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| 8/21/1995 12:00:00 AM

VIEJOS TIEMPOS

Entre rumores sobre una cura de alcoholismo, el manejo del tema de la salud de Yeltsin recuerda la manipulación soviética.

VIEJOS TIEMPOS VIEJOS TIEMPOS
LA AGENCIA DE NOTICIAS oficial Itar-Tass, sin quererlo, hizo que un sudor frío corriera por la espalda de millones de rusos. La razón fue el parecido exagerado entre la foto difundida poco después de la hospitalización del presidente -afectado por lo que se llamó oficialmente 'isquemia', pero que él mismo describió días más tarde como 'ataque al corazón'- y otra que apareció en abril, cuando el dirigente pasaba sus vacaciones en el sur de Rusia.
Al fin y al cabo se trataba de un Yeltsin tomado en un ángulo idéntico, que usaba la misma marca y diseño de camiseta y rodeado por teléfonos y cortinas que parecían sospechosamente semejantes. El parecido hizo recordar los procedimientos usados en la época soviética cuando se quería manipular a la opinión pública en cuanto a la desgracia o la muerte de algún dirigente. De modo que la angustia fue doble: para los partidarios de Yeltsin (que cada día son menos), el parecido de las fotos demostró que su hombre estaba muerto. Para los demás, que el país estaba regresando a prácticas que se creían superadas.
Finalmente el episodio pareció superado cuando el propio Yeltsin salió ante las cámaras para describir sus problemas de salud y prometer que muy pronto estaría de nuevo jugando tenis. Pero no logró eliminar el mal sabor que quedó en la boca de millones de rusos.
La razón es clara. Por una parte, la salud de Yeltsin es una preocupación bien consolidada desde que los viajes al extranjero pusieran a miles de personas ante el espectáculo de su alcoholismo. En un país donde éste el el mayor problema de salud pública, muchos especulan, con cierta razón, que la permanencia de Yeltsin en el hospital se debió, bien a una cura contra la intoxicación, o a una enfermedad directamente relacionada con su desordenado consumo de vodka. De hecho, un periódico de Moscú, Moskovsky Komsomolets, se ganó las iras de la esposa del presidente cuando publicó que la enfermedad de Yeltsin estaba vinculada con una fiesta celebrada la noche anterior por el cumpleaños de un cercano colaborador.
La segunda razón tiene que ver precisamente con el manejo de la información y las relaciones con los medios. Lo cierto es que el gobierno del Kremlin está manipulando con creciente descaro a los medios, incluso a través de amenazas judiciales. La última de ellas se presentó contra el popular programa de televisión Kukly, presentado por la cadena NTg el único medio televisivo privado de carácter nacional. En el programa, cuya idea fue copiada de uno que se emite en Francia, figuran unas marionetas que representan a los personajes nacionales, y en uno de sus episodios aparecieron Yeltsin y el primer ministro Viktor Chernomyrdin como dos borrachos. Si bien es conocido que los rusos no tienen mucha tradición en el arte de soportar burlas públicas, el caso adquirió especial notoriedad porque el dueño de NTV el magnate Vladimir Gusinsky, ha tenido frecuentes y muy publicitados encontronazos con miembros del gobierno de Moscú.

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