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| 7/21/2007 12:00:00 AM

“A Álvaro Gómez Hurtado lo mató la mafia para hacerles un favor a los políticos”

El narcotraficante Hernando Gómez Bustamante revelará los autores del magnicidio en Estados Unidos. Antes de ser extraditado habló con SEMANA y hasta salpicó a Diego Armando Maradona.

“A Álvaro Gómez Hurtado lo mató la mafia para hacerles un favor a los políticos” ‘Rasguño’ usa bastón como consecuencia de una afección en la columna
En un operativo de seguridad como de película, el capo de la mafia Hernando Gómez Bustamante, alias 'Rasguño', fue extraditado el jueves de la semana pasada a Estados Unidos, en donde lo esperan una corte federal y un buen número de trabajadores suyos que serán testigos en su contra por el negocio al que le dedicó toda su vida: el narcotráfico.

Antes de su salida de la cárcel de Cómbita, en donde permaneció recluido cinco meses, habló con SEMANA sobre el magnicidio del ex candidato presidencial Álvaro Gómez Hurtado, sobre la financiación de las campañas políticas, las relaciones de la mafia con las autodefensas, el cartel de México y el maltrato que recibió en Cuba supuestamente por no hablar contra el presidente Álvaro Uribe y los paramilitares.

Arrancó la entrevista diciendo que en la mafia hay muchos mitos, mentiras y verdades. Y él sabe por qué lo dice. Vivió en ese mundo toda la vida. A los 17 años ya tenía su primer 'patrón' y aunque nació en la población de El Águila, hace 48 años, se convirtió en un hombre peligroso y temido en Cartago, norte del Valle del Cauca.

Acorralado por las autoridades cubanas, quienes lo detuvieron en 2004 en la isla, buscó a través de su familia la ayuda del premio Nobel Gabriel García Márquez, del futbolista argentino Diego Armando Maradona y de líderes del ELN y del narcotráfico, para buscar su deportación a Colombia y su extradición a Estados Unidos. Ambas cosas las logró. Llegó al país en febrero pasado y bajo la amenaza de que iba a ser asesinado en la cárcel por sus enemigos, renunció a los términos legales que culminaron con su extradición relámpago. Gómez Bustamante es un hombre de mediana estatura y robusto. Cuando habla, da la impresión de ser un caballero. Conversa despacio, en voz baja, no hace gestos ni mueve las manos, pero ríe cada vez que se le hace una pregunta comprometedora.

SEMANA: Está usted a punto de abordar el avión de la DEA.
Hernando Gómez: Sí. Me voy tranquilo y contento porque de todos mis amigos, el único vivo soy yo.

SEMANA: Es recurrente que los narcotraficantes digan que están arrepentidos. ¿Usted va a decir lo mismo?
H.G.: Yo me arrepiento por todos los problemas que mi familia ha pagado. Ha sido un costo horrible. Yo quiero salir cuanto antes del país y no quiero volver, ni siquiera a Cartago.

SEMANA: Respeto lo de su familia, pero al país le causó un daño irreparable.
H.G.: Yo soy consciente de que al Valle lo acabamos. En el momento en que tuvimos que escondernos, todos esos grupitos delincuenciales quedaron sin Dios ni ley y acabaron con todo en Cali y en el Valle.

SEMANA: ¿A usted hay que tenerle miedo o respeto?
H.G.: A nosotros nunca nos han tenido respeto, sino mucho miedo.

SEMANA: Lo dice como si se sintiera orgulloso.
H.G.: No. Me hace sentir muy mal. En el narcotráfico llega un momento en el que uno tiene que seguir y seguir o si no, se muere. Cuando uno está empezando, de pronto se puede decir no más. Pero cuando uno llega a esa pirámide tan alta, lo endiosan a uno, lo vuelven un ídolo de barro.

SEMANA: ¿Otro 'ídolo de barro' como usted fue Orlando Henao, el cuñado de Iván Urdinola. Fue quizás el hombre más rico y poderoso de la historia del narcotráfico hasta cuando lo mataron en la cárcel La Modelo en 1999.
H.G.: Era mi mejor amigo. Había sido policía. Él también era de El Águila y fue el más poderoso capo. Nosotros empezamos juntos, pero él me llevaba a mí como unos cinco años. Orlando vivía entre Bogotá y Cali. Era al único hombre al que le temían Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela.

SEMANA: ¿Él era el famoso y temido 'Hombre del overol'?
H.G.: Así es.

