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Así avanza la vacuna contra la malaria desarrollada en Colombia

Un reconocimiento del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos y una publicación en la revista ‘Nature’ dan cuenta del trabajo de los científicos colombianos detrás de este biológico.


El equipo liderado por dos científicos colombianos fue reconocido recientemente por el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos (NIH) como uno de los seis mejores centros de investigación en inmunología de la malaria, labor que lideran desde Cali.

Se trata de los investigadores Sócrates Herrera y Myriam Arévalo, quienes han trabajado desde los años 80 en una vacuna contra la malaria en el país.

Además, la revista Nature, una de las más importantes en temas de innovación científica a nivel mundial, hizo público el artículo Randomized Clinical Trial to Assess the Protective Efficacy of a Plasmodium Vivax CS Synthetic Vaccine (Ensayo clínico aleatorizado para evaluar la eficacia protectora de una vacuna sintética de Plasmodium vivax CS) de los colombianos, en el que exponen sus más recientes logros en el desarrollo de este biológico.

Concretamente, Herrera y Arévalo han completado con éxito las primeras fases en el proceso de testeo de la vacuna en seres humanos. Su preparado fue diseñado para atacar en específico al parásito Plasmodium vivax, causante del paludismo y común en Colombia y América Latina.

Con un biológico de 60 % de eficacia, los investigadores superaron un ensayo clínico en el que participaron voluntarios de Buenaventura, donde se pudo demostrar la eficacia y seguridad de la inyección.

En entrevista con SEMANA, el médico Sócrates Herrera habló sobre el recorrido que han hecho para llegar hasta este hito de su objetivo: una vacuna que permita contrarrestar la incidencia de la malaria hasta llegar a su erradicación, logro en el que trabaja el mundo desde hace años.

El científico, quien es una de las personas que más sabe sobre malaria en el país, habló también sobre el panorama actual de esta enfermedad en Colombia, y contó cuáles son los pasos a seguir en el desarrollo de este biológico. Esta es la entrevista:

SEMANA: ¿Cómo reciben el reconocimiento por parte del NIH y la publicación de la Revista Nature?

Sócrates Herrera (S. H.): Es un motivo de complacencia muy grande. No solo el reconocimiento del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos que, de cualquier manera, nos ha venido apoyando a lo largo de los últimos 20 años con iniciativas y proyectos, sino la validación por parte de la revista Nature del artículo.

Es un logro muy importante tener ese nivel de protección con una vacuna contra un parásito que ha estado relativamente olvidado por parte de la industria farmacéutica internacional y las agencias financiadoras, y ha sido el producto de un esfuerzo sostenido de parte del grupo nuestro, del Gobierno también, que nos ha colaborado, el nacional y departamental, en el Valle del Cauca.

Es muy satisfactorio para nosotros como investigadores y como país.

SEMANA: ¿Qué tan complejo es lograr esa eficacia del 60 % en una vacuna contra la malaria?

S. H.: No ha sido extraordinariamente difícil, pero ha sido bastante largo, dispendioso. Un trabajo muy paciente, estricto y riguroso. La proteína que nosotros estamos utilizando como candidato a vacuna es una proteína que se conoce desde hace ya algún tiempo como una proteína crítica esencial para el parásito.

En ese orden de ideas, las probabilidades de éxito eran altas. Pero desde identificar una proteína del parásito hasta tener una vacuna que proteja en 60 % sí es un proceso muy largo, muy dispendioso, muy estricto desde el punto de vista científico. Porque uno puede tener expectativas, esperanzas, tener la hipótesis de que va a funcionar, pero eso hay que demostrarlo con experimentos y con logros.

