Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/4/2000 12:00:00 AM

Cambio de guardia

Ante la cruenta ofensiva de la guerrilla contra los puestos de Policía, el gobierno diseña una nueva estrategia para protegerlos.

Cambio de guardia, Sección Nación, edición 953, Sep  4 2000 Cambio de guardia
Hasta hace algún tiempo el cuadro de los pueblos del país estaba compuesto por la iglesia, la Alcaldía, la sede de la Caja Agraria y el puesto de Policía. De estos cuatro elementos que hacían parte del paisaje los primeros en desaparecer fueron las sedes de la entidad crediticia por problemas económicos. Ahora el turno les correspondió a las estaciones de Policía. La razón es tan simple como macabra: los pueblos se están quedando sin policía por cuenta de los sangrientos ataques terroristas de la guerrilla.

De acuerdo con estadísticas de los organismos de seguridad, en la actualidad hay 195 pueblos en los cuales no hay estaciones de Policía. La mayoría de estas poblaciones se han tenido que resignar a perder los comandos policiales debido al ataque de los grupos subversivos, los que han intensificado sus acciones en las últimas semanas. En lo que va corrido de este año ya son 52 las guarniciones agredidas por los insurgentes. La acción más reciente ocurrió el pasado 29 de julio en Arboledas (Caldas), donde murieron 14 agentes. El ataque fue realizado por las Farc. (Ver recuadros).

Las razones para que la Policía haya llegado a esta situación son varias y muy complejas. Para empezar no se puede desconocer que la propia dinámica del conflicto llevó a la institución a cumplir funciones distintas a las establecidas en la Constitución, deformando con ello su misma naturaleza. En efecto, el artículo 218 de la Carta define a la Policía como un cuerpo armado de naturaleza civil, cuyo fin primordial es el mantenimiento de las condiciones necesarias para el ejercicio de los derechos y libertades públicas.

Sin embargo, la naturaleza civil de la Policía se vio alterada por el escalamiento del conflicto y el crecimiento desbordado del narcotráfico. Ante el incremento del tráfico de drogas, a comienzos de la década de los 90, el gobierno se vio precisado a crear la llamada Policía Antinarcóticos, una división dentro de la institución cuya tarea es combatir a los narcotraficantes, labor que ha realizado con mucho éxito.

Pero como era de esperarse el nuevo departamento de la Policía terminó involucrado en el conflicto armado, no tanto por enfrentar a la guerrilla, sino porque ésta actuaba en zonas del país donde prevalece el negocio del narcotráfico y en algunas ocasiones se lucra del mismo. De esta manera la Policía se convirtió no sólo en el protector del pueblo, sino en el enemigo número uno de los guerrilleros y narcotraficantes. “Eso hizo que la Policía terminara comprando una pelea que no le correspondía”, dijo a SEMANA un analista de seguridad nacional.

Para varios expertos en la materia el hecho de ampliar su radio de acción y de paso involucrarse en actividades distintas a las contempladas en la Constitución ha llevado a una desnaturalización paulatina de la Policía, hasta el punto que hoy estaría cumpliendo más funciones represivas que preventivas y correctivas.

El enfoque dado a la institución en los últimos años ha resultado —a juicio de los analistas— bastante costoso, puesto que le ha generado resistencia en un sector de la población que preferiría ver a los uniformados en actividades más civiles que de cuerpo armado.

Aunque la desconfianza en algunas poblaciones hacia miembros de la institución es la excepción y no la regla, hay hechos que han llamado la atención del gobierno y es por ello que ha diseñado una nueva estrategia para hacer frente a los ataques guerrilleros. Uno de esos hechos lo vivió un funcionario de la Casa de Nariño luego de visitar un pueblo arrasado por la subversión. “Cuando me acerqué para preguntarle a uno de los agentes heridos en qué momento se enteró de un posible ataque guerrillero el uniformado me contestó: ‘cuando sentí el primer cilindrazo”, declaró a esta revista el funcionario.

En otras circunstancias —afirmó la fuente— la misma población hubiera advertido a la Policía sobre el ataque y muy seguramente les habría permitido a los agentes hacer frente a la ofensiva con mejores resultados. Para los analistas el haber perdido en algunos municipios la solidaridad de la población ha llevado a la institución a ser vulnerable a las acciones terroristas. “El replanteamiento tiene que ser de fondo. Lo que se ha venido haciendo no ha dado resultado. Hay que pensar en nuevas formas de vigilancia en los pueblos donde se involucre a la población, como policías municipales o departamentales”, dice Alfredo Rangel, analista en temas de seguridad.

