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| 10/3/1994 12:00:00 AM

UNA CHARLA INFORMAL

La reunión de Gabriel García Márquez con la familia Clinton mostró la cara amable del poder en Estados Unidos.

UNA CHARLA INFORMAL UNA CHARLA INFORMAL
EL MIERCOLES DE LA SEMAna pasada, en medio de la que parecía la parte más complicada de la crisis cubano-estadounidense, un rumor recorrió las salas de redacción de toda América. Se decía que el escritor colombiano Gabriel García Márquez había sido invitado, junto con su colega mexicano Carlos Fuentes, a comer con el presidente Bill Clinton y que el tema sería la crisis de los balseros cubanos. Hubo incluso noticieros de televisión que interrumpieron sus emisiones para mencionar esa cena, que se consideró crucial en el momento histórico.

Pero aunque efectivamente los escritores se reunieron con el Presidente, la ocasión tuvo un carácter estrictamente social, lo que no le quita el interés anecdótico, porque a ese nivel, los detalles aparentemente sin importancia pueden resultar, en el contexto, muy significativos.

El asunto se remonta a la última versión del Festival de Cine de Cartagena, cuando el entonces presidente César Gaviria invitó a Gabo y a su señora Mercedes Barcha a almorzar en la Casa de Huéspedes Ilustres, junto con el escritor estadounidense William Styron y su esposa Rose. En medio de la conversación, Styron recordó que Clinton solía pasar sus vacaciones cerca de su casa en la exclusiva isla de Martha's Vineyard, y le dijo a García Márquez que si hacía una comida con el Presidente, les invitaría también a él y a Mercedes.

Pasaron los meses, el tema se olvidó por completo, y a media semana Carlos Fuentes llamó por teléfono a Gabo, quien estaba en su casa de México. Styron, dijo Fuentes, les invitaba a cenar en su casa de veraneo, y sí, la familia presidencial estaría presente.

Cuando llegaron al lugar, había unos 16 invitados, entre ellos los dueños de los medios de comunicación más poderosos de Estados Unidos, el Washington Post y el New York Times. El Presidente, vestido con un suéter que recordaba un crucigrama, su esposa Hillary y su hija Chelsea llegaron hacia las siete de la tarde, y se inició una reunión muy cordial.

En el curso de la comida se habló de todo. El grupo de Rio fue uno de los tópicos principales, y cuando se llegó a Cuba, Clinton dijo que ese era un tema delicado y que, por cuanto estaban en marcha unos contactos, prefería no hablar de eso para evitar decir cualquier cosa que pudiera afectar la situación.

Entonces los temas derivaron hacia otros aspectos. García Márquez no perdió la oportunidad de hablar del narcotráfico, y le dijo al Presidente que no era posible acabar con el flagelo, si Estados Unidos no contribuía con el combate al consumo interno; que si pensaba que los narcotraficantes pueden surtir un mercado de 20 millones de usuarios sin alguna complicidad de las autoridades, y que en Estados Unidos no había un solo policía preso.

Clinton contestó que eso podía ser cierto, y que sus esperanzas estaban puestas en la nueva ley contra el crimen, aprobada por el Congreso, que le permitiría poner más recursos a la represión del fenómeno.

Pero Clinton parecía aburrido de hablar de política, y la conversación derivó hacia la literatura. Clinton habló con propiedad de la obra de García Márquez, dijo que le había gustado especialmente 'Cien años de soledad', mientras Hillary se inclinó por 'El amor en los tiempos del cólera'. Y respecto de Chelsea, se supo que estaba leyendo también 'Cien años...', y no porque se lo impusiera el colegio, como le preguntó Gabo, sino porque su abuela se lo había recomendado, y que estaba fascinada.

Lo que impresionó al premio Nobel fue la afición literaria de la familia presidencial. Después de contestar a una pregunta de Clinton sobre cuál libro le hubiera gustado haber escrito ('Los tres mosqueteros'), Gabo le preguntó por sus aficiones, y Clinton le dijo que le gustaba sobre todo William Faulkner, en especial la segunda parte de 'Absalón, Absalón'. Fuentes y Gabo levantaron las cejas en señal de admiración, porque para los dos literatos es claro que esa obra, por lo ardua, indica un alto nivel de lectura.

Lo cierto es que la versión de que la comida se había celebrado para hablar de Cuba se difundió en América Latina, pero no en Estados Unidos, donde las vacaciones del Presidente son cubiertas con lujo de detalles. García Márquez terminó impresionado con el hecho de que Clinton es un Presidente "que escucha con atención aun sobre los temas que pueden afectarle, como el del narcotráfico". Eso, en su opinión, es importante, porque demuestra que en una situación de verdadera crisis, es alguien con quien se puede hablar.

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