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| 7/16/1990 12:00:00 AM

Así fue el negocio

Según los documentos oficiales, estos son los intríngulis de la operación

Así fue el negocio Así fue el negocio
Pintaba como un gran negocio. Pero como suele suceder en el mundo de las finanzas, lo que a veces aparece como una mina de oro acaba convirtiéndose en una pesadilla. No en otra forma podría describirse el desenlace del sonado caso del Banco Comercial Antioqueño que, en su momento, produjo conmoción en el sistema financiero y que ahora, ocho años después, acaba de ser objeto de un fallo por parte de las autoridades cambiarias colombianas.
A comienzos de los 80, se vivía en Colombia una agitada rapiña por el sistema financiero. Todo el mundo quería comprar, a cualquier precio, un banco, una corporación financiera, una compañía de financiamiento comercial o una aseguradora. Por el control del Banco de Bogotá, por ejemplo, se enfrentaron a muerte los grupos Bolívar y Sarmiento Angulo, en un episodio que habría de llevar a la transitoria nacionalización de la entidad. Por su parte, el Grupo Grancolombiano no sólo reinaba en el sector financiero, sino que practicaba con gran éxito la toma hostil de grandes empresas productivas, cuyo control se podía obtener a través de operaciones en Bolsa. Grupos financieros emergentes, como el de Félix Correa, alimentados por el ahorro del público, parecían estar compitiendo hombro a hombro con los tradicionales.
Nadie quería quedarse por fuera de la fiesta. En una jugada audaz, a finales de 1981, el Grupo Santo Domingo adquirió el control de Colseguros, uno de los venerables símbolos del establecimiento antioqueño. De paso, consiguió el control del Banco Comercial Antioqueño, cuyo principal accionista era Colseguros. Con menos recursos, pero no menos audacia, apareció en el panorama Jaime Mosquera Castro, un banquero salido de Popayán, dispuesto a jugársela toda para llegar a formar el banco más grande del país. Acababa de lograr una fusión exitosa entre los bancos del Estado, Panamericano y de América Latina. No había alcanzado a culminar esa transacción, cuando ya había hecho oferta de compra a otros tres bancos: uno en Atlanta, otro en Ecuador y, en Colombia, al Banco Comercial Antioqueño. Alcanzó a pensar, incluso, en el Mercantil y en el Nacional.
A todas estas, el Grupo Santo Domingo comenzó a darse cuenta de que con Colseguros se había ganado "la rifa del tigre". La compañía de seguros se encontraba gravemente descapitalizada y con deudas enormes, por haber gastado sus recursos contrarrestando la ofensiva de Jaime Michelsen para adquirir en Bolsa el control de empresas del "Sindicato Antioqueño". Para defender estas empresas, Colseguros había comprado, sobrevaloradas, acciones de la Nacional de Chocolates, Fabricato y el Banco Comercial Antioqueño. Papeles de la Nacional de Chocolates que en el segundo semestre de 1981 costaban 27 pesos en Bolsa, fueron adquiridos a precios que llegaban incluso a los 100 pesos. Todo este proceso había dejado a Colseguros al borde de la quiebra.
Cuando el nuevo dueño, el Grupo Santo Domingo, descubrió esta situación, se dio cuenta de que era necesario actuar con rapidez. Y la fórmula que saltó a la vista fue la realización rápida de activos, el más valioso de los cuales era el Banco Comercial Antioqueño. En ese momento, Colseguros y sus filiales poseían 15.4 millones de acciones de la entidad financiera, es decir, el 33.5%. Para consolidar una posición de control, el Grupo Santo Domingo, a través de Bavaria y Cervunión había comprado, respectivamente, 4.9 millones y 2.6 millones de acciones de Bancoquia, que representaban el 13.18%. Con ese paquete, unido al de Colseguros, el grupo controlaba el 46.68% del establecimiento financiero.