No se puede desconocer que hoy por hoy —desde el punto de vista de estrategia militar— no tiene sentido seguir manteniendo los cuarteles de la Policía para que sean un blanco fácil de las acciones insurgentes. “Aunque suene demasiado crudo y hasta cínico es claro que la guerrilla al atacar el puesto de Policía está atacando al Estado, ya que en esos lugares el Estado está simbolizado por las instituciones, entre ellas la Policía. En estricto sentido ese es un acto de guerra”, dijo a SEMANA un magistrado de la Corte Suprema de Justicia.



La nueva estrategia

El reto impuesto al gobierno por los actos terroristas de los grupos guerrilleros a la Policía es bastante complejo. ¿Cómo hacer para ayudar a la población sin que ello signifique poner en riesgo la vida de los agentes y la de los habitantes del municipio? La respuesta a este cuestionamiento no es fácil, entre otras cosas porque una de las características de la Policía es precisamente la de permanecer de forma estacionaria en las poblaciones, a diferencia del Ejército cuya principal cualidad es la movilidad de las tropas.

No obstante, los ataques de los grupos subversivos ha dejado en evidencia que la presencia de los agentes en la plaza del pueblo no garantiza ni su seguridad ni la de los habitantes. Por el contrario, convierte a los uniformados en blanco fácil y pone en peligro la vida de los pobladores. “Dejar a los agentes en los pueblos es ponerlos de carne de cañón”, dijo un asesor de seguridad del gobierno.

Ante esta situación el Ministerio de Defensa ha diseñado una estrategia que le permite a la Policía mayor capacidad de defensa, más poder de agrupamiento, mejor capacidad de reacción y —sobre todo— más movilidad. De acuerdo con los análisis del Ministerio 50 ó 70 agentes muy bien armados —que conformarían las nuevas estaciones de Policía— son mucho más efectivos que 10 ó 15 acuartelados en una estación esperando el bombardeo de los cilindros.

Las nuevas estaciones estarían ubicadas a la salida del pueblo y no en la plaza principal. Y a diferencia de los actuales puestos, que sólo responden por la seguridad de un municipio, las nuevas estaciones tendrían un radio de acción de cinco a siete poblaciones. Tendrán, además, mayor seguridad perimetral, varios cordones de seguridad, facilidad para transportar refuerzos y evacuar heridos, redes eléctricas, obstáculos de alambradas, campos minados señalados y un muro de arena para neutralizar el efecto terrorista del cilindro de gas. “Esa estampa del cuartel de Policía al pie de la iglesia está a punto de desaparecer”, dijo a SEMANA un funcionario del gobierno.

Pero hay un elemento adicional que pesó a la hora del gobierno tomar la decisión: los costos. En efecto, las nuevas estaciones de Policía tendrían un costo aproximado de 250 millones de pesos cada una, cifra que está muy por debajo del valor que tendría la reconstrucción de un puesto de Policía destruido por la guerrilla, el cual está calculado en 1.200 millones de pesos cada uno. Según los estimativos del Ministerio de Defensa, la reconstrucción de todas las estaciones costaría cerca de 50.000 millones de pesos.

La estrategia está complementada con mayores recursos para labores de inteligencia —el talón de Aquiles de los organismos de seguridad— para poder actuar antes de que se produzca el ataque y no después, cuando es muy poco lo que queda por hacer.

¿Qué tan efectiva resultará la nueva estrategia? El gobierno considera que el plan diseñado le permitirá a la Policía reducir de manera significativa los riesgos actuales y contribuirá para alejar a la población civil de la acción terrorista de los grupos guerrilleros. De otra parte, al darle mayor capacidad de reacción a los agentes permitirá un mayor equilibrio de fuerzas a la hora del combate. De cualquier manera, y aunque todavía están por verse los resultados de la nueva estrategia, lo único que no podía permitir el Estado es que a los agentes de la Policía los siguieran masacrando a mansalva en los cuarteles sin que tuvieran el derecho a defenderse.

EDICIÓN 1874

PORTADA

La orquesta del Titanic

Para tomar decisiones en el Consejo Nacional Electoral son necesarios 6 de los 9 votos. Cinco de esos votos ya están listos contra la posibilidad de que exista una candidatura viable de centro. La determinación del Consejo Nacional Electoral no será jurídica, sino exclusivamente política.

Les informamos a todos nuestros lectores que el contenido de nuestra revista impresa en nuestro sitio web será exclusivo para suscriptores.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com