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| 10/30/1989 12:00:00 AM

CARTA ABIERTA DE FRIEDMAN

En mensaje público a William Bennet, el zar norteamericano de las drogas, Milton Friedman, Nobel de Economía, pide la legalización de los estupefacientes. SEMANA reproduce la misiva.

CARTA ABIERTA DE FRIEDMAN CARTA ABIERTA DE FRIEDMAN
Mi querido Bill:
En las elocuentes palabras de Cromwell, "yo le suplico, por las entrañas de Cristo, pensar que es posible que esté equivocado", acerca del rumbo que usted y el presidente Bush nos piden adoptar para luchar contra las drogas. La ruta de más policía, más cárceles, uso de los militares en países extranjeros, duras penas para los usuarios de drogas, y todo un rango de medidas represivas pueden sólo empeorar una situación mala. La guerra contra las drogas no puede ser ganada con esas tácticas sin disminuir la libertad humana e individual que usted y yo apreciamos.

Usted no está equivocado al creer que las drogas son un flagelo que está devastando nuestra sociedad. Usted no está equivocado al creer que las drogas están desgarrando nuestra sociedad, arruinando las vidas de mucha gente joven e imponiendo altos costos entre los más desaventajados entre nosotros.
Usted no está equivocado al creer que la mayoría del público comparte su preocupación. En breve, usted no está equivocado en el fin que persigue.

Su error es fallar al reconocer que las mismas medidas que usted favorece son una gran fuente de los pecados que usted lamenta. Por supuesto que el problema es la demanda, pero no es solamente demanda, es demanda que debe operar a través de canales ilegales y reprimidos. La ilegalidad crea utilidades obscenas que financian las tácticas asesinas de los señores de la droga; la ilegalidad lleva a la corrupción de los funcionarios que aplican la ley; la ilegalidad monopoliza los esfuerzos de las fuerzas honestas de la ley, de tal manera que estas se quedan sin recursos para luchar contra delitos más simples, como atracos, robos y asaltos.

Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero al criminalizar su uso este se convierte en un desastre para la sociedad, para los usuarios y los no usuarios. Nuestra experiencia con la prohibición de drogas es una repetición de nuestra experiencia con la prohibición de bebidas alcohólicas.

Anexo extractos de una columna que escribí en 1972 sobre el tema "Prohibición y drogas". El mayor problema, entonces, era la heroína de Marsella; hoy es la cocaína de América Latina. Hoy, también, el problema es mucho más serio de lo que era hace 17 años: más adictos, más víctimas inocentes; más vendedores de droga, más funcionarios para aplicar la ley; más dinero gastado para hacer cumplir la prohibición, más dinero gastado para darle vuelta a la prohibición.

Si las drogas hubiesen sido legalizadas hace 17 años, el crack nunca hubiera sido inventado (fue inventado porque el alto costo de las drogas ilegales hizo que fuera negocio proveer una versión más barata) y hoy habría mucho menos adictos. Las vidas de miles, quizás cientos de miles de víctimas inocentes habrían sido salvadas, y no solamente en Estados Unidos. Los ghettos de nuestras principales ciudades no estarían infestados de drogas en una tierra de nadie. Menos gente estaría en la cárcel y menos cárceles hubieran sido construidas.

Colombia, Bolivia y Perú no estarían sufriendo del narcoterror y nosotros no estaríamos cambiando nuestra política exterior debido al narcoterror. El infierno no estaría, en las palabras (del predicador) Billy Sunday, "alquilado por siempre", pero estaría más vacío.

Despenalizar las drogas es todavía más urgente ahora que en 1972, pero debemos reconocer que el daño hecho en el intermedio no será eliminado, no inmediatamente. Aplazar la despenalización solamente haría las cosas peor y hacer que el problema aparezca aún más inmanejable.
El alcohol y el tabaco causan muchas más muertes en sus usuarios que las drogas. La despenalización no nos evitaría tratar a las drogas como ahora tratamos al alcohol y al tabaco: prohibiendo ventas de drogas a menores de edad, la publicidad de las drogas y medidas similares. Tales medidas podrían ser aplicadas, mientras la prohibición no. Más aún, si una pequeña fracción del dinero que ahora gastamos tratando de aplicar la prohibición fuera dedicada al tratamiento y la rehabilitación, en una atmósfera de compasión y no de castigo, la reducción en el uso de drogas y en el dar o hecho a los usuarios podría ser dramática.

Esta petición viene desde el fondo de mi corazón. A todo amigo de la libertad, y yo sé que usted es uno, le debe repugnar el prospecto de convertir a Estados Unidos en un campo armado, por la visión de cárceles llenas de usuarios ocasionales de drogas y (por la perspectiva) de un ejército de (funcionarios) con el poder de invadir la libertad de los ciudadanos basados en escasa evidencia. Un país en el que derribar un avión no identificado "bajo sospecha" puede ser considerado seriamente como una táctica de guerra, no es la clase de Estados Unidos que usted o yo deseamos entregarle a las futuras generaciones.--

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