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| 2/19/1990 12:00:00 AM

"BOMBAS DE OPINION"

Liberación gota a gota de rehenes y muchas incognitas deja el cruce de documentos entre notables y extraditables.

"BOMBAS DE OPINION" "BOMBAS DE OPINION"
Las expectativas eran otras. El país estaba preparado ya sicológicamente para la gran noticia: la captura, extradición o muerte de Pablo Escobar Gaviria. Todos los días--despues de la muerte de El Mexicano--eran como una cuenta regresiva a favor del gobierno y en contra del jefe del cartel de Medellín. Las fuentes militares y los organismos de seguridad del Estado atizaban la esperanza: "Lo tenemos cercado... esta desesperado... ya no confía en nadie..." eran frases de consenso.

Por eso la sorpresa fue mayuscula cuando las cadenas radiales despertaron a los colombianos el lunes 15 con el llamamiento de Los Notables dirigidos a Los Extraditables para que pararan el secuestro y el ilícito negocio de los alucinógenos a cambio de una segura "benevolencia" de parte de la sociedad.

Si la primera reacción fue de sorpresa, lo que siguió fue la confusion total. Nadie entendía en las primeras horas de ese lunes, que los mas recios soportes del establecimiento pidieran, aparentemente, una transacción, en momentos en que los jefes de la mafia supuestamente estaban acorralados y sus aparatos sicariales y financieros en desbandada.

El gobierno enmudeció. Los dirigentes politicos, acosados por la prensa, salieron rapidamente del paso con un concepto de cajón: todo la que sirva para darle tranquilidad al país es bueno. Y en las tertulias ejecutivas del mediodía se llegó a hablar de una rendición del Estado a traves de Los Notables: los ex presidentes Alfonso Lopez Michelsen, Julio Cesar Turbay Ayala y Misael Pastrana Borrero; el presidente de la Unión Patriótica, Diego Montaña Cuellar y el cardenal Mario Revollo Bravo.
En realidad. el documento de Los Notables no era más que un apretado compendio de principios universales del derecho con los cuales nadie, en condiciones normales, podría estar en desacuerdo: la condena de las peores formas de terrorismo, el respaldo al gobierno en su lucha contra el delito el reconocimiento a la soberania del Estado, el llamamiento a la paz, son conceptos no controvertibles. Sin embargo, había algunos que si lo eran:"... reconozcan la urgencia de evitarle mayores dolores a sus propias familias" "la sociedad miraría con benevolencia este gesto... " y "los haría acreedores a un tratamiento menos riguroso... ". A medida que avanzaba el día. y la radio y la televisión reproducían el texto, estas frases cobraban más el sabor de una sumisión o, por lo menos, de una negociación en cierne.

Ese día el único de los firmantes que anticipó alguna defensa fue el presidente de la UP. quien explicó que la declaración era "un llamado a la fibra social y humana de los extraditables y secuestradores" . Vano intento. El martes, la prensa nacional acogió la sospecha de que la declaración de Los Notables se había originado en la oficina del secretario general de la Presidencia, German Montoya ante el comprensible afan de salvar la vida de su hijo, secuestrado por Los Extraditables.

Como si fuera poco, la desconfianza se intensificó con una audaz declaración del comandante de la Cuarta Brigada, con sede en Medellín, general Harold Bedoya. Sus palabras tenían el perfil de una revelación. "El documento--dijo a Caracol--ha sido conocido previamente por los capos de la mafia. Uno de los notables, a traves de un abogado que se llama Guido Parra, ha sido el contacto con los capos en cabeza de Pablo Escobar y Luis Ochoa, para que estuvieran enterados de lo que se iba a presentar a la opinión pública".

Es más, Bedoya dijo estar seguro que "ellos están preparando un documento que tambien es objeto de consulta a través de ese abogado".

SOLIDARIDAD Y DISCRECION
Las palabras del general Bedoya no solo sembraron mayor perplejidad en la opinión pública, sino que le complicaron la vida a Misael Pastrana Borrero. El ex presidente, a quien su condición de jefe del partido de oposición le creaba particulares dificultades, aclaró que el no era firmante sino adherente del documento. En realidad, Pastrana no había conocido el texto. Solo había tenido referencia de sus objetivos a través de dos comunicaciones telefónicas defectuosas que sostuvo con el ex presidente Lopez Michelsen: una mientras estaba en Costa Rica y otra en San Andrés.
Es más, Pastrana pidió aplazar la divulgación de la declaración mientras regresaba al país, pero ante el argumento de que era de la mayor urgencia, entendio que se trataba de un asunto de alto sentido humanitario y ofreció su adhesión, a titulo personal, sin comprometer al Partido Social Conservador.

