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“Aquí nadie es un santo”

La para-política se llevó a casi todos los caciques de Sucre. Los efectos del escándalo están determinando la actual campaña electoral.


Al fondo se ven el atardecer y el mar oscuro. En un corregimiento de San Onofre, Sucre, las calles son ríos de gente. Acaba de terminar la actividad política del domingo: almuerzo, discurso y fiesta, y una jornada gratuita de belleza para las mujeres que inscribieron la cédula. Profesionales en peluquería traídas de Cartagena conquistaron a las damas votantes con manicure, rulos y secadores de pelo.

"Édgar Benito Rebollo, Édgar Benito Rebollo",... se oye tararear a una niña morena mientras camina colgada del brazo de su madre que estrena nuevo look. Canta como si fuera una melodía infantil el gingle de campaña del candidato que les dio una tarde inolvidable.

Édgar, como muchos de los candidatos, tiene detrás la oscura maquinaria de los congresistas presos por el escándalo de la para-política. Sin embargo, con la desmovilización de los grupos armados que mandaban en esta zona, él tuvo que reemplazar la coerción armada con la que supuestamente su hermana Muriel Benito Rebollo, hoy detenida, fue elegida como representante a la Cámara, y recurrir a la tradicional manzanilla. Esa política de venta y prebendas, que hace más de seis años no se veía en San Onofre.

"Ahora reparten cosas y nos tratan bien. Por lo menos hay flexibilidad para elegir, pues en el pasado el candidato era impuesto por la violencia. El día antes a las elecciones nos tocaban la puerta. Nos pedían la cédula y marcaban por nosotros el tarjetón", afirma un lugareño que prefirió esconder su identidad. Hoy, en este mismo pueblo que en 2003 tuvo candidato único a la Alcaldía, hay cinco figuras en competencia. Uno de ellos es Adil Meléndez, del Polo Democrático Independiente.

La proliferación de candidatos es un fenómeno que se vive en todo Sucre. El número de aspirantes a las alcaldías de los 26 municipios pasó de 77 a 142 entre éstas y las pasadas elecciones. Evidencia de que aunque las armas no estén totalmente enterradas, pues se han presentado amenazas contra líderes comunitarios, el mayor elector esta vez no será el miedo.

Este 28 de octubre es probable que los votantes ya no se jueguen la vida con el voto, pero sí la suerte entre un buen y un mal gobierno. Y ante el duro golpe que la para-política le dio a la dirigencia que ostentaba el poder (tres congresistas y cuatro diputados sucreños en la cárcel, y un ex gobernador huyendo de la justicia), la política es río revuelto donde viejos y nuevos caciques quieren pescar.

La política de los vicios

Cada poste, cada muro, cada carro de Sincelejo, la capital de Sucre, están cubiertos por publicidad política. Los logos de los partidos, los colores y las caras se juntan y se separan en un baile de alianzas. Tres bandos polarizan el ambiente de este departamento donde la industria es escasa, la población pobre llega a ser más del 60 por ciento, el Estado es casi único empleador y la política remueve las entrañas.

Por un lado está la alianza entre los candidatos del 'Pacto de la Picota'. Aspirantes con la bendición de Jairo Merlano, ex senador del Partido de La U, y de Álvaro, el 'Gordo' García, de Colombia Democrática, los dos jefes políticos de la región hoy investigados por vínculos con grupos paramilitares.

Jorge el 'Tuto' Barraza, mano derecha de García, es el candidato a la Gobernación de este amplio grupo, que incluye a La U, los conservadores, Colombia Democrática, Colombia Viva y Apertura Liberal. Para la Alcaldía de Sincelejo le dieron el guiño a Jesús Paternina, llamado comúnmente el 'Mono del papayo'. Un hombre de cuna humilde conocido por su trabajo por el deporte.

Pese a los cuestionamientos, esta alianza de la clase política salpicada parece ser invencible. Hace campaña con el músculo político que representa el 70 por ciento de los alcaldes actuales y con los poderes económicos que en el pasado fueron indulgentes con los paramilitares. Así lo demuestra el caso de Yahir Acuña, candidato a la Asamblea, quien sale en un video recibiendo el apoyo institucional de Aposucre, una empresa vinculada con la 'Gata', Enilce López.

Por su parte, Barraza, la cabeza de la alianza, niega que entren a su campaña recursos indebidos. "Las apuestas no han introducido un peso en la campaña. Yo tomé un crédito del Banco Popular contra la reposición de votos", afirma al tiempo que recalca en su propuesta de acabar con la pobreza absoluta en el departamento.

A todo esto ha decidido enfrentarse el liberalismo. Sacó el trapo rojo para avalar a Julio César Guerra Tulena, un viejo cacique de la región que llevaba varios años fuera de la contienda. Los Guerra son el clan político que fundó y administró por medio siglo estas tierras. Pero entró en crisis a principios de los 90 con la aparición de nuevos movimientos que terminaron aliados con las autodefensas.

Diez años estuvieron los Guerra por fuera del poder local. Pero no del nacional, donde atesoraron cargos importantes, sobre todo desde cuando al Palacio de Nariño llegó el presidente Uribe, amigo personal de Joselito Guerra de la Espriella, senador involucrado en el proceso 8.000 y sobrino de Julio César Guerra. La ministra de Comunicaciones, María del Rosario Guerra, y el senador Antonio Guerra, de Cambio Radical, son miembros de la familia.

En su reencauche, Julio Guerra, ex presidente del Senado de 73 años, ha aprovechado la publicidad negativa contra su principal contrincante, el 'Tuto' Barraza, que simboliza el reciente escándalo de la para-política. Pero su discurso de transparencia e innovación despierta, como es de esperarse, la reacción de sus contendores: "Cómo es que su lema es dejar huella, si su familia nunca logró desarrollo para su pueblo. Fueron y son unos 'come-solos', que sólo piensan en su interés particular", según un líder comunitario de un barrio popular. A Guerra lo critican por tener un pariente que firmó el Pacto de Ralito.

Y entre los dos favoritos, está la candidata del Polo a la Gobernación, Lucy Urzola Capella. "Mis competidores compran votos y líderes. Y pertenecen a una maquinaria de insaciables e indolentes", sostiene esta mujer que lleva 12 años como asesora de Naciones Unidas en derechos humanos. Y que apela a estrategias llenas de simbolismos y pedagogía, con un tinte mockusiano que no se había visto en estas tierras. La próxima semana lavará publicamente la bandera del departamento para que la gente piense en nuevas opciones.

Estas y otras iniciativas hablan de un cambio, pero lento. Según monseñor Nel Beltrán, que le ha dedicado 15 años a trabajar en la región, , "uno no se puede sentar a esperar que esas cosas se transformen por inercia. Los vicios políticos están inculturados, por eso lo que hay que proponer es un cambio de perspectiva, y eso toma tiempo".