SEMANA: ¿Fue él quien asesinó al candidato presidencial Álvaro Gómez Hurtado?
H.G.: (Ríe). No me haga hablar de eso. Cuando esté en Estados Unidos voy a ayudar a esclarecer el magnicidio.

SEMANA: Se sabe que el ex ministro Fernando Botero le ha contado a la Fiscalía algunos detalles sobre el crimen de Gómez Hurtado.
H.G.: Si Botero llegara a decir quiénes fueron, yo corroboraría o desmentiría lo que él diga. Yo sé la verdad.

SEMANA: ¿Y por qué la calla?
H.G.: Es un tema muy espinoso, complicado y delicado para mi familia.

SEMANA: ¿Pero fue una muerte política o fue la mafia?
H.G.: Eso fue una revoltura.

SEMANA: ¿Cómo así?
H.G.: (Ríe). Lo único que le puedo decir es que fue la mafia. Fue un amigo cercano que se creía un político importante y quiso con eso ayudarles a algunos políticos comprometidos en el escándalo del 8.000. Yo siempre sostuve que eso fue un error. El país perdió demasiado.

SEMANA: ¿Cuánto se pagó por el crimen?
H.G.: Yo no voy a contestar eso. Mire, yo tengo dos hijas, 10 hermanos y 28 sobrinos y no quiero complicarles más la vida. Todo lo contaré en Estados Unidos.

SEMANA: ¿Y de qué le va a servir a la justicia norteamericana lo que usted cuente?
H.G.: Ellos tendrán que evaluarlo en su momento.

SEMANA: ¿Usted les va a ratificar lo que ha dicho sobre su financiación a la campaña de Ernesto Samper?
H.G.: Tengo que hacerlo o si no, me van a masacrar con años. Y los trabajadores míos van a contar lo que me vieron hacer y lo que yo hice.

SEMANA: ¿Al fin de cuánto fue su aporte?
H.G.: En esa época fueron unos 2.000 millones de pesos que dimos en Cartago.

SEMANA: ¿Por qué creerle a usted, si siempre ha sido un delincuente?
H.G.: Lastimosamente la historia mala de este país se está contando desde las cárceles por personas como yo, al margen de la ley. Yo nunca pensé que al contar esto, un tema tan trillado desde hace 15 años, fuera a levantar ampolla y le dieran un manejo político a ese tema.

SEMANA: Es que es muy distinto que lo diga alguien como Fernando Botero a que lo asegure un narcotraficante de su talla. Ni siquiera los hermanos Rodríguez Orejuela han querido reconocerlo.
H.G.: Esa pudo haber sido mi gran equivocación. Uno comete muchos errores en estas entrevistas.

SEMANA: Usted también dijo que los jefes de las AUC recluidos en la cárcel de Itagüí continúan traficando.
H.G.: Ustedes también lo han denunciado. Pero no me haga decirlo a mí porque eso es poner en peligro a mucha gente. Es mejor no hablar nada de eso.

SEMANA: ¿La persona que está en Itagüí y que se quedó con su dinero es 'Macaco'?
H.G.: (Ríe). Usted lo ha dicho, no yo.

SEMANA: ¿Qué tal son sus relaciones con el jefe de las AUC 'Adolfo Paz', 'Don Berna'?
H.G.: Siguen siendo muy buenas. Yo con 'Berna' tenía constantemente comunicación. Él intercedió para que no me mataran en esta cárcel.

SEMANA: ¿Y quién de los que están en Itagüí quería matarlo?
H.G.: Una persona muy allegada a todos nosotros que se volvió mi enemigo por quedarse con la zona de Cartago.

SEMANA: ¿'Macaco'?
H.G.: (Ríe).

SEMANA: ¿A cuántos años cree que lo van a condenar en Estados Unidos?
H.G.: A 20 ó 25 años. (Ríe)

SEMANA: ¿Y eso le causa risa?
H.G.: Vea, yo tengo varios empleados míos detenidos en Estados Unidos y ellos están buscando acuerdos, entre ellos Johnny Cano. Pero aún no se los han aceptado por el perfil violento y porque trataron de colarse como paras.

SEMANA: Usted dice que va a hablar de ellos, pero en una entrevista con SEMANA hace unos tres años usted sostuvo que no era un sapo.
H.G.: Cuando estamos libres nos volvemos inmortales y desde el año 99 sostuve que jamás iba a decir nada de nadie. Pero uno tiene muchos testigos en Estados Unidos que le cambian a uno el pensamiento.

