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| 5/3/1999 12:00:00 AM

APRENDIENDO DE LA HISTORIA

Laura Restrepo y un grupo de analistas le hacen la disección a los procesos de paz de los <BR>últimos 20 años. Estas son sus conclusiones.

APRENDIENDO DE LA HISTORIA APRENDIENDO DE LA HISTORIA
Con motivo de la reedición de su libro Historia de un entusiasmo, que sigue paso a paso los
avatares de las negociaciones de paz en el gobierno de Belisario Betancur, la escritora Laura Restrepo se
reunió con un grupo de analistas de la situación nacional (Alfredo Rangel, Samuel Jaramillo, Alonso Salazar y
Antonio Morales) para ver cuáles son las lecciones que se pueden aprender del fracasado proceso de paz de
Betancur y de los posteriores intentos de reconciliación entre los colombianos. Estas son, según ellos, las
pautas metodológicas que debería seguir una ingeniería de la negociación.
1. Los peligros del autismo: Uno de los más grandes escollos ha sido siempre la dificultad de las partes para
interpretar, o descifrar, las señales y mensajes que envía la contraparte. La capacidad de mirar con los ojos
del otro parece ser aquí un asunto clave y mucha sangre se hubiera ahorrado ayer si en vez de hablar de 'los
bandazos' del M-19 se hubiera hecho un esfuerzo por encontrar la coherencia lógica de sus reacciones,
de la misma manera que hoy es indispensable la lectura de ciertos gestos simbólicos, como la bandera patria
que se tercian al pecho los guerrilleros de las Farc durante las formaciones armadas y los desfiles, y
que habla del alcance nacional y global de sus aspiraciones políticas, desmintiendo a quienes los creen
dispuestos a pactar a cambio de poder local en zonas marginales. La subestimación del contendor, o el
desprecio de clase _para cualquiera de los dos lados_ son anteojeras que impiden moverse en este campo
con inteligencia y suficiente información.
2. Las puntas de iceberg: Según el economista Samuel Jaramillo, no basta con darle importancia a los
fenómenos de gran calado, sino que se debe "andar a la caza de aquellos que se desdeñan porque parecen
de superficie y que en realidad son el aviso de conmociones profundas". El disgusto que produjo un hecho
en apariencia tan anodino como una foto en la prensa de Gloria Zea, personaje del establecimiento,
brindando con champaña con una guerrillera armada, fue la primera señal del saboteo sistemático que de
ahí en adelante ejercerían fuertes sectores de clase alta contra los intentos de conciliación política y social de
Belisario Betancur.
3. Matrimonio y adulterio: Como en una relación adúltera, una negociación entre gobierno e insurgencia no es
una jugada a dos bandas, sino a cuatro, porque a los adúlteros les marcan el paso sendos cónyuges que
presionan cuanto pueden para cerrar el espacio: en el caso del gobierno, los sectores militaristas y de
extrema derecha, y en el caso de la guerrilla, sus propios sectores más militaristas y de extrema izquierda.
Por eso es aconsejable, de parte y parte, evitar gestos excesivos _como ostentación armada o actos
represivos_ que exacerben a la pareja legítima de la contraparte.
4.Los riesgos de jugar doble: La muñeca política, la manipulación y la avivatada son métodos que a los dos
bandos les producen bajos dividendos y que le cuestan muy caro al país. Ejemplo: dividir para reinar o
apoyarse en unos para golpear a los otros. El gobierno de Betancur se jugó a negociar por separado
enfrentando entre sí al M-19 y a las Farc para restarles fuerza. Las guerrillas cayeron en el juego de buena
gana, a consecuencia de lo cual se pactó sólo con el M-19. Ese acuerdo parcial implicó una grave
limitación en los resultados a largo plazo porque las Farc llenaron el vacío militar e insurreccional que dejó
libre el M- 19. Hoy en día el gobierno y las guerrillas actuales reeditan la misma fórmula.
5.El calibre de los símbolos: En los procesos de paz se recurre una y otra vez a las mismas palabras, pero
hay que saber, antes de pronunciarlas, que éstas van cambiando de significado según las circunstancias. En
tiempos de Betancur y del M-19, cuando se agitaba por primera vez la palabra paz, ésta tenía un contenido
explosivo, casi subversivo, altamente irritante para muchos, y solo una franja de la población la consideraba
indispensable. Hoy, cuando se ha llegado por fin a un consenso nacional en torno a su carácter inaplazable, el
término se ha vuelto tan recursivo que acusa cansancio retórico y los colombianos se ven amenazados no
tanto por su excesiva carga cuanto por lo leve que puede llegar a sonar. Otro ejemplo es el término arma, o