El más interesado en la compra de esas acciones era Jaime Mosquera Castro, quien aspiraba a fusionar los bancos del Estado y Comercial Antioqueño en lo que esperaba sería el banco estrella del país. Según la Superintendencia Bancaria, Mosquera ofreció 170 pesos por acción. Esto era ocho veces más que la oferta de 20 pesos que había hecho el "Sindicato Antioqueño" y que había sido rechazada poco tiempo antes. La de Mosquera fue aceptada. Era muy buena. Con base en el precio de 170 pesos por acción, la operación se protocolizó en dos grandes paquetes.
El primero no tenía mayores complicaciones. Los 15.5 millones de acciones de Colseguros en Bancoquia se venderían en 2.636 millones de pesos, de los cuales 563 millones se pagaron en efectivo por unos testaferros del Grupo Financiero del Estado, y los 2.072 millones restantes a plazos. Jaime Mosquera Castro y Eduardo Zambrano, presidente y vicepresidente del Banco del Estado, contactaron una veintena de intermediarios para que aparecieran como compradores del Comercial Antioqueño. Se buscaba, así, hacer un esguince a las normas financieras que prohíben a sociedades del sector tomar el control de otras, aprovechando los recursos de los ahorradores. Además, se evadía otra disposición que exige que las compras de empresas inscritas en bolsa deben hacerse por oferta pública cuando se trata de paquetes superiores al lO% de las acciones, y con justificación del origen de los dineros involucrados.
La venta del segundo paquete fue mucho más complicada. Se trataba de 7.596.233 acciones en poder de Bavaria y Cervunión. Pero en lugar de ser vendidas directamente a Jaime Mosquera o a sus intermediarios, fueron traspasadas a Colinsa, la empresa matriz de Julio Mario Santo Domingo. La justificación de dicha transacción quedó consagrada en el acta de la Junta Directiva de Colinsa del 4 de junio de 1982, en los siguientes términos: "Don Julio Mario Santo Domingo, presidente de Colinsa, es de opinión que Bavaria y Cervecería Unión traten también de vender sus acciones en dicho banco, pero como la situación de iliquidez de Colseguros no admite espera, no se pueden atar las dos operacianes y por ello es partidario de que Colseguros venda primero sus acciones en el Banco Comercial Antioqueño sin esperar a que Bavaria y Cervecería Unión vendan las suyas. Sin embargo, para proteger tanto a Bavaria como a Cervunión, el señor Santo Domingo propone que Colinsa y algunas de sus filiales les compren a estas sociedades las acciones que ellas poseen en el Banco Comercial Antioqueño al mismo precio que le están ofreciendo a Colseguros por las que ésta tiene en Bancoquia, aun corriendo el riesgo de no poderlas vender luego al mismo precio".
Lo que se desprendía de este texto era que Julio Mario Santo Domingo, para proteger a los accionistas de Bavaria y Cervunión, estaba dispuesto a asumir eventuales pérdidas de su patrimonio familiar. Esto sucedió. Al tiempo que Colinsa y otra compañía de los Santo Domingo, llamada Valores del Norte, compraban acciones del Banco Comercial Antioqueño a Bavaria y Cervunión por 170 pesos, se las vendían a los representantes de Mosquera a 60 pesos. De esta suerte, en apenas una semana, la pérdida por acción para Colinsa era de 110 pesos. La pérdida total ascendió en esa semana a 835 millones de pesos.
POR DEBAJO DE LA MESA
Según las superintendencias Bancaria y de Control de Cambios, esta pérdida no era real. Múltiples testimonios y documentos llevaron a la conclusión de que los representantes de Julio Mario Santo Domingo habían acordado una fórmula de venta que consistía en 60 pesos "por encima de la mesa" y de 110 pesos por debajo. La primera pagadera en el país y la segunda en el exterior. En esta forma, se reconocerían impuestos sobre 455.7 millones, en una transacción que, en términos reales, había llegado a 1.291 millones de la época.