SEMANA: ¿Y cómo logró burlar tantos años a la justicia colombiana?
H.G.: Todo eso se hace con billete. Esa parte de corrupción la tenemos todos. Mis abogados me manejaban lo de los fiscales, y otros, la Fuerza Pública.

SEMANA: ¿Y cómo logra llegar a Cuba?
H.G.: Yo estaba en Caracas y me iba para Cuba a un chequeo de un problema que tengo en la columna. Después iba para Europa a las Olimpíadas. En el aeropuerto di 2.000 dólares en inmigración para ir a la fija. Pero dentro del avión de Aeropostal se me alborotó la arrogancia y me dio por pelear porque no me dejaban ir en clase ejecutiva. La azafata me dijo que en el gobierno de Chávez todos eran iguales. Ahí me pusieron el ojo y ya en Cuba me estaban esperando por problemático.

SEMANA: ¿Usted dice que en la isla lo maltrataron?
H.G.: Fue todo el tiempo. Me cogió la seguridad del Estado, que es la seguridad de Fidel Castro y me empezaron a presionar para que hablara en contra de los paras y de Álvaro Uribe, con la amenaza de condenarme por narcotráfico. Estuve en un calabozo sin sol y cuando iba Natalia, mi mujer, con mi niña de 30 meses, no me la dejaban cargar y ahí me estaba volviendo loco. Me daba contra las paredes hasta sangrar y me estaban enloqueciendo con música de Silvio Rodríguez, todo el día, a todo volumen. Luego me dijeron que iba para Colombia.

SEMANA: ¿Cómo logró que lo deportaran?
H.G.: Colombia me pidió en extradición 11 veces y nunca le contestaron. Mi familia, ya desesperada, buscó a Gabriel García Márquez. Ellos le explicarán lo del Nobel. También me ayudó Varela (Wílber). Me colaboró mucho mandando gente de la izquierda y del ELN a ver qué podían hacer por mí en Cuba. También se buscó a Diego Armando Maradona, a quien le dimos 50.000 dólares, pero se voló con la plata. (Ríe).

SEMANA: ¿Qué fue lo más excéntrico que usted se llegó a comprar?
H.G.: Un caballo que me costó un millón de dólares y se me murió de un cólico a la semana. Un automóvil Ferrari que jamás manejé y un cuadro del pintor flamenco Pedro Pablo Rubens que compré en 1991 por siete millones de dólares. Ambos se los entregué a la justicia. También le entregué mi tesoro más preciado: un fusil con baño de oro que me dio Amado Carrillo (cartel de Juárez). Cuando iba a México, siempre me mantenía con él.

SEMANA: ¿Siempre hizo sus negocios de coca con Amado Carrillo, alias el 'Señor de los cielos'?
H.G.: Siempre, hasta que murió. Él era el más grande en México. Después de su muerte estuve con su hermano Vicente, con el 'Mayo' (Ismael Zambada García), con don Juan, el 'Azul', del cartel de Sinaloa (Juan José Esparragoza) y con Joaquín, el 'Chapo' Guzmán.

SEMANA: Mejor dicho, con los capos más duros de México.
H.G.: Yo he hecho negocios con ellos desde hace muchos años.

SEMANA: ¿Usted estaría dispuesto a atestiguar contra ellos en Estados Unidos?
H.G.: Los norteamericanos se saben de memoria el cuento del narcotráfico. En estos momentos hay mexicanos extraditados que ya han hablado de mí, como Osiel Cárdenas Guillén (cartel del Golfo) por ejemplo, o al que le decían 'Metro', que era el secretario de Amado. Entonces por inercia si yo no hablo de ellos, me voy a podrir en la cárcel.

SEMANA: ¿Cómo cree usted que se puede acabar con el narcotráfico en Colombia?
H.G.: Hay que sentar a todo el mundo a hablar. A la izquierda, a las AUC y a los narcos. Yo no veo otra salida. A punta de extradiciones y de guerra, jamás se va a lograr.

SEMANA: ¿Cuál cree usted que es el futuro de Diego Montoya y de Wílber Varela?
H.G.: Cuando uno tiene sobre su cabeza una recompensa de cinco millones de dólares, uno no puede tener un amigo que tenga menos de esa plata porque si no, está pensando todo el tiempo cómo lo entrega. Ellos van a terminar muertos o capturados.

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