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| 4/22/2002 12:00:00 AM

Adiós a la política

León Valencia, columnista de El Tiempo, acaba de terminar Adiós a la política, bienvenida la guerra, un libro que será lanzado por el Círculo de Lectores la próxima semana en la Feria del Libro.

Adiós a la política Adiós a la política
En su nuevo libro, Valencia hace sorpresivas revelaciones sobre la negociación de Juliana Villegas, hija del presidente de la Andi, quien fue secuestrada por las Farc y hace una reflexión sobre el papel de los empresarios en el conflicto colombiano.

LOS EMPRESARIOS SE MIRAN AL ESPEJO

Luis Carlos Villegas no podía ocultar el nerviosismo ese día. Todos los que estaban con él, en la reunión de la mesa empresarial por la paz, no sabían la causa de la perturbación de Villegas, pero él si la sabía. Ese día, el 8 de Febrero de 2001, se estaba definiendo en la localidad de Los Pozos, en la zona de distensión, la suerte de su hija, Juliana, que había sido secuestrada por las FARC el 28 de Noviembre de 2000 a las 5:15 de la tarde cuando salía de la Universidad Javeriana de Bogotá donde cursaba el primer semestre de ciencias políticas.

El Presidente Andrés Pastrana, en una alocución por radio y televisión, el 31 de Enero de 2001, le había propuesto a Manuel Marulanda que se reunieran para descongelar el proceso de paz que estaba paralizado desde el 14 de Noviembre de 2000 por iniciativa de las FARC con la exigencia de que el gobierno debía aclarar su política frente a los Paramilitares. Manuel Marulanda había aceptado la reunión en una carta que le envió al jefe de Estado el 2 de febrero. Para cumplir esta cita estaba el presidente en Los Pozos el 8 de febrero en el encuentro más especial que tuvo el proceso de paz, no sólo para Villegas, sino también para Pastrana y Marulanda.

Un abrazo, en el que Marulanda ponía las manos en los hombros del Presidente y el Presidente tomaba a Marulanda por el torso, solamente unos centímetros debajo de las axilas, y se miraban con una apacible confianza, le regaló al país una nueva esperanza en la paz. Luego, el Presidente y Marulanda, caminaron juntos, rodeados de guerrilleros, hacia el rancho donde se debía realizar la reunión y posteriormente, en la noche, cuando se dieron cuenta de que no les había alcanzado el tiempo del día para poner punto final al acuerdo, decidieron prolongar hasta el otro día las deliberaciones y buscar un sitio donde el Presidente pudiera pasar la noche en la zona de distensión.

No sólo el abrazo y el paseo juntos y el que un Presidente durmiera en la zona de distensión, en el batallón cazadores, le dieron el toque especial a ese evento. Fueron también las cosas que se trataron y los acuerdos que surgieron. Lo primero que el presidente le dijo a Marulanda fue que las FARC debían liberar de inmediato a Juliana Villegas hija del Presidente de la Asociación Nacional de Industriales ANDI y el Comandante de las FARC trató de eludir el asunto diciendo que iba a averiguar el tema y que después le respondería. Pastrana no permitió el quite que le hizo Marulanda e insistió en que antes de empezar la discusión de los temas que tenían empantanada la negociación, debía quedar definida la liberación de Juliana, que el gobierno no tenía duda alguna sobre la autoría del secuestro. Marulanda llamó entonces a Jorge Briceño y le planteó que no había alternativa, que el Presidente había pedido la liberación de la hija del empresario y lo mejor era aceptar para proseguir la reunión. Jorge Briceño se molestó por el rumbo que había tomado el encuentro pero aceptó la condición en ese entonces y luego, pasado el tiempo, en una conversación con la esposa de Luis Eladio Pérez, un parlamentario también secuestrado por esta guerrilla, contaba este hecho con satisfacción, diciendo que había sido parte de los gestos que las FARC le hicieron a la paz.

El encuentro produjo también un acuerdo de 13 puntos que tenía como pieza principal la creación de la "Comisión de Personalidades" que luego formularía las recomendaciones de pactar la Tregua con cese al fuego y a las hostilidades y convocar una Asamblea Nacional Constituyente. Esta reunión se ocupó igualmente del acuerdo humanitario para la liberación de soldados y policías y le dio un empujón definitivo a este convenio.

