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| 11/18/2019 8:12:00 PM

“Yo confié en que ese pedido de perdón era sincero”: víctima de alias Iguano, excomandante paramilitar

Luego de publicar un mensaje en Twitter sobre el daño que le había hecho Jorge Iván Laverde, comandante del del bloque Catatumbo, Claudia Yurley Quintero recibió un video en el que él le pedía disculpas. SEMANA habló con ella para conocer su historia y esa experiencia de reconciliación.

Claudia Yurley Quintero aceptó disculpas del paramilitar Jorge Iván Laverde, alias Iguano Claudia está junto a su hija Zurysaday, de 16 años, en un taller de género. Ambas trabajan por los derechos de las mujeres víctimas de explotación sexual. Foto: Cortesía Claudia Quintero

Jorge Iván Laverde fue quien destruyó mi vida. Aún la pego a pedacitos y me he reconstruido, me siento bien que le aporté a la paz”. Este fue el mensaje que escribió Claudia Yurley Quintero en su cuenta de Twitter, antes de salir a compartir con sus amigos a un karaoke en la noche del sábado 16 de noviembre.

Al otro día su muro estaba repleto de notificaciones que le indicaban que su victimario había leído esas palabras y que había enviado un video de vuelta para pedirle perdón. En la grabación estaba Laverde o alias Iguano, excomandante del bloque Catatumbo de las AUC, sentado en una banca roja, vestido con un jean y una camiseta blanca, diciéndole a Claudia lo mucho que sentía haber causado tanto daño a su familia por su accionar "irresponsable e injustificado”.

Con sus manos, en señal de súplica, Laverde le pidió perdón a esta mujer por haber hecho “trizas su vida” en la época en que el bloque paramilitar dominaba en la capital de Norte de Santander, más o menos hacia 1999. El hombre pidió verla, y si era posible, darle un abrazo para sellar ese capítulo doloroso del conflicto armado. Un acto que Claudia no esperaba que él tuviera después de tantos años y mucho menos, que se convirtiera en una reacción viral durante el fin de semana.

El intercambio de mensajes surgió a raíz de un documento que publicó la Comisión de la Verdad, donde los desmovilizados de las autodefensas hicieron un pacto por la paz y la reconciliación con sus víctimas. Del acto quedó una fotografía que Claudia vio y en la que le pareció identificar a Laverde. Ella dice que tuvo una sensación inexplicable, que no era odio, rencor o alegría, sino tal vez una mezcla de todas esas emociones. Para confirmar sus sospechas decidió revisar el documento y así saber si el exparamilitar estaba entre los firmantes.

"En mi corazón deseaba que la firma de él estuviera ahí porque eso significa que él está comprometiéndose en construir la paz", dice Claudia. 

Al darse cuenta de que la firma de Laverde estaba plasmada en el papel, la cucuteña publicó aquel mensaje antes de salir de fiesta como un “ejercicio necesario” que adelantan quienes le apuestan a sanar las heridas del conflicto.

Debido a esa publicación, el exparamilitar se armó de valor para enviar, a través de un antiguo compañero de armas, el video que llegó a oídos de Claudia el domingo por la mañana. 

“Tomó esa decisión de aprovechar que la vida nos puso de frente de nuevo para mostrar que él está construyendo paz. Yo siempre confío en la gente y confié en que ese pedido de perdón era sincero", señala la activista social.

Claudia dejó el dolor a un lado y grabó un video recién levantada y en pijama para decirle a Laverde que ya le había dado ese perdón hace muchos años, pero que ahora lo hacía públicamente para que él lo supiera. “Hermano siga construyendo paz, no hay otra salida y si mi perdón lo sana, sánese”, le dijo.

Claudia fue víctima de violencia de género. Vivió el hostigamiento, el desplazamiento y tuvo que padecer la zozobra de creer que su padre había muerto en la masacre de La Gabarra en Tibú, cuando cientos de paramilitares ingresaron al corregimiento y asesinaron a más de una docena de habitantes señalados de ser supuestos colaboradores de la guerrilla. Pero aun así, ella dice que logró perdonar a los victimarios a partir de la empatía. Un ejercicio en el que entendió que muchos de esos hombres también fueron víctimas de la guerra desde muy pequeños. Aunque no justifica su comportamiento, logró verlos como seres humanos que están en camino a enmendar sus errores.

Claudia califica el mensaje de Laverde como “un reconocimiento al dolor y al sufrimiento para poder sanar" y explica que, aunque se “desconectó de justicia y paz en el año 2006”, hizo su proceso de perdonar a los paramilitares "por salud mental, salud física y amor propio".

Ella no siente odio, pero aclara que tampoco está preparada para hablar telefónicamente o ver a Laverde en persona. Sigue reconstruyendo su vida a diario porque dice que lo que vino después del desplazamiento -al quedar desprotegida en Bogotá y vivir en las calles del Bronx- fue más duro que el mismo conflicto. Su experiencia le sirvió para conformar la corporación Anne Frank y darles voz a las mujeres vulneradas en sus derechos o que han sufrido de explotación sexual y desplazamiento.

"Sanar no es fácil, pero es necesario recoger todos esos pedacitos y unirlos. El odio no construye, enferma el alma”, afirma. Jamás pensó que el video de reconciliación fuera a tener tanta trascendencia. Dice que esa publicación le demostró que en Colombia hay una generación de paz y tan solo tiene un mensaje final para quien alguna vez la lastimó: "Yo deseo que Jorge Iván Laverde tenga éxito en sus proyectos y me gustaría que trabajara por los jóvenes que están siendo reclutados por los grupos armados".

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