una serie de funcionarios de la región de Ryazán, al suroriente de Moscú, en los primeros seis meses de este año. Entre otras cosas, aquella incluía 394 kilos de caviar, 6 mil patas de cangrejo, 565 kilos de esturión, paté de hígado y otras delicias más, todo en un país donde la carne se encuentra racionada en ocho de las 15 repúblicas que lo componen.

Vicios como ese están detrás de los retiros voluntarios de la semana pasada. Si éstos van a dar resultado, es cosa que no se verá inmediatamente. En la Unión Soviética las cosas toman tiempo y si Gorbachov se ha tardado tres años y medio para consolidarse, hay que esperar por lo menos otro tanto para que los cambios se vean.

En todo ese tiempo los conservadores bien pueden dar un contraataque.
Por el momento los más peligrosos parecen haber sido neutralizados, e incluso el temible Yegor Ligachev --el número dos del escalafón--fue encargado el viernes pasado de la agricultura, labor que seguramente lo distraerá de su función como ideólogo del partido.

Es en esta época de marea alta que Gorbachov debe lanzar su ofensiva.
La buena racha de finales de septiembre se completó con el levantamiento de las huelgas que tenían paralizada a Armenia, la república que exige el anexamiento de un territorio que hoy en día le pertenece al Azerbeiján. Si en los días que viene el hombre fuerte del Kremlin redondea su estrategia, es todavía posible que a punta de hacer fuerza, logre despertar a ese oso en estado de hibernación en que se ha convertido la Unión Soviética. --

EDICIÓN 1879

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