Luis Carlos Villegas vivió, al comenzar la noche, el momento de mayor tensión de ese día 8 de Febrero. Las noticias que llegaban de la zona de distensión hasta Paipa, en Boyacá, donde se realizaba la reunión de los empresarios, hablaban de que aún no se había llegado a un acuerdo y el Presidente Pastrana tendría que regresar a Bogotá con las manos vacías, pero a las siete, estaban, en la pantalla de todos los televisores, Pastrana y Marulanda, diciendo que la reunión continuaría al otro día y el Comandante de las FARC adornaba ese anuncio expresando que saldría "humo y del bueno". En ese momento supo Villegas que el caso de su hija estaba resuelto y era sólo cosa de esperar un poco. El tiempo se cumplió el 2 de Marzo cuando regresó Juliana con las huellas del secuestro en el alma pero más madura y más aplomada que como se había ido.

En la reunión de Paipa estaban, además de Luis Carlos Villegas; Eugenio Marulanda Presidente de Confecámaras, quien, en compañía de Ernesto Borda, director del Instituto de derechos humanos de la Universidad Javeriana, había convocado ese evento en desarrollo de la Mesa Empresarial por la Paz; Sabas Pretelt Presidente de FENALCO; María Emma Mejía en su condición de líder nacional y vocera inicial del gobierno en la mesa de conversaciones con las FARC; César González Asesor del candidato presidencial Horacio Serpa; Carlos Arturo Ángel senador y ex -presidente de la Andi; Ana Mercedes Gómez directora del Colombiano; Rafael Orduz senador de la República, Juan Manuel Ospina también senador; los presidentes de las 52 cámaras de comercio del país; algunos intelectuales y economistas prestantes; otros lideres de gremios del país y dirigentes políticos. Las sesiones del día se habían terminado y todos estaban frente al televisor, en el bar del Hotel de Convenciones, cuando se supo que no sólo la reunión entre Pastrana y la dirigencia de las FARC continuaría sino que arrojaría buenos frutos para el proceso de negociación y entonces se produjo una inesperada explosión de alegría que empezó con un aplauso cerrado después del anuncio y terminó, para la mayoría de los asistentes a esta reunión, a las 3 o 4 de la mañana, cuando ya no les cabía un trago más de whisky y los acordes de un piano interpretado por Carlos Arturo Ángel y Eugenio Marulanda y las canciones de Rafael Orduz o de Ana Mercedes Gómez o del mismo Luis Carlos Villegas, se habían silenciado.

El alborozo de Villegas tenía, por supuesto, una razón íntima, pero tanto él, como los más de sesenta participantes en este evento, estaban expresando el cambio tan importante que se había operado en el empresariado colombiano en los últimos años. La preocupación por la suerte propia y por la suerte del país había llevado a la gran mayoría de los lideres empresariales a repensar su papel en la sociedad y a emprender muchas acciones a favor de una salida negociada al conflicto armado interno. No era sólo el apoyo decidido al Presidente Pastrana en los esfuerzos por alcanzar un acuerdo de paz. Era la importante jornada de reflexión que había realizado la Asamblea de la ANDI en Agosto de 1999 cuando empezaba la negociación y esta fuerza gremial -que a decir de Nicanor Restrepo agrupa a quienes aportan el 80 por ciento del producto industrial- se puso en la tarea de estudiar la Agenda del Caguán y produjo un documento en el cuál se pronunciaba punto por punto sobre el temario acordado entre el gobierno y las FARC. Eran los espacios creados por la Fundación Social, encabezada por Álvaro Dávila, que había conformado un grupo de más de 600 personas que bajo el nombre de "Los empresarios y la Paz" venía reuniéndose en las ciudades Bogotá, Medellín, Calí y Manizales ; o por la Confederación de Cámaras de Comercio dirigida por Eugenio Marulanda que había organizado una reunión periódica de afiliados y no afiliados a su gremio con la denominación de "Mesa Empresarial Por La Paz". Era la disposición mostrada por los "Cacaos" a ir al Caguán a discutir con la guerrilla sobre los temas del país y el concurso que algunos empresarios prestaron en la mesa de negociación con las FARC o en el comité temático o en las audiencias públicas. El cambio de actitud no significaba, sin embargo, que hubiesen encontrado un camino eficaz para aportar desde la economía a la firma y desarrollo de un acuerdo duradero de paz. No significaba igualmente que tuviesen completa unidad de criterio en la lucha por la paz, el sector más ligado al campo y más golpeado por el secuestro y la extorsión, había ido configurando una posición francamente adversa al proceso de paz.

