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| 7/20/1998 12:00:00 AM

AHORA SI

Andrés finalmente llegó a la Presidencia. ¿Qué pueden esperar los colombianos?

AHORA SI AHORA SI
Es difícil determinar cuál fue el factor decisivo en el triunfo de Andrés Pastrana. Después de la primera vuelta flotaba en el ambiente la sensación de que iba a ganar Horacio Serpa. El candidato oficial estaba crecido y se especulaba que si la maquinaria liberal había funcionado a media marcha, aceitada y con la zanahoria del triunfo a la vista podía producir milagros. Como si fuera poco, faltaban dos debates en los cuales todo el mundo esperaba que Serpa barriera a Pastrana.
Era claro que los votantes de Noemí Sanín iban a definir la elección y las encuestas demostraban que no todos esos votos terminarían donde Andrés. Las lágrimas que había derramado después de su primera derrota parecía que iban a ser más grandes en la segunda.
En la última semana confluyeron una serie de factores que hicieron que la dinámica se tornara súbitamente a favor de Andrés. En primer lugar, su salida improvisada en el segundo debate cuando dijo que no extraditaría al presidente Ernesto Samper sacudió a una campaña que hasta ese momento navegaba en el pesimismo. Después se produjo la adhesión de la mayor parte de la cúpula de Opción Vida y las claras señas que hizo Noemí Sanín en favor de la campaña pastranista. El guiño más contundente fue la denuncia que Sanín presentó contra Samper ante el procurador, Jaime Bernal Cuéllar, por su supuesta intervención a favor de Horacio Serpa. Y sobre la recta final hubo un tema que sorprendió a todo el mundo: las Farc terminaron descalificando al candidato liberal y haciendo contactos directos con la campaña pastranista, arrebatándole a Serpa el tema de la paz.
Hasta ahí todo iba bien en estrategia, pero no en las encuestas. Frente a un empate técnico y una posible derrota algo se tenía que hacer. En la campaña estaba claro que el Pastrana del 98 no emocionaba tanto como el del 94 y que podía ser más productivo invitar a votar a la gente contra Samper que a favor de Andrés. Entonces se decidió jugársela a fondo por una campaña negativa, corta y efectista, que rompió la decisión estratégica que se había trazado desde un comienzo de no entrar en el campo de las agresiones. Durante cuatro días, 60 cuñas con propaganda negativa invadieron la televisión. La más contundente fue la que mostraba la metamorfosis de la cara de Ernesto Samper a la de Horacio Serpa y que invitaba en términos agresivos a votar contra el continuismo. El mensaje caló, neutralizando la versión de que Samper es Samper y Serpa es Serpa.

¿Cómo ganar?
Al comienzo de esta campaña presidencial Andrés Pastrana se veía enfrentado a dos grandes contradicciones. Necesitaba romper la mala imagen que le había causado el episodio de los narcocasetes y las acusaciones de "sapo y apátrida" que le habían hecho. Al mismo tiempo, no podía encontrar una mejor coyuntura para desarrollar su campaña. El Partido Liberal cargaba sobre sus hombros el desgaste de 12 años en el poder y Horacio Serpa con el lastre del proceso 8.000. Esto, sumado a una corrupción rampante, a unos índices de violencia desbordados, al desprestigio de Colombia ante el mundo y a una grave crisis económica.
Para recuperar su favorabilidad en las encuestas Pastrana decidió entrar en un largo silencio y pasar agachado durante el gobierno de Samper. Esta estrategia estuvo acompañada de una reaparición pública solo en la recta final de la campaña, con un mensaje positivo y optimista que mostraba a un Pastrana sin resentimientos ni amarguras. Cuando todo esto le dio resultado utilizó el filón que le proporcionó la crisis del propio gobierno.

El Reagan criollo
Los conocedores de Andrés creen que él puede convertirse en una especie de Ronald Reagan colombiano. Después de haber sido actor, este último perdió la primera elección presidencial, ganó la segunda y así logró llegar a la Casa Blanca. Lo mismo se podría decir de Pastrana, quien de presentador de televisión pasó a tener una trayectoria parecida. Reagan era un hombre no académico pero que tenía unas ideas primarias que nunca abandonó. Estas le permitieron no solo la recuperación de la economía norteamericana sino el triunfo definitivo sobre el comunismo. Pastrana es bastante parecido. No domina en detalle la mayoría de los temas pero sabe exactamente para dónde va y tiene el pulso firme para mantener el timón. Si logra recuperar la economía y obtiene algún acuerdo con la guerrilla no exageran quienes ya lo anuncian como el Reagan criollo. El activo más grande de Reagan era su talento para saberse rodear. Todo el mundo ya le reconoce esta misma habilidad a Pastrana, que más que un hombre es un equipo. Y un equipo de primera categoría.
Andrés es un hombre intuitivo que oye muchas opiniones antes de tomar una decisión. Sin embargo, una vez que la toma la defiende a capa y espada. También es reconocida su terquedad. Quienes lo rodean saben que tiene don de mando. Aunque lo niega, ideológicamente es neoliberal. Ser neoliberal es un pecado en elecciones pero no cuando se llega al gobierno. Se puede estar o no de acuerdo con esta filosofía, pero en lo que no hay duda es que en esta materia hay claridad de para dónde va Pastrana.
Esta claridad es particularmente importante ante la comunidad financiera, tanto nacional como internacional, cuya confianza en el país es la prioridad del momento. El triunfo de Pastrana de por sí hace que haya un cambio en el estado de ánimo en los inversionistas y le da un aire para que las cosas empiecen funcionando a su favor. Pero el gran reto de Pastrana es responder a esa expectativa. Le va a tocar girar contra su popularidad si quiere efectivamente tomar las medidas que se necesitan para recuperar la economía.
Andrés Pastrana tiene una tarea titánica como Presidente pero hay muchas cosas que se empiezan a solucionar con el solo hecho de su elección. Además de la confianza de la comunidad económica otro tema vital es el del restablecimiento de la normalidad en las relaciones con Estados Unidos. A partir del domingo pasado el país se quitó ese piano de encima.
En el tema de la paz, paradójicamente, su falta de trayectoria termina siendo una virtud, pues Pastrana es una hoja en blanco en la materia y entra al ring sin desgaste y sin cuestionamientos. En este aspecto tiene una clara diferencia con Serpa, quien siendo uno de los colombianos que más sabe del tema, por haberlo trajinado tanto, ya era un hombre con pasado. Al igual que en materia económica, el equipo de Pastrana para estos asuntos es muy respetable. Cuenta con nombres como Augusto Ramírez Ocampo, Rafael Pardo y el propio Gabriel García Márquez.