En mayor o menor grado, las acusaciones del general Bedoya afectaban a los demás firmantes, en cuanto los colocaba como intermediarios de una negociación o, por lo menos, como víctimas faciles de un nuevo chantaje de la mafia. Sin embargo, se mantuvieron solidarios y discretamente soportaron el chaparrón.

Al terminar el martes, otros vientos se cruzaron para acabar de enrarecer el ambiente. Las autoridades dijeron haber descubierto un carro-bomba cargado con 500 kilos de dinamita, al norte de Bogotá, y lo mostraron a los periodistas asegurando que su objetivo era atentar contra el ex presidente Belisario Betancur, o contra los generales Miguel Antonio Gómez Padilla y Miguel Maza Márquez. directores de la Policia Nacional y el DAS.

La malicia indigena trabajo tan rápidamente como los informes oficiales, y para muchos se trató mas de una bomba contra el documento de Lo Notables que contra algun personaje. Veridica o propagandistica, la noticia del carro-bomba sonó extraña y se perdió rapidamente en medio de las contradicciones que también afloraron ese mismo día martes.

En efecto, el ministro de Gobierno, Carlos Lemos Simmonds, que estuvo resistiendo, con declaraciones sueltas la presión nacional para que el gobierno se pronunciara, dijo, al terminar un Consejo Nacional de Seguridad, que el Estado no podía ser rehen de los narcotraficantes.

Los observadores políticos interpretaron la firme posición del ministro como el rechazo a las peticiones de benevolencia y menor rigor para con los barones de la droga. Pero, unas horas despues, descubrieron que el presidente Virgilio Barco parecía desautorizarlo. Hablando a los periodistas durante la ceremonia en la quee se escogió a René Higuita como el deportista del año, el mandatario dijo que nada es irreversible y, espontaneamente, con una leve sonrisa, exclamo: "Amanecerá y veremos...".

El miércoles, en efecto, amaneció muy temprano. A las 4 de la mañana dos hombres encapuchados entraron al cuarto entapetado de una finca situada a hora y media de Medellín y no les costó mucho leventar a las dos mujeres que dormían: Patricia Echavarría y su hija Diana, secuestradas por el cartel de Medellín, el 17 de diciembre, dos días despues de la muerte de El Mexicano.

La ventanita del cuarto estaba, como siempre, oculta por una cortina y todo estaba en tinieblas. Lo que ocurrió fue muy rapido. Les entregaron un paquete con hojas mimeografiadas, con la consigna de divulgarlas. Uno de los hombres le entregó a Patricia una almohada y un paquete de cosméticos, mientras Diana--segura ya de que estaba a las puertas del desenlace de su drama-recogió el libro que estaba leyendo, regaló de sus captores: Grito de Guerra, de León Uris.

Las dos mujeres fueron introducidas con cuidado en el vagón de una camioneta Luv y encerradas con candado. El vehículo comenzó su marcha, sin afanes.

Con el pertrecho que el general Bedoya había suministrado los editoriales de la prensa tambien llevaban su carga a esa hora de la madrugada.
El Tiempo expresaba su desacuerdo con "quienes creen en la posible buena fe de unas mentalidades infectadas por el vicio, el asesinato y el terrorismo más sanguinario" y El Espectador estimaba que era una manera "equivocada y equívoca la de creer que la paz se logra con pretextos de trato humanitario para los mas peligrosos enemigos de la humanidad".

Al márgen de la grandilocuencia ferrea de los comentaristas, la gente en la calle veía venir algo. En los medios políticos se presentía y el país en general estaba preparado para una respuesta.

Sin embargo sus alcances fueron más allá de las expectativas. Una vez más, a la hora del desayuno, y apenas 48 horas después del documento de Los Notables, los colombianos se sacudieron de nuevo: la respuesta de Los Extraditables estaba ahí.