lucha armada, en un comienzo sinónimo de rebeldía y de insurrección, y que hoy sigue teniendo el mismo
peso pero diferente signo: por un lado ha adquirido la connotación de poder _económico, político y territorial_ y
por el otro ha perdido sus resonancias heroicas debido a la abrumadora presencia del narcotráfico, la
delincuencia y la violencia indiscriminada.
6.El montaje teatral: No es gratuito que se hable del escenario de la guerra y de los actores armados porque
una de las mayores tentaciones consiste en reducir la negociación a simple pantallazo. Se asegura un
carácter efímero y frívolo la paz que en vez de abrirse camino en el país real y en la historia se limite a
hacerlo en la primera página de los diarios y en las emisiones de los noticieros. La dramatización, que los
medios masivos suelen exigir para asegurar difusión, es enemiga de la cotidianidad y monta a la
negociación en los exabruptos de la hipérbole. "Por esta vía _dice Laura Restrepo_ la propaganda armada
tendrá primacía sobre la voluntad política de los desarmados; las acciones espectaculares sobre el
debate de ideas y los gestos vistosos o desesperados sobre la lenta y paciente construcción de bases de
entendimiento".
7.El orden de los factores: Sí altera el producto. Cada una de las partes debe sopesar, paso a paso, si la
contraparte _según lo expresa Antonio Morales_ "hace la guerra para llegar a la paz, o si por el contrario hace
la paz para llegar a la guerra". Es un balance que también el país debe hacer para evitar procesos de paz que
solo lleven a la profundización de la guerra en todos los niveles.
8.Diálogo con la mayoría desarmada: La paz deben pactarla quienes están en guerra, pero deben
construirla los millones de colombianos que no participan en ella y que sin embargo parecen quedarse por
puertas a la hora del diálogo. Los dos términos clave durante la negociación Betancur fueron amnistía y cese
al fuego, y las de la actual, canje y despeje: ninguna de las cuatro atañe directamente a la población
civil. Y si ésta recibe algún mensaje, suele ser extraviado y ambiguo. Opina Alonso Salazar, escritor y
negociador en el proceso de paz entre las bandas juveniles de Medellín: "Cuando la negociación de paz se
vuelve pedagogía de guerra adquiere un carácter perverso que multiplica las siglas de nuevos grupos que se
arman para que se los tenga en cuenta". Para evitar esta deformación no basta con convocar a los
representantes de los gremios y a los supuestos voceros de la sociedad civil ni con hacer encuestas de
opinión pública. Es indispensable reconocer a la mayoría pacífica como interlocutor primordial y
decisivo, y vigilar con celo el carácter de las señales culturales que se están enviando.
9.Calculo vs voluntad: Para el analista Alfredo Rangel, el concepto de voluntad de paz no es sino la cara
externa de lo que tras bambalinas determina la marcha del proceso: "Más que voluntad _dice_ lo que en el
fondo se mueve es el cálculo político y militar". Valoraciones morales generalizadas, como que la paz es
buena y la guerra mala, no pueden hacer olvidar que detrás de cada decisión de las partes hay un interés
específico y un problema técnico por resolver.
10. O con migo o contra mi: Uno de los peligros más graves radica en la tendencia de los bandos
armados a cerrar el juego entre ellos, poniendo contra la pared a los civiles al acusar a quienes no están con
ellos de estar contra ellos y convirtiendo en objetivo militar a quien no los apoye de manera activa. Contra esto
es imprescindible ceñirse a las pautas del derecho internacional humanitario, que habla del respeto a
los no combatientes e impone una norma primordial: no matar fuera de combate. Catalogar a grupos u
organismos desarmados como extensiones encubiertas del enemigo atenta, hoy día, contra comunidades
indígenas y campesinas, pobladores de las zonas de conflicto, defensores de los derechos humanos y
organizaciones no gubernamentales. Mañana atentará contra el grueso de la población.11.Quien va ganando y
quien va perdiendo: ¿Cómo determinar si es el gobierno, o la guerrilla, los que más espacio político ganan
durante la negociación? La experiencia histórica colombiana parece indicar que, en este tema, el grueso del
país no juzga tanto por éxitos específicos sino que le concede confianza y credibilidad a quien mayor
consecuencia y coherencia demuestre con sus propios compromisos de paz. Visto en términos de rivalidad,
cada parte busca que sea el contrincante quien incumpla lo pactado o se retire primero de la mesa de
negociación.

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