La reconciliación
Tal vez la mayor responsabilidad del nuevo Presidente será lograr la reconciliación de los colombianos. Pastrana llega al poder en un país con una polarización sin antecedentes en los últimos tiempos. Muchos de sus copartidarios cometen el error de dividir el país entre buenos y malos, convencidos de que ellos pertenecen al grupo de los primeros. No se dan cuenta de que este sentimiento es recíproco y que así como la mitad del país votó en contra de Horacio Serpa la otra mitad lo hizo en contra de Andrés Pastrana. El temor al revanchismo serpista que inspiraba el triunfo liberal es exactamente igual al que sienten los derrotados ante el triunfo de sus oponentes. Y aunque revanchismo político no habrá, lo que sí es de esperarse es que haya una rotación burocrática normal.
El nuevo Presidente va a tener que mostrar toda la destreza política que posee en la búsqueda de la reconciliación nacional. Su triunfo lo obtuvo respaldado por la franja tecnócrata del liberalismo, identificada con el gavirismo. La mayoría de los alumnos sobresalientes del kínder terminaron en la campaña de Andrés Pastrana. Sin embargo, el Congreso no se maneja con Alfonso Valdivieso y Humberto de la Calle. Ellos cumplieron un papel crucial al darle una dimensión de gran alianza suprapartidista a la candidatura conservadora. Eso funcionó en la campaña, pero no funcionará en el Congreso. Para manejar a los políticos hay que meterle manzanilla y puestos a la ecuación.

Coincidencias
No dejan de llamar la atención las coincidencias entre el triunfo de Andrés Pastrana y el de su padre, Misael, hace exactamente 28 años. Cada uno de ellos llegó al poder bordeando los 44 años. Los dos llegaron a las elecciones más polarizadas de la segunda mitad del siglo XX. Lo único comparable al pánico que Horacio Serpa le inspiraba a los pastranistas de hoy era el que el general Rojas le producía a la coalición bipartidista que respaldaba a Pastrana padre. Y finalmente los dos le deben buena parte del triunfo a los electores liberales.
A pesar de esto, no es tan claro que Andrés Pastrana le deba el éxito de su carrera política a ser hijo de Misael. Ser delfín en 1998 es más malo que bueno. Ser delfín conservador es aún peor. En un país hastiado del continuismo y de los mismos con las mismas no era fácil posicionarse como el símbolo del cambio con el handicap de un apellido dinástico. Mucho más útil para obtener votos que ser hijo de Misael Pastrana pudo resultar el haber sido durante años presentador del Noticiero TV Hoy.
En su discurso de aceptación el nuevo Presidente de los colombianos dejó una buena impresión. Se proyectó como un hombre maduro, conciliador y optimista, con confianza en sí mismo. Es probable que de haber ganado hace cuatro años su perfil hubiera sido diferente. Su juventud, combinada con un exceso de adulación, habrían producido un presidente distinto. No es bueno que los hombres de Estado no hayan conocido reveses y hasta hace cuatro años Andrés no los había conocido. Se podría decir que su secuestro en 1988 lo fue, pero acabó siendo su mayor triunfo por la popularidad que le dio, la cual lo llevó finalmente a ser elegido primer alcalde de Bogotá por voto popular.
Su primer fracaso real en la vida fue la derrota frente a Ernesto Samper. Pero sin duda alguna esta experiencia lo formó. Pastrana es hoy por hoy una persona más interesante y un hombre mucho más competente para conducir los destinos del país.
Hay un acto de justicia histórica en su triunfo electoral del domingo pasado. En lo personal, el solo hecho de haber rechazado los dineros del narcotráfico en 1994 hacía que no se mereciera el resultado de la elección de ese año. Perder una elección por cuenta de una financiación ilegal es un drama. Pero mucho más doloroso habría sido perder la siguiente por haberlo denunciado.
Andrés Pastrana recibe un país lleno de problemas pero también lleno de optimismo. A las 12 de la noche del día de las elecciones los pitos de los carros no se habían silenciado. Ninguna elección en la historia reciente había producido tanta euforia y tanto entusiasmo. Queda por establecerse si ésta obedecía solamente a la celebración de la llegada de un nuevo mandatario o si era también parte del festejo popular por la derrota del régimen anterior.

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