Hubo unas fases iniciales de trabajo en el laboratorio, con animales de experimentación, que fueron largas. Pero, mucho más difícil y delicado ha sido desde que iniciamos el proceso de investigación clínica, que es cuando uno pasa de hacer experimentos en animales a hacerlos en seres humanos. Hace 10 o 15 años, cuando se hizo la primera vacunación en humanos, en Cali, era la primera vez que esta proteína candidato a vacuna se inoculaba en seres humanos; por fortuna, fue muy segura, muy bien tolerada e indujo una muy buena respuesta inmunológica, de anticuerpos y otros factores inmunes que ayudan a la protección.

Foto de referencia de la vacuna contra la malaria
De acuerdo con los investigadores, en el segundo semestre de 2022 esperan hacer un experimento con la vacuna en Chocó, con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, para testearla en número intermedio de personas, antes de pasar a grandes poblaciones. - Foto: Getty Images/iStockphoto

Hubo una etapa bastante delicada que consiste en que una vez que uno ya ha demostrado que una vacuna tiene esas características de ser segura, bien tolerada y producir respuesta inmune, hay que demostrar que todo eso produce protección. Y para demostrarlo se requiere un método, que consiste en exponer a la persona vacunada al contacto con el parásito de la malaria, el Plasmodium, y ese método no existía. Entonces fue una etapa bastante larga el poder desarrollar ese método en humanos, que debían ser expuestos a la picadura de mosquitos infectados, y demostrar que eso era reproducible, seguro, que no representaba ningún riesgo para los pacientes, y eso se desarrollaba en personas que no han sido vacunadas.

Una vez que completamos ese proceso ha sido relativamente más fácil poner juntos los dos tipos de metodologías: vacunar y después infectar para ver si eso tiene efectividad. Y eso fue lo que se hizo en la última fase y es lo que se publicó, el hecho de que se pusieron juntos el vacunar y el infectar, y ver que la vacunación protege al 60 % de todos los vacunados.

SEMANA: ¿Qué es lo que hace delPlasmodium vivax’ un parásito tan complejo?

S. H.: Este es un microorganismo extraordinariamente complejo biológicamente. Si uno lo pudiera comparar en este momento con el virus de la covid, el SARS-CoV-2 tiene 29 o 30 proteínas, y el Plasmodium tiene 6.000. Entonces está uno hablando de unos órdenes de magnitud bastante diferentes en términos de cómo descubrir los componentes del parásito que sean vitales y que uno pueda atacar para poder contrarrestar la infección.

Nosotros hemos seleccionado trabajar con el Plasmodium vivax, que ha sido tradicionalmente más abundante en Colombia y en América Latina, en contraste con el Plasmodium falciparum, que es extraordinariamente más abundante en África y en otras regiones del mundo.

El Plasmodium vivax no se puede cultivar en el laboratorio, mientras que el falciparum sí. No poderlo cultivar representa un reto extraordinariamente grande porque, para poder trabajar con el parásito, tenemos que obtenerlo de pacientes, y para eso hay que estar cerca del área endémica. Es una gran ventaja estar en Cali, porque tenemos a la costa Pacífica a una distancia bastante accesible: Buenaventura está a dos horas y las demás ciudades, como Tumaco y Quibdó, por ejemplo, están a una hora en avión. Eso lo facilita enormemente.

Es difícil imaginarse cómo en Estados Unidos o en Europa, o en los otros países más avanzados en vacunas, pueden tener este privilegio que tenemos nosotros. En medio de la dificultad que representa tener el parásito, tener el acceso al área endémica en un espacio tan cercano. Es una restricción bastante grande que, en el caso de Colombia y de Cali, se nos facilita.

Una característica biológica de este parásito, que hace muy importante la vacuna, es el hecho de que los individuos que se infectan con el Plasmodium vivax pueden desarrollar recaídas. Una vez que una persona se infecta por primera vez puede hacer un número indeterminado de recaídas posteriores al tratamiento y a lo que uno consideraría la curación. Seis meses o un año más tarde puede reactivarse la infección porque permanece enquistada en el hígado, en un proceso como de hibernación.

