editorial

Balaceras en Bogotá: alcaldesa Claudia López, ¡haga algo!

Dos tiroteos casi simultáneos son el reflejo incontrovertible del preocupante deterioro de la seguridad en la capital del país. Editorial SEMANA.


El cuerpo tendido de Edwin Caro, el joven policía de 24 años que fue asesinado por un delincuente en plena carrera Séptima con calle 79, ha causado conmoción en Bogotá. Caro estaba cumpliendo con su labor, como lo hacen miles de policías a diario. A su corta edad, tuvo que enfrentarse con la peor cara de la violencia, que le arrebató la vida y tiene en luto a sus compañeros, amigos y familiares.

Algo muy malo está pasando en Bogotá. La balacera en la que Caro murió este miércoles y otra que se registró casi de manera simultánea en el barrio Restrepo, en el sur, terminaron por dejar al descubierto la creciente inseguridad que se vive en las calles de la capital del país. No se trata aquí de culpar a la alcaldesa Claudia López por la muerte de Caro o de cualquier otro ciudadano víctima de la delincuencia. Sin embargo, el artículo 315 de la Constitución dice que ella “es la primera autoridad de Policía del municipio” y es la funcionaria encargada de velar por el orden público. Lamentablemente, la mandataria no está cumpliendo a cabalidad con esa obligación y los ciudadanos están pagando los platos rotos por sus constantes e interminables peleas con la Policía Metropolitana.

Permanentemente son noticia los atracos, el fleteo y hasta los homicidios en TransMilenio. A pesar de que en la pandemia algunos delitos se redujeron notablemente por obvias razones, la violencia y la criminalidad tienen azotada a Bogotá. Mientras las personas salen a la calle con miedo, lo alarmante es esa ruptura que existe entre Claudia López y la Policía, lo que impide que este panorama cambie. No en vano la más reciente encuesta de la Cámara de Comercio de Bogotá reveló que de cada 100 habitantes, la inmensa mayoría (76) se siente insegura.

Los constantes pronunciamientos de la mandataria, muy críticos contra los uniformados y su trabajo, han dejado una herida que cada vez es más profunda. Ella no es su aliada, es su mayor crítica, en un hecho sin antecedentes en las relaciones del Palacio Liévano con la Policía. Ni siquiera durante los mandatos de alcaldes de izquierda como Lucho Garzón o Gustavo Petro se veía semejante cortocircuito. Y hay que decirlo con claridad: eso solamente favorece a los delincuentes, que se aprovechan de ese vacío de autoridad que está impulsando la propia alcaldesa en perjuicio de los ciudadanos.

Aunque en la campaña la entonces candidata prometió que iba a ser la jefe de la Policía, eso no ha sido así. Solo basta recordar lo sucedido durante el 9 y 10 de septiembre del año pasado cuando, después del asesinato de Javier Ordóñez en un CAI, se desató una inédita espiral de violencia que dejó 13 muertos, decenas de heridos y más de 60 CAI incendiados y destrozados. En esa oportunidad, ante una ciudadanía temerosa, lo que hizo la alcaldesa fue utilizar el dedo acusador y culpar a la Policía, responsabilizando a la institución por los hechos ocurridos. Y es que Claudia López se ha equivocado y ha desacreditado a toda una institución por cuenta de los atropellos de unos cuantos policías que merecen ser judicializados. Todo para evadir su responsabilidad política. En ese momento, incluso, quedó la sensación de que la ciudad estaba al garete y que la alcaldesa perdió el control de la situación y de la Policía. En contraste, la mandataria dijo que los uniformados desobedecieron “instrucciones expresas y públicas de la alcaldía”.

Ahora esa campaña de descrédito se le está devolviendo como un bumerán a la alcaldesa. En condiciones normales, tras las dos balaceras del miércoles, lo usual hubiera sido citar a un consejo extraordinario de seguridad para tomar medidas. Nada de eso se vio hoy. La alcaldesa, en su cuenta en Twitter, de manera fría, lamentó la muerte de Caro y aseguró que hubiese sido mejor judicializar a los delincuentes, teniendo en cuenta que en este caso uno de ellos murió en el cruce de disparos.

En el tema de la seguridad, Claudia López está actuando inconvenientemente con criterio político y, en lugar de ponerse del lado de la institucionalidad, ha decidido enarbolar las banderas en su contra, buscando réditos, como si aún estuviera en campaña, y no al frente del destino de ocho millones de habitantes que demandan liderazgo para combatir el crimen. Quizás en las redes sea muy popular pelear y desprestigiar el trabajo de toda la Policía, pero ella debe entender que sin esa institución de su lado, para combatir la criminalidad, estamos perdidos.

Muchos oficiales y patrulleros sienten que la alcaldesa no respalda su trabajo y tienen la moral por el piso. Es hora de que la mandataria cambie de actitud y asuma el papel que le ha trazado la Constitución. Ella no puede ser la enemiga número uno de la Policía ni evadir sus responsabilidades en esta materia. Los uniformados que infrinjan la ley deben responder ante la justicia, pero es necesario que Claudia López entienda que su deber es liderar y apoyar el trabajo de miles de uniformados que están en las calles, exponiendo sus vidas para frenar la delincuencia. Claudia López es hoy la alcaldesa, no la analista de antaño. Tampoco puede ejercer el rol de candidata presidencial.

La situación es particularmente delicada. Hace pocos días, el propio director de la Policía Nacional, general Jorge Luis Vargas, tuvo que salir públicamente a respaldar a su gente y al comandante de la Policía Metropolitana, general Óscar Gómez Heredia, quien se vio envuelto en una discusión con la alcaldesa. “Ningún policía necesita autorización, en el caso de que esté viendo un delito. No tiene que llamar a nadie para actuar”, dijo Vargas.

Este pronunciamiento se dio luego de que un joven perdiera uno de sus ojos en medio de un enfrentamiento con el Esmad. “Ni la Policía ni el Esmad tienen autorización para quitarles ojos a nuestros jóvenes, ni vidas a los manifestantes”, fue la frase usada por Claudia López. Con esa declaración, la alcaldesa volvió a enfilar baterías contra la Policía en vez de liderarla, asumir su propia responsabilidad política e impulsar las investigaciones para esclarecer los hechos.

Lo peor que le puede pasar a Bogotá es que retroceda décadas en seguridad y se pierdan los logros alcanzados gracias al trabajo en equipo de todos los alcaldes, sin importar su origen político, con la Policía. La alcaldesa tendrá que entender que, a punta de trinos, peleas y señalamientos, no podrá sacar a la ciudad adelante ni combatir la delincuencia, como se lo están exigiendo los ciudadanos. Alcaldesa, por favor, ¡haga algo!