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Luis Carlos Villegas es un pereirano de 44 años de edad que, antes de convertirse en líder gremial, fue un exitoso dirigente político. Se inició en la política al lado de Oscar Vélez Marulanda -El Plumón Vélez, le decían en la región- y fue Gobernador, parlamentario y vicecanciller de la república. Luego, sin dejar la responsabilidad en Presidencia de la ANDI, se puso al frente de la reconstrucción del Eje Cafetero devastado por el terremoto, que destruyó, en enero de 1999, miles de vidas y buena parte de la infraestructura de la región. Durante casi tres años estuvo a la cabeza del FOREC –Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero- una institución experimental que puso a trabajar juntos, a personas de trayectoria en el sector empresarial y a experimentados conductores de organizaciones no gubernamentales. Aprovechando que las instituciones políticas locales y el entramado clientelista que las sustentaba había colapsado en medio de la tragedia; Villegas logró desarrollar una experiencia de acción económica y social independiente y con frutos ciertos para la comunidad que vio surgir de nuevo su vivienda y alentar la posibilidad de conseguir un empleo.

Villegas es un negociador nato y ha entendido que puede utilizar esta habilidad no sólo en las labores propias de liderazgo empresarial, sino también en la búsqueda de una salida política para la confrontación armada que aflige al país. En 1997, cuando aún no se vislumbraba que pudiera empezar un proceso de paz con la guerrilla, él se fue a México para hablar con Olga Marín y Marcos Calarcá -dos destacados miembros del equipo internacional de las FARC- y regresó al país convencido de que esta organización quería buscar un acuerdo de paz y así se lo dijo al Candidato Andrés Pastrana en los días en que este empezaba a armar su propuesta de reconciliación nacional. Él estuvo en Mainz, Alemania, en el verano de 1998, en la reunión entre sectores de la sociedad civil y el ELN y junto con Pablo Beltrán, que encabezaba la delegación de la guerrilla, conformó la Comisión que redactó las conclusiones del evento. Villegas participó también en la gira que los líderes de las FARC realizaron por Europa. En todos estos eventos no sólo entabló una relación política con los lideres de la insurgencia sino que empezó a tejer algunos lazos de amistad y eso hizo que el desconcierto y el dolor fueran mayores cuando se enteró del secuestro de su hija. No obstante, él se sobrepuso con una rapidez asombrosa, y al otro día del secuestro, en una de las sesiones del Consejo Nacional de Paz, declaró nuevamente su solidaridad con los esfuerzos de paz del Presidente Pastrana y su decisión de continuar luchando por una salida negociada, lo mismo hizo en marzo cuando se encontró nuevamente con Juliana después de sus 3 meses de cautiverio.