Eso representa una característica bastante desagradable de la infección, porque los medicamentos logran calmarla en el momento inicial, pero luego el parásito, que sigue en el hígado, puede reactivarse por varios años. Con esta vacuna que interfiere con el desarrollo en la fase hepática estamos tratando de prevenir ese problema indeseable de la infección, que además del riesgo de infectarse, agravarse y morir en la primera oportunidad, se sigue repitiendo a lo largo de los años.

Esos son retos de la infección que, por fortuna, esta vacuna tendría la capacidad de bloquear y prevenir.

Sócrates Herrera es médico de la Universidad de Caldas y docente de la Universidad del Valle. Fundador del Instituto de Inmunología del Valle en 1985.
Sócrates Herrera es médico de la Universidad de Caldas y docente de la Universidad del Valle. Fundador del Instituto de Inmunología del Valle en 1985. - Foto: Stephania Benavides - Consorcio para la Investigación Científica Caucaseco.

SE,AMA: ¿En qué fase se encuentra ahora la vacuna contra la malaria?

S. H.: Después de demostrar que la vacuna es muy bien tolerada y produce una respuesta inmunológica que realmente defiende contra la infección y la enfermedad, además de que no es tóxica, sigue el análisis de la vacuna en grandes poblaciones.

Eso es extraordinariamente más costoso y más difícil, y es la fase que sigue. Y una vez que se hayan completado esos estudios de fase 3, se da la aprobación por las agencias reguladoras (como el Invima, la FDA, EMA), y la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esa fase ya da paso a la cuarta, que es el uso masivo de la vacuna.

Vamos en este proceso, pasando de la fase 2 a la 3. Antes de irnos a vacunar grandes poblaciones estamos programando en el segundo semestre de 2022 un experimento que desarrollaremos en Chocó, con el apoyo del Ministerio de Ciencia y Tecnología, para hacer un número intermedio. Estamos siendo bastante cautelosos porque son estudios bastante difíciles desde el punto de vista logístico y biológico; entonces, queremos ir paso a paso de una manera muy segura.

SEMANA: ¿Cuáles son los principales retos actuales en el desarrollo del biológico?

S. H.: El desarrollo de las vacunas tiene retos permanentes y estamos trabajando en diferentes frentes. Primero, en desarrollar la capacidad para hacer este tipo de estudios en Chocó y que quede esa capacidad instalada, porque seguramente requeriremos en el futuro estudios iguales o más grandes.

Lo segundo es mejorar la tecnología, que está cambiando y hay posibilidad de hacerle mejoras tecnológicas al proceso. Y lo tercero es el componente económico, como el apoyo de inversionistas, de gobiernos. Yo quiero resaltar una iniciativa del Gobierno colombiano, liderada por el Ministerio de Ciencia, que consiste en generar una capacidad en el país para poder tener una autonomía en estrategias y tecnologías de la salud, y dentro de ellas cabe la vacuna.

SEMANA: ¿Cuál es el escenario actual de la malaria en Colombia?

S. H.: Colombia viene haciendo esfuerzos con ayudas internacionales para lo que denominamos la eliminación de la malaria, que tiene una fase inicial de disminución y control de la enfermedad hasta llegar a niveles de preeliminación. Pero el país afronta retos enormes desde el punto de vista geográfico, político, ambiental, además de la pobreza de la población. Entonces, entre los años 2000 y 2020 hubo una reducción del 50 %, aproximadamente, de la malaria a nivel mundial, y Colombia logró una reducción superior, cerca del 75 %, lo cual es muy estimulante.

El problema es que ese 25 % que queda haciendo falta ha representado en los últimos años entre 50.000 y 80.000 casos de malaria por año, y de esos un porcentaje muy alto lo aporta la costa Pacífica colombiana, que es una región de muy difícil manejo por las dificultades geográficas, climáticas, la presencia de comunidades dispersas y la minería y agricultura ilegales.

