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| 11/1/1982 12:00:00 AM

"BY-PASS" PARA LA COMISION

Precaria la salud política de la Comisión de Paz como consecuencia del retiro de Carlos Lleras.

"BY-PASS" PARA LA COMISION "BY-PASS" PARA LA COMISION
No habían terminado los colombianos de enterarse de que el Mundial de Fútbol no se haría en Colombia, cuando tuvieron que empezar a preocuparse por la suerte del proyecto de amnistía. La apertura política. que en medio de bombo y platillos se había iniciado en la Cumbre en el ministerio de Gobierno hace apenas quince días, durante la semana pasada fue tropezando, día tras día con obstáculos de envergadura. Entre ellos, los más notorios fueron, de un lado el marginamiento de Carlos Lleras de la Comisión de Paz, y de otro, la exclusión de la Cumbre del representante del M-19.
El expresidente Lleras anunció su retiro de la Comisión aduciendo motivos de salud. Oficialmente, según su carta al presidente Betancur, sus médicos le habrían ordenado un riguroso reposo que lo obligaría a suspender por el momento sus actividades como presidente de la Comisión. Aunque Lleras puntualizaba el carácter transitorio de su decisión y se expresaba en términos de respaldo al gobierno, estas aclaraciones no fueron suficientes para impedir que se desatara una ola de conjeturas y rumores sobre las verdaderas causas. Era a todas luces inevitable que una comunicación pública de esta naturaleza tuviera un impacto sicológico negativo sobre la opinión pública en relación con la efectividad de la Comisión. ¿Cuál era entonces la necesidad de oficializar el retiro, si una ausencia temporal por motivos de salud no hubiera tenido connotaciones políticas?
Vulnerable desde su nacimiento por su heterogeneidad y su numerosa composición, la comisión había adquirido legitimidad gracias al prestigio del expresidente, y su marginamiento de ésta la dejaba en condiciones precarias. Si a esto se le agrega la renuncia previa de doña Nydia Quintero de Turbay, la representatividad, por lo menos en términos de jefes naturales del liberalismo, quedaba menos clara.
Aunque nadie las expuso con precisión, se rumoró la existencia de razones políticas detrás de todo esto. Las claras diferencias en materia de política internacional entre Lleras y el gobierno, puntualizadas en "Nueva Frontera" tres días antes del retiro (ver artículo "El clavo ardiente") obviamente no eran razón suficiente. Tampoco parecían razón de peso las diferencias de opinión en materia económica.
Mayor credibilidad tenían las versiones en torno a la disparidad de criterios sobre el manejo de la paz. Como de los tres proyectos de amnistía presentados al Congreso el gobierno se inclinó abiertamente por el del senador Molina, se especuló que el expresidente no habría visto con buenos ojos el que se hubiera dejado de lado el proyecto presentado por Jaime Castro y otros senadores liberales, que se basaba en las propuestas del propio Lleras en la antigua comisión de paz. En este sentido, no faltaron quienes recordaron cómo, en la oportunidad anterior, el temperamento del expresidente le llevó a retirarse cuando no fue aceptada su propuesta de amnistía.

DOS A FALTA DE UNO
Aún cuando trascendió menos, el retiro de Ramiro Lucio de la cumbre también dio lugar a la incertidumbre. En el momento en que el ministro de gobierno adujo que el representante del M-19 no podía estar presente porque el suyo era un grupo "que no ha depuesto las armas y no ha sido legalizado", lo que hacía era poner fin a la situación altamente irregular que había creado él mismo a la primera reunión de la Cumbre. En efecto, en esa oportunidad de repente se encontraron sentados cara a cara, en una misma mesa, los representantes del gobierno, de los partidos tradicionales y de dos organizaciones armadas a las cuales se les daba tratamiento de igualdad: El ejército de Colombia y un grupo considerado al margen de la ley, el M-19. El hecho trajo repercusiones inmediatas. Tanto los militares como Germán Zea, representante del partido liberal, y Omar Yepes, representante del partido conservador señalaron la variedad de implicaciones que esto tenía y exigieron su rectificación.
Lo atípico de la situación pareció tan patente que hasta el propio M-19 disimuló el incidente del retiro y lo aceptó tácticamente, sin que por ello rompiera el diálogo.
El otro obstáculo que se presentó en relación con el M-19, aunque también se superó rápidamente, fue más difícil y menos folklórico que el primero.
SEMANA supo de fuentes autorizadas que el propio Bateman estuvo a punto de romper el diálogo cuando el presidente, en carta al Congreso, excluyó expresamente los delitos atroces. Este impase quedó superado en menos de 24 horas, cuando el gobierno precisó que sólo consideraba como "delito atroz" el homicidio fuera de combate. Tras esta aclaración, el M-19 pareció recobrar la calma, hasta el punto de restarle toda trascendencia al incidente de la exclusión de Lucio.

FORCEJEOS
Lo que pudo aparecer como un obstáculo adicional, el forcejeo de algunos congresistas liberales frente a los ministros de Justicia y Gobierno echando mano de sutilezas jurídicas, resultó no ser más que una escaramuza parlamentaria contra el gobierno, que finalmente no pasó a mayores.
Un hecho que sí parece enrarecer el clima es el de que la búsqueda de la paz no se ha logrado acompañar con un "alto al fuego". Lejos de haber tregua mientras duran las negociaciones--lo cual hubiera sido visto por la opinión pública partidaria de la amnistía como un síntoma alentador--se ha percibido en estos días un ambiente beligerante. Lo creó el M-19 con su atentado a la embajada israelí. Lo caldeó el ministro Landazábal, en su gira por el Caquetá, cuando omitió pronunciarse sobre la amnistía y enfatizó en cambio en la "acción permanente" que debe mantener el ejército contra la guerrilla.
El MAS, por su parte, en lo que ha sido considerado como saboteo a la amnistía, reanudó su ofensiva de amenazas contra periodistas, abogados y otras personalidades a quienes acusó de fomentar la subversión armada. Fue aún más allá reivindicando el asesinato de una concejal del partido comunista, confirmando así el temor de algunos sectores de que esta organización busque convertir en letra muerta cualquier amnistía "ajusticiando" por cuenta propia a quienes siga considerando "culpables".

LA MANZANA DE LA DISCORDIA
Por último, sigue pesando la falta de acuerdo sobre los llamados"delitos conexos". Estas son las dos palabras que en la actual discusión amenazan con monopolizar la atención de la opinión pública de la misma manera que un par de meses atrás, durante la discusión del artículo 120, lo hicieran los términos "adecuado y equitativo".
Las interpretaciones en vez de disminuir aumentan. Un jerarca de la iglesia solicitó que fueran incluidas entre los delitos atroces las recientes estafas a los ahorradores. "El Siglo" ilustró lo sibilino del debate llamando la atención sobre la dificultad de establecer el grado de atrocidad de sacar el ojo a un niño. Mucha tinta correrá sobre el tema antes de que las dos partes lleguen a un acuerdo. El debate apenas comienza.

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