La camioneta Luv parqueó frente a una tienda, en el significativo barrio Medellín sin Tugurios, una concentración de 700 casas construidas y entregadas gratuitamente a los basuriegos de la capital antioqueña, por Pablo Escobar, en 1985, su epoca dorada de político en potencia. Los dos jovenes que conducían bajaron tranquilamente, le pidieron al tendero que le echara un ojito al carro, y desaparecieron.

DE LA EUFORIA A LA RESERVA
Ya los periodistas, alertados por llamadas anónimas. estaban cerca.
Cuando llegaron y rompieron la cerradura del furgón aparecieron la señora Patricia y su hija Diana. Más cansadas que nerviosas, comenzaron a abrir la Caja de Pandora. La madre leyó a todas las cadenas radiales el documento de Los Extraditables en respuesta a Los Notables.
En medio de una retórica patriotera que a veces sonaba ridícula y a veces indignaba, por la condición de sus firmantes, fueron apareciendo las propuestas concretas de Los Extraditables. Aceptando que el Estado los había derrotado ofrecieron deponer las armas, dejar en libertad a los secuestrados en su poder, suspender el envío de drogas; entregar explosivos, laboratorios, rehenes y pistas clandestinas; no provocar más atentados ni ejecutar a más líderes políticos, funcionarios gremiales, gubernamentales y judiciales; periodistas, policías y militares.

Casi con euforia, todos los estamentos estimaron que el Estado había triunfado sobre el crimen organizado.
Sin embargo, la satisfacción tenia sus reservas. Los interrogantes no se hicieron esperar. Era un nuevo chantaje, cómo lo había advertido el general Bedoya? O se trataba de un sofisma de distracción ante la inflexible persecución de las Fuerzas Armadas? Era rendición total o el principio de una negociación? En fin, estaba Pablo Escobar ahora si dispuesto a cumplir su palabra?
El Tiempo reconoció que no se había imaginado una contra-bomba de tales alcance y magnitud, pero le pidió al gobierno mantenerse cauteloso y no descartar que el planteamiento de los narcos se convirtiera en un Caballo de Troya.

La gran duda que persistió hasta el viernes fue en torno de la actitud que asumiría el gobierno nacional con semejante papa caliente entre la boca.
Ese día la despejó con una declaración presidencial que pretendía, al mismo tiempo, responder, sin confesarlo al documento de Los Extraditables y borrar la sensación de contradicción que habían dejado en la opinión las declaraciones improvisadas de los funcionarios militares y civiles.

Sin cambiar su posición de no negociar con el narcotráfico, ni ceder en su lucha contra el terrorismo, la declaración presidencial deja abierta la puerta para que los capos procedan a cumplir sus promesas, al afirmar que los acusados gozarán de las garantías legales y constitucionales. En el fondo, el documento decía todo y no decia nada. Pero cumplió su función.

Enteramente radical, en cambio, se expreso el presidente George Bush, de los Estados Unidos. Segun dijo en Washington, los narcotraficantes "conmigo tienen un problema de credibilidad ".

Seguramente, nunca se imaginó que tendría respuesta inmediata. El mismo día que se publicó la frase de Bush, Los Extraditables dejaron en libertad a Roberto Mauricio Toro, hijo de uno de los dueños de la cadena de Almacenes Exito, con un mensaje que le tocó aprenderse de memoria para el presidente norteamericano: "Si no creen en la palabra de los narcotraficantes, entonces por que negocian con ellos, y por que los ponen a atestiguar en contra de otros sindicados".

La liberación de Toro cayó como una prueba mas de la decisión de los narcotraficantes. Y no sería la última..
El viernes, otro secuestrado, Luis Carlos Vargas, copropietario de la Galería de Arte Duque Vargas y comisionista de la Bolsa de Valores de Medellin, fue dejado en libertad, también en Medellín, "como un gesto para que el gobierno y las gentes crean en la buena voluntad de los narcotraficantes" segun declaró.

Al terminar la semana, nadie podía negar que en el país se respiraba una sensación de alivio contenido. Aunque muchos insisten en que "de eso tan bueno no dan tanto", hasta los más fanáticos partidarios de la guerra sin cuartel reconocen que vale la pena esperar.

Ciertamente, la palabra de quienes durante los últimos diez años no han hecho mas que delinquir, no es la mejor poliza de seguro para garantizar la paz. Pero, como alguien dijo para justificar la esperanza: "cualquier vance que se logre, es mejor que la situación anterior...".

EDICIÓN 1879

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