Las autoridades que investigaron el caso concluyeron que parte del pago, 110 pesos por acción, se hizo en dólares siguiendo la ruta Cúcuta-Nueva York-Suiza. En Colombia fueron pagados 445.7 millones de pesos a Colinsa y en el exterior el equivalente en dólares a 835 millones, a una tasa de cambio aproximada de 65 pesos por dólar. Es decir, 11 millones de dólares. Para pagar esta última parte se utilizaron, según el gobierno, recursos que le fueron prestados al Banco del Estado por una docena de bancos corresponsales. Esos 11 millones, junto con otros 744 mil dólares de propiedad del Banco del Estado, fueron transferidos por este último a la cuenta número 32517 del banco suizo Henstch and Cie., cuyo titular era un misterioso señor de nombre J.J. Boissier, pero que de acuerdo con testimonios recogidos en el proceso, era un prestanombre para Julio Mario Santo Domingo. La identidad de Boissier fue objeto de grandes especulaciones durante toda la investigación y, curiosamente, fue un episodio social el que lo sacó del anonimato. Acabó siendo un amigo de Santo Domingo, propietario del banco Henstch and Cie., que apareció en Colombia el año pasado como consuegro del fallecido Emilio Urrea, en el matrimonio de su hija María Cristina (Tuti) con Boissier Jr., en la que fue denominada la boda del año.
Según la Superintendencia Bancaria, el presidente del Grupo Santo Domingo habría recibido, además, una comisión adicional por cada una de las acciones negociadas, con lo cual el pago total habría ascendido a 14 millones de dólares. Sobre este aspecto de la operación, empero, no se lograron evidencias concluyentes en la indagación de la Supercambios. Para explicar la diferencia entre los montos en dólares, las autoridades plantean tres hipótesis: 1. Diferencias de la tasa de cambio. 2. Comisiones pagadas al Grupo Santo Domingo por la operación. 3. Intereses causados por la demora en el pago del Grupo Mosquera a Colinsa.

Las anteriores no habrían sido, de todas formas, las únicas violaciones del Estatuto Cambiario, que prohibe manejar dólares en el exterior y utilizar recursos externos para financiar operaciones en el país sin el visto bueno de las autoridades. Según los investigadores oficiales, también una parte de las acciones pagadas en Colombia habría sido cancelada con recursos externos. De acuerdo con un informe elaborado por la dirección jurídica del Banco del Estado y retomado luego por la Superintendencia Bancaria, "tan pronto como se concretó el negocio con Colseguros y Colinsa, estas empresas convocaron una asamblea de accionistas del Banco Comercial Antioqueño y allí votaron para elegir una Junta Directiva previamente determinada por el Grupo Mosquera. Al mismo tiempo renovaron la Junta del banco en Panamá y otorgaron un crédito de US$10 millones". Ese préstamo tenía como beneficiarias a tres sociedades panameñas (Frajuri S.A., Kirona Corp.y Karsea Inc.) pero fue garantizado con el paquete de acciones que Mosquera y compañía tenían en el Banco del Estado (sin autorización de la junta directiva de este último) y con un pagaré firmado en blanco (en algunos casos con firmas falsificadas) por las personas que figuraban como compradoras de las acciones de Bancoquia que tenía Colseguros. Lo anterior hizo presumir a las autoridades que por lo menos una parte del prestamo fue convertido en pesos y utilizado para realizar los pagos que se hicieron en Colombia. Sobre este capítulo, René Caballero Madrid, uno de los intermediarios, inició acciones civiles y penales por la falsificación de su firma, pero según su misma narración en las diversas investigaciones, Colseguros lo llamó a Panamá y le ofreció US$50 mil a cambio del desistimiento. El dinero fue aceptado por Caballero, quien aseguró que así se arreglaron las reclamaciones de Alfonso Pena y Jose V. Castañeda, otros de los testaferros.
