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| 11/20/2000 12:00:00 AM

¡Auxilio Juan Manuel!

Acusan al Ministro de Hacienda de revivir los auxilios parlamentarios. ¿Qué tan válida es su defensa?

¡Auxilio Juan Manuel! ¡Auxilio Juan Manuel!
Se le ha venido el mundo encima a Juan Manuel Santos con la acusación de que ha revivido los auxilios parlamentarios. El Ministro lo niega pero el cargo es válido. El debate, como siempre, es una tormenta en un vaso de agua en que nada es como parece.

En Colombia los auxilios parlamentarios se asocian con tres conceptos negativos: clientelismo, serrucho y soborno a los congresistas. De éstos, dos son inflados y uno es real. El real es el serrucho, que es verdaderamente grave. Desde que Carlos Lleras Restrepo se inventara los auxilios parlamentarios para que el Congreso le aprobara la reforma constitucional de 1968, en la cual le quitaba la iniciativa del gasto al Legislativo, el desvío de recursos a los bolsillos de los parlamentarios ha sido una pesadilla. Fueron tales los abusos a los que se llegó que no es exagerado afirmar que el principal motor de la Constituyente de César Gaviria en 1991 fue el clamor por la eliminación de los auxilios parlamentarios.

Sin embargo los auxilios acaban siendo revividos por cada gobierno con un nombre diferente, porque a pesar de haber sido satanizados constituyen piezas clave del ajedrez político. La dimensión clientelista que se les atribuye es simplista. Al fin y al cabo no tiene nada de absurdo que un parlamentario consiga obras y plata para su región. Es más, para eso lo eligieron. Igualmente es exagerada la dimensión de soborno que algunos le dan.

La única forma de que un gobierno saque adelante cualquier proyecto es a través de una negociación política. Esto es absolutamente normal en cualquier país del mundo, comenzando por Estados Unidos, que es considerada la democracia más avanzada del planeta. Allá el presidente tiene que ‘niñerear’ y darles caramelo a los congresistas si quiere que lo respalden con su voto. Y el ‘caramelo’ es el mismo que en Colombia: plata para su región.

Lo que sucede es que se le han quitado tantas atribuciones al Congreso colombiano que prácticamente el único acto de poder real que les queda a los parlamentarios es decir que no a las iniciativas del gobierno. La única forma de evitar que esto suceda es con ‘caramelo’ en sus dos modalidades: presupuestal y burocrática.

Así funciona el sistema y es por eso que personas tan serias como Rudolf Hommes, Guillermo Perry y Juan Camilo Restrepo tuvieron que inventarse nombres como ‘fondos de cofinanciación’, ‘fondo interministerial’ y otros para poder ferrocarrilear los proyectos en el Congreso.

Juan Manuel Santos acaba de hacer lo mismo con nombre nuevo. Ahora se llaman ‘cupos indicativos’ y su monto asciende a 300.000 millones de pesos, equivalente a 800 millones por parlamentario con ñapa para presidentes de comisiones y miembros de mesas directivas. Santos, quien es un hombre pragmático y que sabe cómo funciona el Congreso, logró por cuenta de esta zanahoria que por primera vez en la historia se aprobara un presupuesto de más de 50 billones de pesos en dos horas sin cambiarle una sola coma. Ahora espera que esos mismos ‘cupos indicativos’ aceiten la maquinaria para que le aprueben no sólo la reforma tributaria sino también el régimen de pensiones y la ley de transferencias.

Los nuevos auxilios de 300.000 millones de pesos tienen, no obstante, sus bemoles. En primer lugar la partida no está financiada y para que la plata se pueda girar será necesario encontrar ingresos adicionales que hoy no se ve de dónde van a salir. En otras palabras, la zanahoria de Santos en el fondo es una piñata donde hay palazos de ciegos y no es seguro que lluevan los regalos.

Otra preocupación que existe es la de la corrupción. Sin embargo hay que reconocer que han quedado atrás los excesos del pasado cuando los auxilios se canalizaban a fundaciones de los jefes políticos con un edificio como sede, consultorios jurídicos y de otra naturaleza en cada piso y sueldo para toda la familia. Con estos antecedentes seguramente se hará un esfuerzo real para que los recursos terminen en obras y no en bolsillos o en campañas políticas, como denunciaron los opositores a la propuesta de Santos, entre ellos el senador por el Quindío Javier Ramírez.

El punto más vulnerable de los auxilios es el de la equidad. El ministro Santos afirma que ésta existe porque todos los parlamentarios recibirán por igual, independientemente de si apoyan o no al gobierno. Sin embargo el problema de equidad no se limita a los colegas en el Congreso sino a los contendores en las futuras elecciones. Cuando un parlamentario que ha repartido obras por 800 millones de pesos para su región se enfrenta con un candidato que no ha tenido esa gabela su reelección está prácticamente asegurada. Esta es, indudablemente, una limitación en el juego democrático. Alrededor de este punto ya hay en curso demandas contra los auxilios del ministro Santos. Está por ver si los tumban.

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