Una vacuna tendría la posibilidad de reducir esto rápidamente y contribuir a las otras medidas (medicamentos, lucha contra los mosquitos, toldillos impregnados con insecticidas, etc.). Sería extraordinaria porque, si funcionara como ha funcionado en los experimentos, estamos diciendo que las personas infectadas se reducen en una primera ronda al 40 %.

SEMANA: ¿Cómo explicarle a la ciudadanía que la vacuna no implica dejar de protegerse frente a la malaria?

S. H.: Yo pienso que lo más importante de este proceso de educación de la gente es que las vacunas se incorporen dentro del sistema de los planes nacionales de vacunación de rutina. Entonces la gente se va vacunando, sobre todo los niños y las mujeres embarazadas, que son los más susceptibles en el caso de malaria.

Todos los programas de control de la malaria y de ensayo de eliminación involucran educación de la comunidad. Yo creo que la comunidad es muy receptiva, y en malaria no encuentra uno esas creencias e imaginarios que existen con las vacunas de covid, por ejemplo. La gente que requiere la vacunación, que es la que vive en las áreas endémicas, es ansiosa y deseosa de tener el apoyo del Gobierno y las oenegés en cuanto al acceso a medicamentos y vacuna.

An Aedes japonicus mosquito has pierced human skin and is sucking blood.
La malaria es una enfermedad ocasionada por un parásito del género 'Plasmodium', el cual es transmitido por la hembra del mosquito anofeles que, a su vez, ha sido infectada al alimentarse con sangre de una persona que tiene la enfermedad. - Foto: Getty Images

SEMANA: ¿Cómo fue el impacto de la pandemia en el desarrollo de la vacuna contra malaria?

S. H.: Yo creo que muy positivo. Estamos teniendo reuniones muy frecuentes con la comunidad científica internacional que trabaja en malaria y, por ejemplo, desde el punto de vista de tecnología, hay varios grupos tratando de aplicar la que se ha utilizado para las vacunas de covid en malaria. Eso seguramente va a contribuir a tener más vacunas dentro del inventario a nivel mundial.

Lo segundo es que los procesos de desarrollo de medicamentos y vacunas han sido un poco rígidos y lentos a lo largo de la historia, y algunas de esas medidas –que eran muy dispendiosas– se han ido flexibilizando y facilitando. Entonces hoy en día es mucho más fácil desarrollar una vacuna que hace dos o cinco años, porque se han flexibilizado esos procesos que hemos aprendido todos que se podían flexibilizar. Eso no hubiera sido posible si no hubiera existido la pandemia.

Yo creo que no ha sido sino bueno, así como el concurso de todos los países y diferentes farmacéuticas multinacionales para trabajar conjuntamente. Somos seis grupos de trabajo sobre vacuna contra la malaria reconocidos por el NIH, y el espíritu que se vive hoy es de colaboración.

SEMANA: ¿Qué aprendizajes les han dejado estos años de lucha contra la malaria?

S. H.: Creo que el mayor aprendizaje es que se puede, que sí se puede y que Colombia puede. Que el país tiene la capacidad –y de pronto le sobra capacidad–, le falta organización y un poco de financiación, pero el Gobierno nacional está en esa dirección y eso lo recibimos con mucho beneplácito.

Cuando empezamos hace 30 años, a la gente le parecía ridículo que estuviéramos trabajando en esto, empezando porque ya se hablaba de algunas vacunas muy avanzadas que existían en ese momento. Hoy esta es la vacuna más avanzada en la especie de Plasmodium vivax.

En el camino hemos entendido que la vacuna que nosotros tenemos, así sea muy exitosa inicialmente, va a requerir refuerzos. Hemos aprendido a poner junta cooperación internacional, no solo desde el punto de vista financiero, sino de los grupos científicos, y desde Cali logramos hacer una gran articulación de colaboradores de Estados Unidos, Europa y otras regiones del mundo. Eso es muy estimulante, poder saber que desde Colombia y en medio de las dificultades de todo tipo, uno puede hacer estos procesos y este liderazgo.