OPERACION FALLIDA
Hasta ese momento, no existían evidencias sobre las irregularidades cometidas en el proceso. Estas, de acuerdo con las autoridades, se presentarían a raíz de los sucesos que provocaron en agosto de 1982, la crisis del sector financicro colombiano, y el Grupo Mosquera perdió el control del Banco del Estado. En tales condiciones, Mosquera no podía cumplir con el pago de las acciones que habían sido entregadas a credito por Colseguros, y la transacción quedaba en el limbo. El entonces ministro de Hacienda, Edgar Gutiérrez Castro, le "sugirió" al Grupo Santo Domingo que lo más conveniente era reversar la operación.
Colseguros ofreció entonces la recompra de todas las acciones que habían sido negociadas (excepto de un pequeño paquete adquirido por el Grupo del Estado, con la ayuda de Byron López y Humberto Jiménez, para asegurar el control total de la institución).La operación de compra por parte de Mosquera había involucrado en sus diversas etapas 25.2 millones de acciones por 4.306 millones de pesos, de los que se financiaron 2.072 millones. Se alcanzaron a desembolsar 2.233 millones.
La recompra, por parte del Grupo Santo Domingo, acordada el 24 de septiembre de 1982, se realizó efectivamente. Se hizo a 170 pesos por acción, incluídas las que habían sido vendidas por Colinsa y Valores del Norte a un precio unitario de 60 pesos. Esto, según la Supercambios, era el reconocimiento claro de que todas las acciones del Bancoquia se habían negociado inicialmente por el primer valor (sumado lo pagado en el país y en el exterior).
La mayoría de los dineros utilizados en la recompra (1.126 millones de pesos) fueron girados por Colseguros a nombre de los testaferros que intervinieron en la operación y lo a nombre del Banco del Estado, lo que para las autoridades que investigaron la operación constituía también una prueba indiciaria de que los primeros actuaron a nombre de la entidad financiera dominada por Jaime Mosquera. "El análisis de la procedencia de dineros con los cuales el grupo de presuntos compradores pagó a las empresas del Grupo Colseguros la cuota inicial de las acciones del Banco Comercial Antioqueño, demuestra que los dineros provinieron de fuentes totalmente distintas a los adquirientes y que su pago se canalizó a través del Banco del Estado", según las conclusiones de la investigación de la Supercambios.
Hasta el momento se ha hecho referencia a los pagos en Colombia, pero ¿cómo reversar los giros hechos a Suiza por debajo de la mesa? Para ello se usó a Petroleum Helicopters, del Grupo Santo Domingo, una empresa que no tuvo nada que ver en la primera etapa de la operación pero que, como accionista de Colseguros, fue usada como puente para la devolución de los dineros pagados por los compradorcs originales. Dicha empresa, mediante una serie de operaciones bancarias, trasladó 720 millones de pesos a la cuenta corriente de Pedro Tami Rangel, quien fue identilicado como un simple chofer, sin posibilidades de manejar tan cuantiosas cantidades de dinero. Esta cuenta tenía autorizadas las firmas de Juan Claudio Morales y Pablo Salazar de Heredia, propietarios de la Compañía General de Cambios, de Cúcuta, dedicada a la compraventa de divisas.
En su alegato de descargos, Juan Claudio Morales senaló que el mundo había cambiado mucho y que no era imposible que un chofer tuviera 720 millones de pesos en cuenta corriente. Según él, casos como el de Ronald Reagan, un actor que llegó a presidente de Estados Unidos o Gonzalo Rodríguez Gacha, quien sin estudios ni profesión llegó a ser uno de los hombres más ricos del mundo, demuestran que hay mucha más movilidad económica y social.
Los investigadores concluyeron que los dineros girados a esa cuenta fueron convertidos en dólares y colocados en el Banco Anval de Panamá (de propiedad del Grupo Santo Domingo) y usados para cubrir parte de los prestamos otorgados por el Banco Comercial Antioqueño, de Panamá, y por los corresponsales del Banco del Estado. De esa manera se había reversado la negociación. Concluía así una de las operaciones más controvertidas de la crisis financiera colombiana.

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