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La transformación de la posición de los empresarios colombianos en el tema de paz es incontrovertible. A mediados de 1985 se reunió la Asamblea General de la ANDI, bajo la conducción de Fabio Echeverri Correa, y en la agenda de la reunión figuraba el tema de las negociaciones de paz que en ese entonces adelantaba Belisario Betancur con las FARC. La discusión dio como resultado que sólo tres personas de casi un centenar de asistentes apoyaba ese esfuerzo de Betancur: Roberto Rivas un manizalita, conservador laureanista hasta la médula, pero audaz y experimentador en los negocios y en la vida; Nicanor Restrepo que empezaba a trasegar los caminos de las negociaciones de paz y Juan Sebastián Betancur, un inteligente funcionario del gremio que lo invitaban a participar en las asambleas por la agudeza intelectual con que manejaba algunos temas. El contraste con la situación de 1999, cuando apenas empezaba el proceso con las FARC, era muy grande. La Asamblea Nacional de la ANDI se reunió y no sólo le brindó un apoyo unánime a las negociaciones con las FARC sino que produjo un documento en el cual planteó su posición frente a la agenda del Caguán desde un espíritu avanzado y progresista que entendía que el país necesitaba cambios en las estructuras económicas y sociales. Habló de la gran responsabilidad que tiene el Estado no sólo en la protección de los derechos humanos sino en el impulso al ejercicio pleno de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Planteó su compromiso con políticas de redistribución del ingreso, con medidas para impedir la formación de monopolios públicos o privados, con la reforma agraria integral, con un proyecto de sustitución de cultivos que "tuviera en cuenta las posibilidades económicas ambientales de los desarrollos alternativos" desde una visión de largo plazo. Señaló la necesidad de adelantar una lucha eficaz contra la corrupción y por una transformación del aparato judicial. Reconoció la urgencia de una reforma política que ampliara de verdad la democracia y la necesidad de unos instrumentos democráticos para legitimar los acuerdos a que el gobierno y la insurgencia llegaran en la mesa de conversaciones. Sobre todos estos aspectos puede haber controversias con la guerrilla y con otros sectores del país, pero representaban sin duda, un punto de partida para construir un nuevo pacto social para la nación

"Todo el establecimiento", dice Villegas, ""vio que Pastrana era el hombre para hacer un intento serio de paz con las FARC y en eso no nos equivocamos, sólo Pastrana podía hacer lo que hizo, nadie más podía conceder una zona de distensión como la que se pactó, nadie más podía mantener el equilibrio que mantuvo con los militares y ganar el apoyo del extranjero, nadie más podía ir al monte en varias oportunidades a reunirse con Marulanda. Todo el mundo sabía que por más lejos que fuera no entregaría principios irrenunciables de la democracia y del país".

Los empresarios llegaron a comprender la necesidad de un acuerdo de paz con cambios en la vida del país porque el conflicto empezó a afectarlos en carne propia y también porque fueron surgiendo nuevos pensamientos y nuevos sentimientos sobre las obligaciones nacionales y sociales. Nicanor Restrepo, que hace varios años dirige uno de los principales grupos económicos, El Sindicato Antioqueño, un paisa, que fue gobernador de su departamento en tiempos de Belisario Betancur y que integró por esa época la comisión de verificación de la tregua con las FARC y con esa experiencia llegó a la inicial comisión de voceros del Presidente Pastrana, lo explica así: "La diferencia con los 80s es gigantesca. El conflicto hace 15 años era muy lejano de la vida cotidiana de los empresarios, transcurría en zonas marginadas en donde la actividad de las empresas tradicionales y grandes era muy escasa. Se privilegiaba la solución militar, porque se pensaba que el enfrentamiento interno podría terminar exclusivamente por esa vía. Hay cambios generacionales en las empresas y en los gremios y quienes los dirigen han estado mucho más vinculados a los problemas colombianos y más expuestos y afectados por el conflicto". Pero también hay explicaciones surgidas del alma de una nueva ética que está empezando a florecer en medio del conflicto. Jimmy Mayer que encabeza el grupo Sanford con inversiones en petroquímica y comunicaciones hace reflexiones como esta: "necesito poder mirarme en el espejo por las mañanas y tener la convicción de que he hecho algo para ayudar a sacar el país de la demencia y el baño de sangre en que vivimos ¿Puede alguien leer el periódico por la mañana y ver que fueron asesinados tantos campesinos? Yo no, me produce verdaderas náuseas".

Se presentó también otro fenómeno que llevó a los empresarios a participar de manera más activa y directa en la política nacional. La crisis institucional que se dio en el gobierno de Ernesto Samper, entre 1994 y 1998, mostró la gran ausencia de partidos políticos en la vida colombiana y condujo a un mayor protagonismo de otros factores de poder diferentes a los sujetos políticos propiamente dichos. Eduardo Pizarro Leongomez lo explica así: " A partir de la Administración de Samper se ha producido una politización empresarial y gremial, una suerte de neocoperativismo, en la que sectores empresariales están representando roles cada vez más activos, más allá de la política partidista tradicional".

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